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28 mayo 2026

Sodoma y Gomorra

Muchos países disfrutan de algún  sambenito aplicado a sus naturales y España no es ni de lejos una excepción. En muchos sitios se asegura que el gran pecado de los españoles es la envidia, lo que evidencia que somos tan inútiles a la hora de diagnosticar como a la hora de hacer guerra psicológica. En mi modesto entender, el gran pecado de los españoles es la mala memoria, de ahí las omisiones y actitudes erróneas hacia los que más daño nos han hecho.

Aunque afortunadamente somos algunos los que no olvidamos que Inglaterra es nuestro enemigo de toda la vida, hay un vacío en la memoria que hace posible muchas de las cosas negativas que nos suceden.

Desde niño, me repitieron una y otra vez lo de Sodoma y Gomorra; en que el bueno de Job llegó a ofrecer a sus hijas a los asaltantes, para que hicieran lo que quisieran con ellas, en vez de entregar a sus visitantes varones, que eran sagrados. Dios decidió castigar a estas ciudades por sus pecados y le mandó abandonar la ciudad con su familia sin mirar atrás. Creo que todos sabemos lo que sucedió entonces y que la palabra sodomita definía algo reprobable.

Estoy leyendo un libro muy conocido y reconocido sobre la conquista de Méjico y son curiosas las recomendaciones que los conquistadores hacían apenas entraban en un nuevo territorio o población: lo principal era dejar de comer carne humana, de sus semejantes; después, rendir pleitesía al emperador Carlos, abandonar los ídolos y hacerse cristianos (sin imponer el cambio inmediato) y dejar de practicar la sodomía, algo muy extendido entonces por allí. 

En 1952, se reunieron un grupo de médicos y expertos de la OMS y decidieron que la homosexualidad era una desviación de la conducta normal y que era una patología psíquica. Posteriormente, en 1990, se reunieron los socios en asamblea general y decidieron que la homosexualidad no era una dolencia psiquiátrica. ¿Cabe elegir?

Desde entonces han ido subiendo posiciones incluso apoderándose en exclusiva de la palabra gay que hasta entonces significaba alegre y obligando a cambiar, entre otras, la letra de una canción de West Side Story, donde la protagonista aseguraba sentirse pretty y gay, es decir, bonita y alegre. También hay una película de Fred Astaire y Ginger Rogers titulada The Gay Divorcee (La alegre divorciada), que no tiene nada que ver con los homosexuales, de la que lamentablemente casi nadie se acuerda.

Desde entonces y no tan pausadamente como cabría esperar, la homosexualidad ha ido subiendo de categoría hasta el punto de considerarse una virtud y los heterosexuales presumen de su amistad con los que lo son. Incluso llega a ser una virtud que llega a transformarse en ventaja social. Recuerdo haber visto alguna película en las que sus protagonistas –en una de ellas arquitectos− fingen ser homosexuales para conseguir el triunfo social.

No es una novedad: todos sabemos de cantidad de presentadores de TV, actores, profesionales, etc. que han triunfado gracias a contar entre sus virtudes el ser, al menos aparentemente, homosexual y hoy en día confesarse de esa sexualidad e incluso bisexual, es un mérito sobresaliente.

Es inútil resistirse a esta marea. Quienes hasta hace poco se burlaban y esquivaban el trato con los que parecieran LGTB son hoy admiradores de todos ellos y hasta procuran arrimarse para ver si se les contagia esa capacidad de éxito. Se ha modificado el diccionario de la RAE y en la palabra homofobia, que antes era Aversión hacia la homosexualidad o las personas homosexuales, han añadido un adjetivo de manera que desde 2014 es Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales. Es decir, el homófobo es, por definición, un obseso.

En mi pandilla de hace años había un homosexual al que nadie prestaba atención por serlo y en mi oficina tenía algún compañero que lo era y tampoco recibía atención especial. Hoy serían homenajeados y tratados preferentemente por lo que son.

09 enero 2026

Breaking News

Antes de nada, quiero pedir disculpas por el titulito que no es más que un homenaje a todos los memos que están convencidos de que algo dicho en inglés pasa a ser necesariamente importante y trascendente.

Dicho esto, paso a aclarar que esta entrada va de las noticias que dominan las portadas de casi todos los diarios españoles, ocupando ellas solas nada menos que la mayoría del total y en ocasiones sobrepasan el 90% del espacio disponible. Por ejemplo, tenemos al Diario de Sevilla al que le parece normal que las coronaciones de vírgenes, consagraciones, quinarios, etc. dominen la portada. Conviene añadir que los otros diarios sevillanos son el ABC (sin comentarios) y El Correo de Andalucía fundado por un cardenal local hace más de un siglo. Aclaro que el primero de estos ha estado semanas ocupando su primera página con el trascendente recorrido por los barrios sevillanos del cristo del Gran Poder. Así están las cosas.

Posiblemente los españoles seamos esa mezcla de frivolidad e ignorancia que muestran los diarios, así que recomiendo iniciar la mañana con The Guardian que también anda en las mismas, pero al menos ayuda a aprender inglés.

El notable El País tiene en portada el titular Violencia sexual en la universidad: “Nos llegan violaciones entre ‘amigos’ que no se identifican como agresiones” lo que más o menos viene a decir que existen universitarios que violan a una compañera sin darse cuenta. Es verdad que el sexo no es lo que era o, al menos, no debe ser tan divertido como antes si se puede practicar sin darse cuenta. Sea como sea, El País vive ocupado con el sexo o al menos con sus desviaciones y por eso las noticias sobre cualquiera de las letras de LGTBIQWERTY suelen ocupar la portada. Por no hablar del feminismo, que le obsesiona hasta la locura. Ha olvidado completamente la línea editorial que hasta hace unos años tenía, aquella que atraía a todas las personas filosóficamente liberales.

Durante un tiempo, compraba el diario Público porque era de izquierdas y me complacía la manera en que abordaban la actualidad. Lamentablemente, eso no tuvo mucho éxito y al cabo de unos años se vieron obligados a cerrar la edición en papel, conservando solamente la edición digital, que nunca podrá sustituir a la otra y que se ve obligada a consagrarse a noticias de gran impacto, omitiendo por tanto el seguimiento de lo cotidiano que tanto importa. 

Recientemente se me ocurrió suscribirme a esa edición digital, pero me parecía normal ver antes cuál es la línea editorial actual y la manera de manifestarla. Fue imposible, porque ahora todas las webs ha tomado la bonita costumbre de que para acceder a ellas haya que permitir las cookies, lo que es una forma de permitir apropiarse de nuestros datos, o hay que suscribirse directamente. Llegué a escribir para decirles que no era lógico pretender que los lectores se suscribieran sin probar previamente el producto, pero me dijeron que lo pensarían y ahí terminó el intento. 

Llegué a suscribirme al diario digital elDiario.es pero duré pocos meses porque eran demasiado radicales para mi gusto y dedicaban sus esfuerzos a materias que para mí eran escasamente importantes o desagradables, así que opté por darme de baja y en esas continúo.

Me he paseado por diarios como El Periódico de Barcelona e incluso por otros de ideología contraria a mis principios como puede ser El Mundo o La Vanguardia, pero decididamente no quiero atizarme cada día una ración de disparates que posiblemente terminarían dañándome, pero que con seguridad me molestarían.

El resultado es que en estos momentos estoy suscrito a El País y me veo obligado a complementarlo con publicaciones de tan baja calidad como Diario de Sevilla o 20minutos, dos panfletos de escasa condición que, por estar abiertos a todo el público, no se molestan demasiado con lo que publican. Incluso el respeto a la gramática es con frecuencia escaso o nulo.


13 abril 2025

Una pesadilla llamada Trump

 Creo que fue en noviembre pasado cuando ya publiqué una entrada celebrando que Donald Trump había ganado las elecciones de EE.UU. Presagiaba catástrofes con la llegada de este empresario, pero no me podía imaginar que iba a atreverse a trastocar y cambiar las reglas por las que se rigen los países y en especial las de quienes se creían que trataban con un aliado de la Unión Europea, como hacía pensar una relación de más de 80 años; al fin y al cabo los americanos de EE.UU. no son más que una especie de europeos asilvestrados.

