23 febrero 2026

Modas

Estaba mirando la funda de un disco de vinilo en cuya portada aparecía Ella Fitzgerald acompañada de Nelson Riddle que eran, como cabía esperar, los intérpretes de la grabación. Me llamaba la atención el peinado de ella, con el cabello cardado hasta suponer un auténtico pastelón sobre su cabeza, igualito al que en los años 60 llevaba mi hermana y todas las muchachitas que se peinaban siguiendo la moda del momento, Me vino a la cabeza lo que la moda significa, en especial cuando se es joven.

Digo eso de joven porque a mi edad me importa poco lo que otros decidan que hay que llevar, es más, en ocasiones llegan a horrorizarme como esos pantalones llamados 'pitillo' que luce el presidente actual de mi país, hasta el punto de hacer tambalearse mi propósito de votarle: alguien que se pone “eso” no podría ser buena persona. En fin, puede más la ideología pese a todo…

El caso es que como tengo muchísimos años he visto pasar muchísimas modas y afortunadamente ha ido menguando mi interés por ellas hasta el punto de que ahora me parece de mentecato hacer o llevar algo determinado porque así lo exige la moda. He ido seleccionando lo que me parecía más oportuno y lo que me resultaba más cómodo y así he llegado a ese estilo que presentan los mayores que se cuidan convenientemente.

Miro a mi hijo y me asombro de cómo dos personas próximas pueden ser tan diferentes. Desde que me jubilé abandoné el traje y la corbata (pese a que la corbata me gusta mucho) y voy vestido al modo que en España llamamos de sport, palabra del inglés que no está recogida en el diccionario de nuestra lengua, es decir, pantalón normal o de pana en invierno, camisa normal, un jersey, normalmente fino y el correspondiente abrigo si hace frío. En verano un pantalón que sea fresco y una camisa de manga corta pese a que ahora no está de moda la manga corta. Allá ellos.

Mi hijo viste como si fuera de camping o a coger coquinas (almejas) a la playa, es decir, camiseta frecuentemente con un lema o la imagen de algo y encima una camisa que usa a modo de chaqueta, según gustan los de su generación y posteriores. El pantalón es con frecuencia de tipo que llaman 'pirata', supongo que porque no llega hasta el zapato como debiera. Me asegura que todos en su oficina visten más o menos así. En resumen: para mí un cromo, por no decir mamarracho. Por eso cuando vamos a un restaurante o a un lugar de cierta formalidad le pido que vista más tradicional y, milagrosamente, me hace caso.  

Hay una moda que ya dura más de lo esperado y es el tatuaje. Soy radicalmente opuesto a pintarrajear el cuerpo como si fuera el baño de un bar de poca monta, sé que esas pinturas normalmente durarán toda la vida y me asombra esa inconsciencia con la que se adornan actualmente los artistas y deportistas, además de la gente corriente. Lo pagarán caro dentro de unas décadas cuando la tolerancia sobre ese asunto no sea como la actual. Me acuerdo de la actriz Melanie Griffith y sus sufrimientos para borrarse el brazo el tatuaje del nombre del que fue su amor.

Se me había olvidado mencionar la moda en relación al sexo femenino. Como no soy mujer, no es asunto que me incumba en exceso y entiendo que, sin pasarse, es lógico que la mujer esté más pendiente de lo que vaya dictando las modas. Por cierto, que mi pareja no se preocupa excesivamente de este asunto aunque yo le recomiendo no perderlo de vista. 

Hay por último una moda que me desconcierta: es de las mujeres y se trata de eso que llaman ‘transparencias’ o, lo que es lo mismo, mostrar todo lo que se posee. Coincide en el tiempo con denuncias de aumentos de abusos y de ahí mi desconcierto, no acabo de entender eso de exhibir lo que se dice querer proteger.

 

09 febrero 2026

¿Información o morbo?

Parece que todo se pone en contra y en España hemos tenido en los últimos tiempos una serie de catástrofes, naturales o no, que producen la sensación de que todo va mal.

La fatalidad nos persigue y también al actual presidente de gobierno: tuvimos la pandemia del Covid, hace poco más de un año la catastrófica dana de Valencia, seguida este año de numerosos temporales y borrascas que han causado varias víctimas y elevados daños materiales y para rematar varios accidentes ferroviarios, en el más grave de los cuales en Adamuz, intervinieron dos trenes de alta velocidad. Sin duda parece una maldición todas estas catástrofes, pero los medios de comunicación lo han aprovechado para hacer su agosto porque están convencidos de que lo que la gente quiere es información detallada y continua sobre cada suceso y eso es lo que tratan de suministrarnos, guste o no guste. Además, es un auténtico filón para ellos, casi inagotable en cantidad y extensión.

Ya ocurrió con la dana y sus implicaciones políticas, que permitió acaparar los medios de comunicación a pesar del tiempo transcurrido, porque para remate, la actuación calamitosa de los responsables políticos del PP en el lugar donde ocurrió, responsabilidad indiscutible en el número de fallecidos, que llegó a los 230 y una serie de procedimientos judiciales inacabables, con mentiras diarias de los responsables de que aquello llegará a la gravedad que tuvo.

Hace pocos días se produjo el accidente de tren de Adamuz y desde entonces prensa y televisión intentan saturarnos con detalles excesivos y hasta morbosos, compitiendo unos con otros en osadía y hay periodistas extranjeros que llegan a saltarse las barreras colocadas en el espacio en que es necesario investigar, para conseguir una imagen más impactante y novedosa.

Podría pensarse que Trump ha dejado de decir y cometer disparates y que el planeta es una balsa de tranquilidad, el accidente ferroviario llena y rellena espacios informativos, de debate y hasta de cotilleo, con gran contento de los políticos de la oposición, que encuentran en esta desgracia una oportunidad para ganar votos y la aprovechan dando énfasis a cualquier detalle de la catástrofe y llegando siempre a la misma conclusión: el gobierno entero debe dimitir. Como piden cada día de manera cansina, haya o no un motivo o excusa.

Lo cierto es que, en un accidente de esas características, se tarda en diagnosticar con acierto las causas, pero la oposición tiene la clave de todo y exige información detallada y, por descontado, la comparecencia del presidente del gobierno que, inevitablemente, en este momento sabe poco más que cualquier ciudadano.

Como es natural, no hay documento gráfico para llenar tanta dedicación y se aburre al ciudadano con la repetición de escenas que parecen fundamentales en esta información, así que yo he podido ver la misma escena de un perro paseando por el interior de un vagón accidentado, con unas naranjas esparcidas por el suelo, calculo que unas doce veces, y hay que tener en cuenta mi hastío a tanta información no deseada.

No podía faltar la bronca por la sede del funeral-homenaje por las víctimas, en su gran mayoría nacidos o residentes en la provincia de Huelva. En esa ciudad se ha acordado celebrarlo con la presencia del rey, del presidente de gobierno y del presidente de la comunidad autónoma de Andalucía, donde ha tenido lugar el accidente. Inmediatamente la presidenta de Madrid, de ultraderecha, intenta despreciar ese funeral, porque ella considera mejor hacerlo en la capital.

Una última cuestión: cuando encuentra un atasco producido por un accidente previo y todos los vehículos tienden a pararse para ver el accidente, ¿es información o morbo?  

Mientras, Trump intenta cargarse la ONU con esa Junta de Paz suya y de sus cómplices.