La fatalidad nos persigue y también al actual presidente de gobierno: tuvimos la pandemia del Covid, hace poco más de un año la catastrófica dana de Valencia, seguida este año de numerosos temporales y borrascas que han causado varias víctimas y elevados daños materiales y para rematar varios accidentes ferroviarios, en el más grave de los cuales en Adamuz, intervinieron dos trenes de alta velocidad. Sin duda parece una maldición todas estas catástrofes, pero los medios de comunicación lo han aprovechado para hacer su agosto porque están convencidos de que lo que la gente quiere es información detallada y continua sobre cada suceso y eso es lo que tratan de suministrarnos, guste o no guste. Además, es un auténtico filón para ellos, casi inagotable en cantidad y extensión.
Ya ocurrió con la dana y sus implicaciones políticas, que permitió acaparar los medios de comunicación a pesar del tiempo transcurrido, porque para remate, la actuación calamitosa de los responsables políticos del PP en el lugar donde ocurrió, responsabilidad indiscutible en el número de fallecidos, que llegó a los 230 y una serie de procedimientos judiciales inacabables, con mentiras diarias de los responsables de que aquello llegará a la gravedad que tuvo.
Hace pocos días se produjo el accidente de tren de Adamuz y desde entonces prensa y televisión intentan saturarnos con detalles excesivos y hasta morbosos, compitiendo unos con otros en osadía y hay periodistas extranjeros que llegan a saltarse las barreras colocadas en el espacio en que es necesario investigar, para conseguir una imagen más impactante y novedosa.
Podría pensarse que Trump ha dejado de decir y cometer disparates y que el planeta es una balsa de tranquilidad, el accidente ferroviario llena y rellena espacios informativos, de debate y hasta de cotilleo, con gran contento de los políticos de la oposición, que encuentran en esta desgracia una oportunidad para ganar votos y la aprovechan dando énfasis a cualquier detalle de la catástrofe y llegando siempre a la misma conclusión: el gobierno entero debe dimitir. Como piden cada día de manera cansina, haya o no un motivo o excusa.
Lo cierto es que, en un accidente de esas características, se tarda en diagnosticar con acierto las causas, pero la oposición tiene la clave de todo y exige información detallada y, por descontado, la comparecencia del presidente del gobierno que, inevitablemente, en este momento sabe poco más que cualquier ciudadano.
Como es natural, no hay documento gráfico para llenar tanta dedicación y se aburre al ciudadano con la repetición de escenas que parecen fundamentales en esta información, así que yo he podido ver la misma escena de un perro paseando por el interior de un vagón accidentado, con unas naranjas esparcidas por el suelo, calculo que unas doce veces, y hay que tener en cuenta mi hastío a tanta información no deseada.
No podía faltar la bronca por la sede del funeral-homenaje por las víctimas, en su gran mayoría nacidos o residentes en la provincia de Huelva. En esa ciudad se ha acordado celebrarlo con la presencia del rey, del presidente de gobierno y del presidente de la comunidad autónoma de Andalucía, donde ha tenido lugar el accidente. Inmediatamente la presidenta de Madrid, de ultraderecha, intenta despreciar ese funeral, porque ella considera mejor hacerlo en la capital.
Mientras, Trump intenta cargarse la ONU con esa Junta de Paz suya y de sus cómplices.