Lo reconozco: me cuesta escribir sobre este personaje y por eso he tenido esta entrada varios días sin tocar tras escribir el primer párrafo. Es desagradable que quien no merecería ni una segunda mirada acapare las portadas de los periódicos día tras día. Hay pocos insultos que queden por dirigirle y eso también recorta las posibilidades de hablar sobre él. ¿Se imaginan a Eisenhower o Carter o Kennedy cometiendo las fechorías que este lleva a cabo o haciendo los gestos de baile con que nos obsequia y que son frecuentemente imitados al menos por ese otro violento ególatra llamado Milei?

Todos sabíamos que el nuevo advenimiento de este iluminado nos traería dificultades  y seguramente muchos gobiernos ya se habían preparado, pero no creo que nadie se imaginara que presenciaríamos esa guerra de aranceles que más parece la chulería de un matón de patio de colegio que acciones políticas. Ni siquiera Reagan se hubiera atrevido a hacer lo que este hace, pero es que Trump es un ególatra infantiloide, irresponsable y falto de toda ética o principios al que lógicamente le importan muy poco las normas que los países se han dado desde hace mucho tiempo y en especial desde la 2ª G.M. 

Piensen en cualquier presidente de EE.UU. del pasado: ¿se lo imaginan diciendo que tras la imposición de los nuevos aranceles todos los dirigentes de otros países le “besan el culo”? Lo que además de muy mal gusto provoca en la mayoría un escalofrío de asco. Como la disposición que ha firmado para aumentar la presión de las conducciones de agua “porque así podrá cuidar mejor su hermoso cabello”, ¿no sienten esos escalofríos? 

Debe gruñir de satisfacción como un cerdo en un charco cuando piensa que tan solo unas palabras suyas, seguidas por esa inmensa cantidad de aduladores que lo rodean, han cambiado el funcionamiento del planeta sin que pueda vislumbrarse una solución o una marcha atrás, porque, por desgracia, el número de sus seguidores es elevado; hablamos de todos los ignorantes de los EE.UU. y países donde esperpentos como él han conseguido el poder. El único consuelo es que solo quedan cuatro años para que al menos no tengamos que verlo; eso si no consigue torcer la ley que prohíbe un tercer mandato a los presidentes, algo que vistas sus maneras napoleónicas no sería de extrañar.

Todavía recuerdo que en una visita que hice a Los Ángeles y mientras recorría los estudios Universal, el guía nos dijo con reverencia señalando un edificio, que allí era donde se cambiaba de ropa el ya desaparecido actor y presidente Reagan. ¿Qué dirán en años venideros a los que visiten Mar-A-Lago o la Trump Tower?

01 mayo 2024

Solamente nosotros: los legítimos dueños (y II)

No era lo único: menudeaban los broncos insultos a los que tan aficionado son en el PP y de momento lo apodaron “Falconeti” porque usaba el avión Falcon en el que desde Aznar se desplazaba el presidente del gobierno. Fue una cascada de apodos, insultos, difamaciones… nada era tabú para los dirigentes de la derecha que, poco a poco, se fueron envalentonando e inventando nuevas descalificaciones. Esto redundaba en el envalentonamiento paralelo de sus partidarios, que fueron adquiriendo suficiente atrevimiento como para agredir físicamente a cargos del PSOE y atacar sus sedes locales.  

En las últimas elecciones generales difundieron el lema “que te vote Txapote”, que era un antiguo dirigente de ETA, haciendo referencia con ello a sus acuerdos puntuales con Bildu, un partido legal con representantes en el Congreso de Diputados. En esas elecciones el PP sacó más votos que el PSOE, pero según nuestra Constitución el presidente de gobierno sería quien consiguiera más alianzas, con lo que de nuevo salió elegido presidente. La derecha se sentía con la miel en los labios, segura de ocupar la presidencia y aquello le pareció una fechoría sin nombre, así que de inmediato comenzaron una campaña de insultos y descalificaciones en las que destacó un tal Miguel Ángel Rodríguez a través de la presidenta de la Comunidad de Madrid, una extraviada ignorante y chulesca llamada Isabel Díaz Ayuso. Esta mujer fue oída y filmada cuando exclamó "qué hijo de puta" mientras escuchaba al presidente, precisamente en el Congreso de los Diputados, pero se le ocurrió hacer un chascarrillo afirmando que lo que había dicho era "me gusta la fruta" lo que fue acogido con simpatía y risas por sus correligionarios por su aguda picardía e incluso se repitió numerosas veces y se hicieron camisetas con la famosa frase. Muy ingeniosos.

Para esta mujer nada estaba fuera de lo permitido a la hora de atacar al presidente de Gobierno, algo que en ningún caso habría sido su atribución pues supuestamente quien debía dirigir los ataques al gobierno debería ser el llamado jefe de la oposición, pero este es poco imaginativo y bastante cobarde y permitió que ella ocupase su lugar en estos menesteres. 

Han practicado el acoso a la sede del PSOE en Madrid durante semanas, miles de personas con actitudes y eslóganes amenazantes y muñecos que representaban al presidente, golpeándolos con palos hasta destrozarlos. Esta gente, supuestamente "de orden", ha llegado a agredir numerosas veces a la policía que protegía la sede.

Así llegamos a nuestros días, en que el dirigente de un mal llamado ‘sindicato’ −¿dónde están los trabajadores ‘afiliados’?− de extrema derecha que ya había sido encarcelado por mentir, interpone una demanda contra la esposa de Pedro Sánchez acusándola de corrupta sin aportar prueba alguna y basándose, según sus propias declaraciones, en noticias y rumores que habían llegado hasta él. Ante esto y comprensiblemente, Pedro Sánchez arroja la toalla, suspende su agenda oficial y anuncia en carta dirigida a la ciudadanía que se toma cinco días (hasta el lunes 29 de abril) para decidir si deja la presidencia. El PP aprovecha para atacar también a su padre, su hermano y su suegro por presuntas corrupciones; por supuesto sin aportar ninguna prueba de lo que denuncian. Otra asociación de ultraderecha llamada Hazte Oír ha presentado una nueva denuncia también contra la esposa, al comprobar cómo afecta al presidente este tipo de acción. Mientras, el presidente del PP dice en televisión que hace falta un gobierno democrático, lo que supone afirmar que el actual no lo es.

Me parece improcedente la decisión, aunque entiendo la reacción, pues es difícil aguantar los ataques diarios sin terminar quebrándose. Mucho me temo que efectivamente abandone la presidencia este hombre, autor de un libro titulado "Manual de resistencia", al que por cierto yo no voté en las últimas elecciones, porque no me gustan algunas de sus decisiones y gestos, pero estoy dispuesto a volver a darle mi voto si las encuestas dan por ganadores a la derecha y extrema derecha aliados. Todo antes que colaborar a la llegada de los ineptos y rufianes de esos partidos.

25 abril 2024

Solamente nosotros: los legítimos dueños (I)

Tenemos encima la más que probable dimisión del presidente de gobierno, más que harto de lo que le ha tocado soportar desde que llegó al poder. Finalmente, los de siempre, tocan a rebato y organizan una campaña para intentar acabar con Pedro Sánchez atacando a todos los que le rodean en su círculo familiar.

¿Quedan dudas? La derecha hace un siglo que no consiente que gobierne la izquierda y si por una de esas cosas de la vida llega un presidente que no sea de su bandería, se intenta acabar con él acudiendo a los métodos que tengan a mano: la mentira, el insulto, la agresión a todo el que le apoye; lo que haga falta. La derecha se considera desde siempre la legítima propietaria del país y por tanto la única llamada a dirigirlo como sea. Así ha sido desde tiempo inmemorial.

En febrero de 1936 hubo elecciones que la derecha esperaba ganar aprovechando la inestabilidad social. Como no fue así, el mes de julio los milicos dieron un golpe de Estado, que supuso 40 años de reposo porque al fin y al cabo los suyos ocupaban el poder. Apenas murió el dictador empezaron de nuevo, atacando incluso a un hombre honrado, Adolfo Suárez, que originalmente pertenecía a su bando, pero que llevó a cabo acciones que no podían consentir sin alterarse; fue nuestro generale Della Rovere. Por eso lo acosaron hasta que consiguieron que dimitiera. Y no contentos con esa dimisión y para curarse en salud intentaron un golpe de Estado llevado a cabo por un ridículo e iletrado personaje, un tal Tejero.

Llega 1982 y gana las elecciones con amplia mayoría Felipe González, candidato del PSOE. Tardó poco el cabecilla del PP en hacer conocido el eslogan “váyase, señor González”, que repitió mil veces. El mayor rufián de la política española en el siglo no podía soportar aquella dilatada permanencia de su rival y apenas podía esperar a que acabase su mandato que, para colmo, abarcó varias legislaturas.

En dos de las que siguieron, el presidente, que pertenecía al PP, aprovechó su mandato para meternos en la guerra de Irak y hablar español con acento tejano (?) tras ser invitado unos días por el presidente de USA George W. Bush a su rancho de Tejas. En 2004 gana las elecciones José Luis Rodríguez Zapatero tras un terrible atentado yihadista que costó la vida casi a 200 personas y dejó heridas con secuelas a bastantes más. Precisamente ese atentado sirvió de base para descalificarlo, intentando ensuciar la atribución de autoría, calificándolo de tonto -Bambi lo llamaban-, y eso fue una acusación permanente. Llegaba una crisis económica terrible que él no supo prever y eso sirvió para que tras convocar elecciones anticipadas llegara −¡al fin!-  la derecha al poder.

El presidente Mariano Rajoy que presentó el PP, resultó un hombre pasivo, con poca iniciativa y proclive a la corrupción, todavía está sin resolver legalmente quién era el tal “M. Rajoy” citado en los documentos incautados a los corruptos confesos. Pedro Sánchez tuvo que atravesar numerosas vicisitudes y dificultades, a veces patrocinadas por sus compañeros de partido y finalmente en 2018, triunfa una moción de censura de la que sale como presidente este candidato. A pesar de ser esta moción un instrumento previsto por las leyes y por lo tanto perfectamente legítimo, de inmediato fue calificado de “okupa” por la derecha. No daban su visto bueno a la izquierda y por ello le atacan incumpliendo la Constitución, impidiendo la renovación de los componentes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que lleva cinco años con la mayoría de sus miembros con un mandato expirado, porque no aceptan que se haga tal cual se hacía cuando gobernaban ellos. Claro que ellos copaban los puestos con sus amigos y no quieren que el PSOE pueda hacer lo mismo.

Está claro que lo correcto y legal sería renovar el CGPJ ya y después entrar en conversaciones los dos partidos para cambiar la ley que rige las designaciones; a ser posible con el mismo sistema vigente en los países democráticos de la UE.


16 octubre 2021

Vulcanología

Creo que todos nos sorprendimos −hasta cierto punto− cuando aquel día empezó la erupción del volcán de La Palma al que todavía no le han adjudicado un nombre, parece que es cuestión de suma importancia eso del bautizo. No fue mucha sorpresa porque ya llevaban días con movimientos sísmicos y eso, en islas volcánicas como son las Canarias, solo puede significar una cosa: erupción a la vista.

Tampoco sorprendía porque ha habido varias erupciones en el último siglo, que yo recuerde en 1949 y en 1971, pero seguro que hubo más. Hay que tener muchas ganas de sorprenderse cuando viven muchos testigos de erupciones anteriores y se da el caso de que muchas de las plataneras cuya destrucción ahora lloran, fueron puestas sobre anteriores superficies de lava. Lo que pasa es que siempre es bueno expresar sorpresa quizás por aquello de las simpatías y también porque es sabido que la memoria es débil, de ahí que tantos sigan votando a cierto partido pese a su tendencia irremediable a la corrupción. En todo caso, se debería solicitar el procesamiento de las autoridades que permitieron construir y habitar zonas claramente expuestas a lo que está ocurriendo ahora.

Es cierto que al principio del fenómeno todos compadecimos a los pobres palmeros que tenían que soportar esa murga y lo que más tarde resultó un desastre que se tragó tantos esfuerzos de tantos años... bien es verdad que deberían haber contado con la fragilidad que acompaña a todo lo que se hace sobre terreno inestable por naturaleza. Incluso cabe preguntarse cómo las autoridades permitían construir sobre terrenos en los que hace tan solo 50 años habían sufrido las consecuencias de lo que ahora se repite.

Sé que no estoy solo en lo que voy a decir: derramamos simpatías y ganas de ayudar al ver los sufrimientos de aquella pobre gente. Y la televisión nos informaba generosamente sobre la densidad de la lava, la altura que alcanzaba la humareda, las roturas del cráter, la composición del aire y de las coladas, los vuelos suspendidos, las evacuaciones... minuto a minuto somos informados con todo detalle hasta hacer de todos casi unos expertos en vulcanología y −al menos en mi caso− tenernos hasta el pelo de tanta información sobre lo que, con algunas variantes, es siempre lo mismo y previsiblemente va a durar muchas semanas y quizás meses. En casa, a los telediarios hemos pasado a llamarlos televolcán porque el asunto llega a ocupar la mitad del tiempo de cada programa y hasta más, lo que teniendo en cuenta que el programa inmediato anterior suele versar sobre lo mismo, es abusar.

Es típico del periodismo: ellos estiman que una noticia es de impacto, que interesa a los espectadores e intentan tenernos al tanto de manera que lleguemos a aborrecer el asunto por pura saturación; por ejemplo, ¿cuántos pinchazos de la vacuna habremos visto en el último año? Eso no quita que sigamos compadeciendo a los palmeros y deseemos una pronta solución que en este caso sería el rápido final de la erupción y la reparación hasta donde sea posible de los daños producidos.

Hablando de volcanes, estoy leyendo estos días las "Cartas de relación" dirigidas por Hernán Cortés a Carlos V, un relato de lo que aquello fue. Es impresionante el valor y la inteligencia de este protagonista de la conquista de Méjico al que cuando se estudia en el colegio se despacha con un "Hernán Cortés conquistó Méjico" y algún dato sobre la Noche Triste, Moctezuma y la batalla de Otumba. Aquello fue tan duro y los sufrimientos tantos que entristece que ahora se hable de 'genocidio' incluso en España, ignorando todo lo que aquello realmente fue y significó. Ya se sabe que los que peor hablan de España siempre han sido los españoles (y ciertos mejicanos).

Está relacionado porque en estas cartas se habla de todo, entre otras cosas de la necesidad de aprovisionamiento que durante mucho tiempo fue vetado por dejadez del rey y las intrigas de otros, en especial de un tal obispo Fonseca de Sevilla. Relata Cortés la dificultad incluso de fabricar la pólvora que necesitaban para los cañones y mosquetes, por lo que tuvieron que ir buscando componentes uno a uno en distintos lugares. Resulta que habían visto que de la cumbre de una montaña salía humo, así que se fueron a investigar subiendo hasta el cráter y descolgando a un hombre atado con cuerdas −Francisco de Montaño− por su interior unas 70 u 80 brazas (117 o 134 metros) para ver qué había allí. Y de allí, de esta manera, sacaron azufre en tal cantidad como para no tener que volver, porque según decían era peligroso. Me dan escalofríos solo de imaginarlo.

01 julio 2021

Domesticados por las eléctricas

Ya los medios se cansaron de hablar del asunto, ya parece que todo pasó. Ya las eléctricas se salieron con la suya y no pasó nada salvo que aceptamos sus indicaciones y nos sometemos a ellas.

¿Pueden imaginar lo que hubiera pasado si cualquier gobierno nos hubiera dictado a qué horas debíamos poner la lavadora o a qué hora debíamos planchar (con permiso de la desquiciada Carmen Calvo a la que lo único que le importa es si quien empuña la plancha es hombre o mujer) y a qué hora poner el aire acondicionado?

Sin ningún tipo de anestesia, tras continuas subidas de precios, el oligopolio −cada día más reducido en número de miembros− de las compañías suministradoras de electricidad nos aconseja amenazadoramente que debemos hacer uso de su energía a tal o cual hora y los españoles, antaño rebeldes y ahora amansados, aceptamos el mandato y nos conformamos con dividir el día en varias franjas de diferentes tarifas, la más barata de las cuales resulta ser más cara que la única de hace un año, ¿no es delicioso? Ellas, las eléctricas, ahorran en infraestructuras y las redes no se recargan en horas punta, mientras todos pagamos más.

Son muchos los que conocen un interesante detalle, pero ni mucho menos la totalidad: existen diferentes energías eléctricas si atendemos a su origen. Nuclear, térmica (de carbón), hidroeléctrica, eólica, solar y las de ciclo combinado (gas). Está claro que esta última produce la electricidad más cara, pero cuando lo hacen, fijan el precio de todas las demás; gracias a la UE y Aznar. Se sospecha, se sabe, que a veces son puestas en marcha por las compañías sin que su necesidad esté verdaderamente justificada −una mentirijilla aquí, retener agua en un embalse propio quizás, una central nuclear parada sin necesidad allá−, pero es una tentación sabiendo que las más caras −asombra que eso sea legal− contagian su precio a las otras, ¡incluso nos cobran CO2 en la electricidad producida en los embalses o los aerogeneradores!   

Viene a cuento hablar de los coches eléctricos. No hay duda de que están de moda, aunque pocos pueden o quieren gastarse el dineral que cuesta uno de esos vehículos a pilas y muchos optan por la solución algo más barata de los híbridos, sean enchufables o no. Yo sostengo que la aparición de los eléctricos obedece a que la contaminación que sufrimos es insostenible y eso, unido al deseo de los fabricantes de hacer una buena subida de precio, contenida hasta ahora a causa de la enorme competencia entre marcas, ha dado con la aparente solución de los coches eléctricos a baterías, aun siendo conscientes de que estas últimas no pueden almacenar suficiente electricidad como para otorgar una autonomía que al menos permita ir de un lugar a otro de la península sin necesidad de recargar. Cuanto más grandes y poderosas son las baterías de un coche, más peso tiene que mover y menos espacio libre para pasajeros y carga. He podido ver el maletero de un Lexus berlina híbrido del tamaño de un Audi A4 y su maletero es ridículo para el tamaño del automóvil.

Quien compra un vehículo eléctrico, ¿sabe que no hay cargadores ni para los coches que ya hay en circulación?, todavía recuerdo que hace pocos meses un periodista de El País hizo un viaje de prueba desde Madrid a Cádiz y tardó más de doce horas en el trayecto y un autobús hizo hace pocos días el viaje Sabadell-San Sebastián de los Reyes (ellos lo llaman Barcelona-Madrid) llevándole trece horas, aun teniendo todo el recorrido calibrado y sabiendo dónde debía recargar; pero es que estas recargas no son como repostar gasolina, tardan horas.

Vivimos estos días con la desagradable y cierta sensación de que las compañías eléctricas nos están robando, aprovechando que hemos ido comprando todo tipo de artilugios que necesitan electricidad para funcionar, ¿se imaginan el día en que siquiera la mitad de los automóviles se muevan con electricidad?, ¿a cuánto nos pondrán el precio del kWh?, ¿pueden hacerse a la idea de lo que sucederá cuando la movilidad dependa de la electricidad o, mejor dicho, de las insaciables compañías eléctricas? Busquen en Internet los beneficios anuales de cada una de estas compañías en las que algunos políticos aspiran a encajarse al abandonar la política −como Aznar o Felipe González−, hablamos de miles de millones.     

La reciente reacción del gobierno ha sido rebajar temporalmente los impuestos que se pagan en el recibo de la electricidad, olvidando que las eléctricas suelen reaccionar ante esas medidas subiendo sus tarifas. Y prefiero que mi dinero se lo lleve Hacienda al sinvergüenza de turno.

Cuando leo en la prensa que, en Brasil, Bolsonaro y compinches está contemplando privatizar a la mayor eléctrica de Iberoamérica me pregunto, ¿por qué no se atreven aquí a nacionalizar? Estos días se ha dicho por la televisión que en los próximos años vencen las concesiones de 20 o 30 centrales hidroeléctricas, que por tanto revierten al Estado. ¿Por qué no se atreven a crear una empresa nacional que ayude a regular el mercado?, ¿es miedo? 

Por último, unas preguntas impertinentes que me reconcomen: ¿lo de las tres zonas tarifarias es para evitar tener que mejorar la red de distribución?, ¿lo del precio brutal en horas punta es beneficio puro para las eléctricas, por la cara?, ¿no será lo de los precios más elevados en horas "delicadas" para castigarnos por díscolos? 

21 junio 2021

Lectura de la prensa

Creo recordar que en alguna ocasión ya he contado en este blog que me gusta echar un vistazo a varios diarios cada día tras el desayuno. Podría parecer una variante de masoquismo, pero es que leer solo lo que se cuenta en uno de ellos da una visión muy sesgada de la actualidad, más ahora en que el que siempre fue mi favorito −conservo todavía el número 1 de El País− se transformó en algo muy distanciado de lo que para mí debe ser un periódico serio y fiable.

Falleció Forges hace ya más de tres años −el 22 de febrero de 2018− y con ello desapareció el cincuenta por ciento del contenido inteligente de ese diario que ahora se dedica preferentemente a la publicidad de succionadores de clítoris, productos de Amazon y a la celebración de homosexuales y transgéneros, algo que quizás muestre su modernidad y liberalismo, pero por lo que no siento el mínimo interés y sospecho que no preocupa en exceso a la mayoría de los lectores. También prestan una atención para mí parcial y desmedida hacia los inmigrantes en general y los que vienen en patera en particular; parecen compartir el criterio expresado por Manuela Carmena, cuando era alcaldesa de Madrid, y afirmó sin ruborizarse que los que venían eran los mejores.

Los otros diarios por los que me intereso son habitualmente El Mundo, 20minutos, Diario de Sevilla y El Periódico de Barcelona. Después hay más a los que no tengo como de lectura obligada, pero que frecuento: La Vanguardia, Diario.es, Infolibre, Público de Lisboa, The Guardian, O Globo de Río de Janeiro y A Folha de São Paulo. Me llama la atención el nulo interés de The Guardian −en realidad de todos los ingleses− por España y los españoles; cualquier suceso que tenga lugar en Ruanda o Bután es para ellos más interesante o trascendente que los que se producen en el país donde pasan sus vacaciones: somos para ellos tan solo una especie de resort. A cambio, aquí seguimos con pasión hasta los gestos mínimos de la familia real británica y allegados. Así somos, nos va el vasallaje (y la crónica rosa).

Noto que pongo los verbos en presente de indicativo y con eso falto a la verdad, porque desde hace un tiempo la mayoría de esos periódicos obligan a estar suscritos para permitir el acceso a las noticias y eso es algo que no quiero ni me puedo permitir, porque sería preciso abonar una cantidad elevada cada mes y asumir el cargo de conciencia que supone contribuir económicamente a la existencia de los que me desagradan. Por ejemplo, estuve tres meses pagando por El Mundo, pero las cosas que defendían me producían tal malestar y hasta asco que no pude continuar abonando mi suscripción. Y conste que sus lectores suelen ser peores que la propia línea editorial.

Desde que apareció esta novedad −que considero justa− de pagar por leer, se me ocurrió que seguramente se implantaría lo que considero más lógico: la creación de una mancomunidad (los modernos lo llamarían pool) a la que los lectores pagarían una cuota con lo que se podría acceder a los contenidos de todos los diarios mancomunados que, según los controles de lectura tan sencillos de establecer hoy en día, se repartirían las cuotas en función de los lectores o incluso del tiempo de lectura en cada uno.

Ni siquiera he oído hablar de la posibilidad de llevar a cabo este sistema y no es difícil suponer las razones: celos profesionales, desprecios, odios, miedo a que se conozcan las difusiones reales, etc. Como sin duda la prensa en papel tiende a desaparecer, esa falta de acuerdo llevará a la extinción de más de uno de los digitales, que será lo que desean los más poderosos, sin percibir que la desaparición de los más débiles arrastrará a la totalidad, porque la población optará por lo más fácil: ver solo televisión y redes sociales. Un desastre para el conocimiento y para la democracia, porque esta última solo es posible con ciudadanos informados.

Mientras deciden alguna solución al problema de las necesarias multisuscripciones actuales, procuro apañarme mediante el recurso a los más generosos −por ahora− o trucos para poder leer lo que me interesa, trucos cada vez más difíciles y complicados y que poco a poco van resultando imposibles de emplear. Terminaré como la mayoría: viendo solo los telediarios y aceptando la completa alienación y el engaño.

31 mayo 2021

Bazar

Primero me ocurrió con un banco, después −como en los chubascos− las ocasiones han ido menudeando; Seguridad Social / Compañía Eléctrica / seguro médico / banco / etc., hasta que ahora llegamos a un extremo en el que ya no se reprimen o esconden: usted no existe si no tiene móvil y punto. Incluso la agente de la compañía eléctrica no pudo ser más clara y cuando le pregunté qué pasaría si yo no tuviera móvil −lo tengo, pero no me gusta ni lo uso− me respondió con toda frescura "usted no podría contratar con nosotros", y se quedó tan tranquila. Y todo el mundo satisfecho porque tiene móvil y lo usa, aunque estén colaborando en la implantación de un 1984 en peor versión.
***
Ha habido recientemente un episodio muy comentado consistente en la invasión de marroquíes y subsaharianos a la ciudad de Ceuta. Pido disculpas si alguien se siente agraviado por el empleo de la palabra "invasión", pero querría recordar que cuando los árabes invadieron España en el año 711, permaneciendo aquí durante unos 780 años, fueron en un número estimado menor de 10.000 africanos, según los historiadores más informados. Ahora, han entrado en Melilla más de 9.000, empujados por el sátrapa Mohamed VI. Díganme si no es número suficiente como para calificarlo de invasión, independientemente de lo que digan en Vox, que es algo que me trae sin cuidado, pero tengo que recordar que si un reloj parado marca dos veces al día la hora exacta, hasta Vox puede acertar en alguna ocasión al calificar unos hechos.
 
A quienes su ciego buenismo les lleve a negar la mayor argumentando algo así como que niños no pueden calificarse de invasores o acaso la frase mágica entre buenistas, vienen buscando un futuro mejor les recordaré lo que dijo el presidente argelino Ben Bella en 1966: “conquistaremos Europa con el vientre de nuestras mujeres”. Y lo están cumpliendo: solo en España hay actualmente entre 800.000 y un millón de magrebíes. En Europa hay millones de musulmanes de distintas procedencias y han cambiado el paisaje humano, en especial mediante las represivas vestimentas femeninas propias de su religión, ¿por qué se permiten prendas que dificultan o impiden la identificación?

Se me ocurre que si alguna vez me decido a atracar un banco −el sueño de mi vida− y por falta de pericia aparece la policía cuando todavía estoy en ello, ¿puedo argumentar que estoy en busca de un futuro mejor?
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Andan ahora "descubriendo" que puede que el coronavirus se escapara de un laboratorio de Wuhan. Casualmente lo mismo que yo dije hace más de un año en tres entradas continuadas referidas a la pandemia que disfrutamos. ¿Es que soy más listo que nadie o acaso tengo una bola de cristal? ni lo uno ni lo otro, simplemente sé atar cabos. Para ponerlo al alcance de cualquiera, les pido que recuerden eso que la policía se pregunta en todas las película de crímenes: ¿quién se ha beneficiado del delito?
 
Más incluso: estoy convencido de que el escape del virus quizás ha sido intencionado porque ¿desperdiciarían los chinos la oportunidad de hundir o dejar tambaleantes las economías occidentales?
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Hace pocos años apareció un elemento abstracto en nuestras vidas al que la gran mayoría no prestamos ninguna atención. Hablo del bitcoin y las innumerables criptomonedas que le siguieron poco después: ethers, litecoins, stellar, etc. −hasta unas 2.500− incluso Maduro ha creado la suya propia −el petro− que ha fracasado. Ni le presté atención ni me interesé en averiguar en qué consistían, porque me parecían un absurdo temporal. Cuando hace un par de años mi hijo nos pidió dinero para comprar algunas y hacerse rico le dimos 500€ y todavía anda procurando no perder demasiado, porque ganar, no gana.

Me quedo pasmado cuando oigo hablar del empleo de potentes ordenadores para practicar la minería de las criptomonedas; ni sé de lo que hablan ni pienso interesarme. Es un asunto puramente especulativo que no produce nada.
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Una noticia leída en la prensa me da a conocer la última novedad en Internet. Se trata de acelerar la reproducción de mensajes sonoros, vídeos, series, etc. para poder reducir a la mitad o menos el tiempo de reproducción en Whatsapp, Netflix, Youtube, Spotify, TV, etc. Me parece una falta de respeto recibir un mensaje oral de un amigo y reproducirlo a alta velocidad para no perder tiempo, pero alucino cuando leo que entre las ventajas están poder reproducir películas, series o música en menos de la mitad del tiempo estipulado. Digo yo, ¿leer el mensaje de un amigo es perder el tiempo?, ¿ver una película o serie no es disfrutar de ese visionado?, entonces ¿qué objeto tiene reducir ese tiempo de disfrute?, ¿qué placer puede producirnos escuchar el Concierto de Aranjuez al doble o triple de su velocidad normal? Sigo sin entender nada, pero está claro que abundan los idiotas.

12 mayo 2021

¡Papá, no corras!

Llegó a ser una campaña en los medios de hace muchos años, como muchas otras que recomendaban practicar un deporte, leer un libro, viajar en tren o recordarnos que "España es diferente", y recuerdo que eran multitud los que llevaban una pieza alargada, por lo general de "símil-piel", pegada por el salpicadero del coche y que contenía fotos de los rostros más queridos  (supuestamente) por el conductor. Ahí se asomaban por descontado la esposa, los hijos y a veces la madre y hasta la suegra del propietario del vehículo y arriba o debajo de todas esas fotos el lema o recomendación "Papá, no corras". No lo conocí con la misma recomendación a la "mamá" porque supongo que las madres conducían menos y cuando lo hacían no eran tan alocadas como para correr, ya se sabe que las mujeres son muy prudentes.

Con frecuencia, esas fotos estaban acompañadas en sus proximidades de un medallón en bajorrelieve en el que podía verse a San Cristóbal con un niño en el hombro −posiblemente el niño Jesús−, porque este caballero era la presencia del santoral, por aquello de que era −decían− el patrón de los automovilistas, posiblemente asignado en su momento en el río Jordán o sus proximidades. Años más tarde, se corrió la voz de que eso era falso y que el tal San Cristóbal no era santo y que por no ser, ni siquiera había existido. Un duro golpe a los conductores.  

Hablamos de tiempos en que el ABS o los cinturones de seguridad y no digamos el airbag eran todavía desconocidos y el único medio de seguridad pasiva era el pie derecho y su capacidad de pisar el freno.

Hoy vivimos tiempos descreídos y nadie se acuerda del santoral ni de la familia, pero muchos tenemos in mente a la del director de la DGT, al que parece que se le ha ocurrido la brillante idea de que los coches que no circulan atropellan mucho menos y consecuentemente ha limitado la velocidad máxima en población a 20, 30 o ¡la locura! 50 km/h, dependiendo del tipo de vía. Se habla de que la mayoría pertenecen a la franja de los 30 km/h.

Se habla también de que a tales velocidades, habrá que llevar el vehículo en 2ª u otra marcha corta y como consecuencia inmediata la caja de cambios sufrirá más de lo ordinario, multiplicándose las averías, y por descontado aumentando enormemente el consumo y por tanto la contaminación que se trata −trataba− de evitar. ¿Han intentado ir alguna vez por una calle a 30 km/h? Les recomiendo que prueben y comprueben que es casi imposible y que el miedo a que alguno que venga detrás nos pase por encima es irreprimible. Ahora, cuando la policía municipal tenga ganas de recaudar, les basta con ir a alguna calle cercana y empezar la caza. Ya lo de 20 km/h es indescriptible.

No acaba de entenderse las medidas por disminuir los atropellos en población, siendo una cifra que apenas supera los 150 fallecidos en España al año y, por ejemplo, menos de 20 en Madrid. Sorprende porque casi la totalidad son por irrupción repentina en la calzada o por cruzar imprudentemente vías imposibles de cruzar, como la Castellana o la M-30, quizás lo único que se consiga es el abandono total por parte de los peatones de los pasos señalizados, para cruzar por donde les dé la gana (que diría Ayuso) haciendo uso de su libertad.

Es una realidad innegable que a menor velocidad menor daño, pero ¿justifica el número de fallecidos las medidas que se toman? Siguiendo esa misma argumentación, ¿por qué no fijar la velocidad en 10 km/h o, directamente, exigir que los automóviles estén siempre aparcados? Sería una medida que acabaría rotundamente con los atropellos, la contaminación y −está claro− la movilidad. Ahora los allegados ("seres queridos", para los tontarras) deberían pedir por escrito junto a las fotos ¡Papá, sigue parado!

22 abril 2021

CaixaBankia

No es asunto que merezca una entrada completa, pero me cuesta quedar en silencio cuando presencio y soy víctima de un atropello de este calibre.

Allá por 2012, gobernando España don Mariano Rajoy del Partido Popular, tuvo lugar un rescate bancario que empobreció aún más a los españoles, pues es del bolsillo de todos de donde salieron los 63.000 millones de euros que costó la broma. Por cierto, hay vídeos donde puede verse al señor Rajoy prometiendo que el rescate "no nos iba a costar ni un euro" a los españoles. Otra mentira más y las de su partido suelen salirnos caras: hemos pagado y perdido casi todos esos euros, alrededor del 92% del total.

Ahora se produce la fusión entre CaixaBank y Bankia y como se dice castizamente, "lo pasao, pasao" o, si lo prefieren, "pelillos a la mar", pero me gustaría saber desde cuándo pueden fusionarse y desaparecer empresas entrampadas hasta las cejas. Hasta la fecha Bankia ha devuelto menos de 5.000 millones de ese rescate lo que deja pendiente una deuda superior a los 19.000 millones. Para compensar semejante robo, la fusión va a suponer el cierre de más de 1.500 sucursales y el "ajuste" −ahora se llama así− de unos 8.300 empleos. Estos trabajadores quedarán parcialmente a cargo del Estado y usted y yo pagaremos los gastos. Menos puestos de trabajo, peor servicio y más alarde de impunidad.

No todo van a ser malas noticias: el actual presidente de Bankia, un tal Goirigolzarri −el de cara ratonil−, será el nuevo presidente de CaixaBank y su salario actual de algo más de 500.000 euros anuales pasa a ser de 1.600.000 euros. Es lo menos por cerrar la boca, ¿no?

Mientras, el BBVA se envalentona al contemplar esa fechoría sin consecuencias y decide hacer un ERE de 3.800 Trabajadores. Es natural que Casado o Abascal contemplen la situación con indiferencia, pero no oigo los gritos de Calviño, Yolanda Díaz o del Robin Hood con moño, ¿todo bien?

Eso sí. La ciudadanía no está interesada en el asunto y lo que de verdad nos preocupa son los efectos secundario del 0,000001% de la vacuna AstraZeneca y qué hacer con las segundas dosis. Así somos.

17 noviembre 2020

¿Inmigrantes o invasores?

En cuanto a la inmigración masiva descontrolada se puede decir que la población está dividida en tres grupos: los que están a favor, los que están en contra y los que son indiferentes y pasan del asunto; son quienes en las playas canarias se apresuran a darle comida y ayuda a los inmigrantes que desembarcan mientras otras se están bañando en bikini.

Ha habido varias encuestas y el resultado, aunque cambiando las cifras, es siempre el mismo. Los menos numerosos son los que están a favor, los más numerosos los pasotas y los medio abundantes  −y más cabreados− los que están en contra. No voy a disimular, yo estoy entre estos últimos.

Evidentemente los pasotas no tienen razones para justificar su postura. Los que están a favor creen tener argumentos, pero no son capaces de afrontar una discusión razonada. Los que están en contra son los que tienen que discutir lo que parece básico: no se puede consentir la llegada masiva y descontrolada de inmigrantes que se comportan como si fueran turistas de vacaciones con visado de entrada al país. La foto de más arriba se corresponde a la llegada de una patera con argelinos que al llegar a la playa de Ibiza le preguntan con todo desparpajo a la Guardia Civil que acude a la patera por dónde se va al Hotel La Noria y se ponen a hacerse selfies. Observen que no son desheredados, llevan pulseras y anillos de oro. Según la prensa, ha habido alguno que ha llegado a pedir que le sirvan un whisky en ese momento. Ni siquiera nos respetan, está claro.

Hoy mismo, las noticias informan de que en lo que va de mes han llegado a Canarias 8.000 inmigrantes, espero que nadie se atreva a llamarlos "refugiados" porque no lo son. Proceden mayoritariamente del Magreb y también de Mauritania y países del África negra más al sur. Nadie parece darse cuenta del desastre que supone esa invasión: los que llegan traen enfermedades, habrá terroristas entre ellos −son casi todos musulmanes− y huyen de problemas y violencias que frecuentemente arrastran consigo, ¿es eso lo que queremos?

Se argumenta en ocasiones que según la propia Unión Europea, España va a necesitar anualmente del orden de 270.000 inmigrantes para suplir la escasa natalidad propia. Pero ¿queremos rellenar el país con personas de otra raza, de otra religión, de cultura tan diferente?, ¿les gustaría ir a Palencia y que sus habitantes fueran africanos? Y sobre todo, es cierto que Alemania deja entrar numerosos inmigrantes en su país, pero normalmente hay una selección previa −allí el paro es muy inferior−, hasta el punto de que si necesitan fresadores y torneros son esas profesiones las que tendrán preferencia y, en cualquier caso, no aceptarán personas que no sirvan para nada.

España no hace selección, se limita a aceptar lo que llega y en un mes como este con 8.000 llegadas solo a Canarias, ha devuelto a su origen un avión con nada menos que 22. Diga lo que diga Manuela Carmena, acogemos a lo peorcito y solo podrán valer para manteros, albañiles −quitando el puesto a españoles y tirando salarios− y pedigüeños en la puerta de los supermercados. También pueden dedicarse a asaltar ciudadanos o establecimientos, ¿o creemos que se van a resignar a pasar hambre? Antes teníamos el consuelo de que al no encontrar salida se marchaban hacia Europa y allí se apañaban, pero ahora Francia nos devuelve puntualmente a todos los que encuentra que han entrado a través de España. Y nosotros tenemos que aceptarlos como si fueran naturales de Cuenca.

En Baleares y Canarias no tienen dónde colocar a tanto invasor y como solución provisional los alojan en hoteles en los que usted pagaría más de 1.200 euros por alojarse una semana y lo peor es que la prensa extranjera está publicando en portada esto, con la correspondiente pérdida de atractivo turístico y anulación de reservas de visitantes de los que pagan. ¿Estamos locos? No lo están los hoteleros locales que al ver la repercusión internacional están protestando.
 
¿Cómo no van a venir inmigrantes si nos desvivimos por complacerles y cubrir sus necesidades mientras tantos españoles pasan hambre? Hasta la prensa de sus países de origen se burla de nosotros. Todos los españoles saben de la invasión musulmana del año 711 e imaginan aquello más o menos como el desembarco de Normandía. Pues no, según los estudios debieron ser menos de 10.000. Estamos de acuerdo en que aquello fue una invasión, ¿cómo llamamos a esto de ahora? 
 
Y a aquellos tardamos casi 8 siglos en echarlos...

**Según la RAE,
invadir:
Del lat. invadĕre.
1. tr. Irrumpir, entrar por la fuerza

23 abril 2020

♪Subvencióname otra vez...♫

Sospecho que deben ser muchos los españoles que adoran todo lo relacionado con los estadounidenses, a pesar de Trump y muchos precisamente por él, en especial para contraponerlo con el gobierno actual, que desean derribar como sea, ya que no pueden cambiarlo con la fuerza de los votos. ¿Cuántos han estado calificando al actual presidente de «ilícito» ignorando a propósito lo dispuesto por la Constitución española, esa que supuestamente dicen defender como buenos patriotas? Creo que era ayer o anteayer cuando Iñaki Gabilondo recomendaba a los amantes de la Constitución recordar y defender el cumplimiento de todos sus artículos y no solo de aquellos que en un momento dado les conviene. Yo admiro mucho cierta cualidad de esos norteamericanos: cuando llegan sus elecciones presidenciales pueden luchar a muerte contra el candidato del partido contrario a su predilecto, pero una vez celebradas esas elecciones, todos casi sin excepción pasan a considerar al presidente electo su presidente, sin más. Algo que no le vendría mal aprender a los españoles.

Aunque algo se va sabiendo con el paso del tiempo, la mayoría de los españoles ignora que la filosofía que sostiene el régimen político de EE.UU. es la de un absoluto liberalismo económico y la reducción al mínimo de la presencia del Estado. De ahí la práctica inexistencia de una seguridad social al estilo europeo y de ayudas o subvenciones como las que son la esencia de la Unión Europea.

Aquí queremos un sistema que sea como el que en las películas americanas podemos ver cada día, pero apenas tenemos una pupa acudimos a papá-estado llorando para que nos cure y consuele. Allí, por ejemplo, las distintas confesiones religiosas se sostienen en general con las aportaciones de sus fieles y las donaciones privadas. Aquí, prácticamente todas las confesiones religiosas reciben aportaciones del estado y se da la paradoja de que quienes son agnósticos o ateos aportan −involuntariamente, claro− una parte de sus impuestos para el sostenimiento de la Iglesia católica y las demás que aquí funcionan. Es muy conocida la anécdota de lo que sucede en Alemania y otros países europeos de que en la declaración anual del IRPF hay un capítulo que incrementa el pago −no como aquí, que sale de la cuota normal− en función de la confesión religiosa a la que uno pertenezca. De ahí que los españoles residentes en esos países se declaren invariablemente ateos, porque les parece disparatado pagar para el sostenimiento de su religión, ¡hasta ahí podríamos llegar!

No cabe sorprenderse, vistas las tradiciones patrias, de que con motivo de la pandemia todo el mundo pide o más bien exige ser ayudado económicamente o subvencionado de alguna manera. No sorprende que hasta el momento haya en España más de 450.000 ERTE, de tantas y tantas empresas que consideran que puesto que ahora les va mal, el Estado debe compensarle económicamente y hacerse cargo de sus trabajadores. Nadie parece recordar que una mayoría, cuando las cosas iban bien, regateaban o eludían el pago de sus impuestos.

La lista de los que de una u otra forma piden dinero al Estado es interminable: cineastas y salas de cine, profesionales del teatro, clubs deportivos, ganaderos, agricultores, autónomos de todas las actividades imaginables, hostelería (bares, restaurantes y hoteles), pequeños comercios, colegios y universidades, etc. etc. TODOS reclaman dinero del Estado, al tiempo que suelen pedir el aplazamiento sine die del pago de sus impuestos. Supongo que uno de los que pide ayuda es mi fisioterapeuta, que según me confesaba gana más de 6.000€ al mes (y paga poco más de 300€ en impuestos; engañando, claro).

Estoy de acuerdo en que las pérdidas que ha producido y va a producir el virus chino han sido más que cuantiosas y la situación es ruinosa para casi todos, está previsto que el déficit anual alcance el 9,5% del PIB (¿solo?). El país tardará años en recuperarse de este desastre, si es que llega a recuperarse.

Para compensar, han debido ser muy pocos los que se han parado a pensar unos segundos de dónde saldrá todo ese dineral que se gastará en ayudas y aunque la mayoría no haya dedicado ni unos segundos a preocuparse por eso, apostaría cualquier cosa a que casi todos imaginan que bastará con que el gobierno dé la orden de tener más tiempo funcionando a la maquinita de hacer dinero. Así somos. Resignación. 

05 abril 2020

Un virus con corona (y III)

La frase «cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro» es atribuida alternativamente a Diógenes, a Lord Byron y a Adolf Hitler, así que para resolver esta cuestión, y con su permiso, he decidido atribuírmela a mí, lo que en apariencia es doblemente sorprendente porque yo ni siquiera tengo perro, pero viene a establecer con precisión el aprecio que siento por la humanidad. En especial por la nacida o residente en China.

Porque sigo con eso. Estoy convencido por lo que he ido leyendo, de que la responsabilidad de todo el desastre que estamos viviendo es de China, que por ineptitud o por maldad ha sido incapaz de controlar que el virus no saliera de allí. No hay dinero en China para pagar la indemnización que debieran dar al resto del planeta, así que no darán ni un euro y en occidente seguiremos sin fabricar nada y comprándoles de todo.

También sigo con mi indignación por el trato a los mayores. Se dice cada día que debemos quererlos y cuidarlos, pero la consigna es no desperdiciar un respirador en alguien a quien no le queda demasiado de vida, más o menos viene a ser eso de "ya han vivido suficiente" y las comunidades autónomas fijan la edad a partir de la cual eso será puesto en práctica, sean 70, 75 u 80 años. Son ciudadanos de segunda a los que se abandona a su suerte, simplemente administrándoles tranquilizantes para que no incordien. «El coronavirus ha resucitado la barbarie en lo que creíamos la civilización y la modernidad. Hemos visto en Madrid cosas horribles, como en las residencias: ancianos abandonados al parecer por cuidadores que no tenían mascarillas ni remedios ni ayuda alguna», eso afirma hoy un columnista en El País.

Me subleva también comprobar que todos se creen con derecho a ser subvencionados. Puede ser el mundo de la cultura, el del transporte, los autónomos, los comerciantes, los que habitan una vivienda en alquiler, los agricultores, ¡absolutamente todos! He visto incluso a ese grandísimo felón llamado Marhuenda abogar en televisión por que no se den préstamos −que luego habrá que devolver− sino que se regale dinero; así de sencillo. Hay incluso nada menos que un 35% de insatisfechos con la manera en que el gobierno está conduciendo la situación, en muchos casos manifestando una insatisfacción sonora y violenta; son esos que "piensan" que Casado o Abascal lo harían infinitamente mejor y desearían que el gobierno en pleno dimitiese y cediese el lugar a ese par de tuercebotas. Caramba, si Abascal hasta se ha permitido no ponerse al teléfono cuando hoy le llamaba el presidente para hacerle alguna propuesta de reunión o acuerdo.

Todo el mundo sabe cómo mejorar la situación: de momento, con mucho dinero. Nadie sabe de dónde debería salir ese dinero, porque en sus limitaciones pertenecen a ese sector convencido de que el gobierno puede fabricar tanto dinero como le apetezca y que si no lo hace es porque odia a los españoles (y españolas). Ya se sabe que es un gobierno pagado por los masones.

Estoy harto de presenciar cómo los países de más al norte se ufanan de haber abordado el problema con previsión, templanza y acertado cálculo. Lo peor es que aquí los contemplamos con un sentimiento de inferioridad que cuesta entender. Toda Islandia tiene unos 350.000 habitantes, algo así como la ciudad de Bilbao y los nórdicos −ya se sabe− no se relacionan. Así es fácil imponer un confinamiento. Lo mismo sucede con esa panda de catetos llamada Noruega o los listillos de los suecos, que como hoy tenían un día soleado han salido en masa a la calle para sentarse en las terrazas. Vamos, que son españoles de ocasión; luego, con acusarnos de que no pensamos más que en la juerga se sienten plenamente reconfortados en su estúpido calvinismo.
 
No sé en qué condiciones saldremos de esta, lo que es seguro es que no volveremos a ser como éramos. Los que me conocen me han oído decir desde hace meses que pienso que para 2050 la vida habrá cambiado a algo que ahora no llamaríamos vida. Para 2100 mejor no decir nada.

Miremos el lado bueno: actualmente apenas se habla de Cataluña.

24 marzo 2020

Un virus con corona (II)

Chinos saltando de alegría
«El confinamiento», como se le llama ahora, va a ser largo. Me cuesta despachar el asunto con solo una entrada, así que aquí va una segunda parte porque me quedé con cosas por decir, y ojalá que no haya más.

La mayor parte de lo que diga, si no todo, van a ser quejas y me parece de lo más normal, porque la situación no merece menos. Lo primero los chinos. No hace muchos años, no sabría decir cuántos, ya nos trajeron una epidemia que, según dijeron, se produjo por comer allí lo que no debían; ahora causan una segunda epidemia mucho más grave que va a acabar con bastantes habitantes del resto del mundo −los chinos que se las arreglen− y lo que es casi peor, con la economía de muchos países como el nuestro; no sé si acabarán con otras economías, pero seguro que las van a dejar muy tocadas. Eso sí, nos mandan no sé cuántos cientos de miles de mascarillas donadas por su gobierno y muchas más pagadas en efectivo por el nuestro −unos 500 millones de euros, de momento−, porque por aquello de que no hay mal que por bien no venga, el bendito virus va a servir para apuntalar su propia economía y su industria sanitaria. Algo sospechoso.

No quiero extenderme excesivamente sobre los chinos, pero no contentos con producir la ruina mundial, ahora fingen que los causantes del desastre no han sido ellos por comer murciélagos, pangolines o vaya usted a saber qué cochinada, y aprovechan la ocasión para culpar a los americanos, como si estos no tuvieran bastante con lo que sí que hacen. Al mismo tiempo y según he podido ver hoy en los telediarios, se están dedicando a modificar los titulares en sus hemerotecas −donde se habla del virus de Wuhan− para sustituirlo por «el gran virus» o nombres semejantes. ¿De qué me suena esto?

Me preocupa la situación de los mayores, entre otros motivos porque yo soy uno de ellos. Sigo asombrado de que se pueda salir a pasear al perro cuanto y cuando se quiera, aunque ya se sabe que los perros son sagrados y no se les puede obligar a hacer caquita en un cajón o en la bañera. Los niños, encerrados en casa. Los viejos no importan tanto y se les puede retirar el respirador para ponérselo a uno más joven −ha podido verse en la televisión−; si se mueren, allá ellos, por vulnerables. Se puede sacrificar a un mayor; a un animalito no, por dios.

Los incumplidores del confinamiento siguen siendo legión, bien disimuladamente mediante el uso excesivo del perro o simplemente perteneciendo a la "etnia". En Sevilla se ha detenido un coche con ocho ocupantes −un vetusto Citröen Xsara− que ni siquiera tenía la ITV pasada y por no tener no tenía ni faros. También han tenido que mandar a la UME a las Tres Mil Viviendas −con mayoría de habitantes de la etnia− porque no les daba la gana de acatar el confinamiento.

Querría hacer una referencia a esos grandes comunicadores a los que entusiasma montar un escándalo en su terraza a las 8 de la tarde, nada de unos simples aplausos. También una maldición a los que abusan de la cancioncilla «Resistiré». Hace muchos años, conseguí no tener que escucharla entera, porque me parecía penosa; estoy en mi derecho. Ahora, con el virus no hay derecho que valga: usted puede desgañitarse cantando la melodía, interpretarla con un instrumento musical desde su terraza o simplemente ponerla al público mediante unos altavoces. No se considera ataque a la tranquilidad ciudadana, sino un arrebato de empatía y solidaridad.

Una enfermera pedía en el periódico que, por favor, a las 8 de la tarde solo dieran unos aplausos sin más ruidos adicionales, porque despertaban a quienes tenían que dormir a esa hora. Una desagradecida más. A esa misma hora, un vecino de la casa de enfrente estuvo 6 minutos soplando una vuvuzela. Creo recordar que la selección española de fútbol ganó hace unos años la copa del mundo y estoy seguro de que fue porque el equipo español era el único acostumbrado al ruido infernal y eso le dio ventaja frente a sus contrincantes, que estaban aturdidos.

Un dato positivo: gracias a los que, poniendo en peligro su propia seguridad, están matándose a trabajar en centros sanitarios o en puestos imprescindibles para la ciudadanía. 

20 marzo 2020

Un virus con corona (I)

Parece que fue ayer cuando más del 99% de los españoles no habíamos oído en nuestra vida la palabra coronavirus, pero de repente un día nos hablan de este bicho por la televisión y desde ese momento se transforma en algo tan familiar como la abuelita. Que si el coronavirus por aquí, que si el coronavirus por ahí... no se nos cae de la boca −dios nos libre− en todo el día. Yo, como soy republicano −en especial pensando en el emérito−, lo llamo simplemente virus.

Podría decirse que está todo dicho acerca del bicho y que intentar añadir algo es inútil, y es cierto, pero quedan las reflexiones que muchos se hacen y nadie se atreve a expresar en voz alta. Por ejemplo, ¿alguien se creyó que el estado de alarma solo duraría hasta fin de mes? Bueno, ni siquiera el gobierno tenía mucho interés en que nadie se tomara en serio ese plazo y enseguida hablaron de extenderlo.

Algo que me intriga: justificadamente las personas deben permanecer confinadas por razón de salud general y no hay excepciones. Perdón: sí que las hay; si usted tiene perro puede ir donde y cuando le dé la gana porque un perro no puede permanecer encerrado; como nosotros. Una persona, sea viejo o infante debe quedarse en casa y si se anquilosa o sufre dolor en las articulaciones, que se fastidie. Sinceramente, si esto que digo enfada al propietario de un perro lo que debe meditar es si es justo y lógico que un animalito pueda servir como pasaporte para saltarse las medidas sanitarias que se han estimado necesarias. No me extraña que haya anuncios de alquiler de perros, siendo como son una excusa legal para moverse libremente. Aunque ética y sanitariamente sea discutible.

No quiero ser pesimista porque no lo soy y la prueba es que pienso que yo podría sobrevivir, pero ¿se imaginan cuánto tiempo tendrá que transcurrir para poder decir eso de «yo he sobrevivido»? Lo peor es esa sospecha de que si en casa contraemos alguno de nosotros el virus, moriremos como perros. Bueno, como perros no, como ancianos. Ya quisiéramos tanta consideración como los perros.

Me da la sensación de que el quid de la cuestión es la duración de la epidemia, porque los chinos no parecen muy de fiar y aunque digan ahora que están fenomenales no hay que olvidar que también lo decían al principio de todo el asunto. Por cierto, que a nadie se le ocurra decir que se trata de un virus chino. Trump se ha atrevido, aunque ese tipo es tan tonto que resulta inmune a todo, pero les recuerdo que Mario Vargas Llosa dijo que se trataba de un virus chino y de momento han prohibido sus libros en China. Para que se entere de quién manda.

Es difícil prever la duración de la epidemia en Europa y yo, que suelo ir de vacaciones veraniegas en julio, no me atrevo a planificar nada, porque ¿quién sabe? De momento parece que no hay quien le quite una duración mínima de un trimestre, pero ¿estamos seguros de que no durará seis meses o un año?, es más, ¿estamos seguros de que no se instalará permanentemente entre nosotros, como el dengue o la fiebre amarilla en Sudamérica? No se debe ser pesimista, pero tampoco rebosar optimismo, porque si las cosas no suceden como se esperaba, puede haber un derrumbe emocional generalizado.

De una cosa podemos estar seguros: las cosas no volverán a ser como fueron.

19 agosto 2019

Desacuerdos

Hace dos días estuve cenando en casa de un matrimonio amigo, ella es mi amiga desde hace casi 50 años y él desde hace algo menos; eran compañeros de oficina. Por fortuna, no leen este blog.

Como es normal, durante el tiempo que estuvimos juntos hablamos de todo lo que se nos pasaba por la cabeza y así pude comprobar, una vez más, que los humanos solemos tener el mismo número de ojos, brazos o piernas y que ahí acaba toda la semejanza entre unos y otros.

Era casi imposible estar más en desacuerdo en lo que fuera. Si hablábamos de política, ellos consideraban que en el momento actual el presidente en funciones debería compartir el gobierno con los de Podemos y admitir sin problemas a todos los que este partido propusiera, empezando por esa eminencia llamada Irene Montero a la que ellos veían capacitada para cualquier tarea de gobierno y a la que no ponían pega alguna en cuanto a su categoría personal. Por supuesto, todo esto entre afirmaciones que dejaban bien en claro que la valoración que ambos hacen de mi actitud personal viene a ser la de que soy alguien de ultraderecha, aunque claro está, ellos me aprecian por encima de esta manera mía de ser y pensar. Generosidad incuestionable.

Inevitablemente, pasamos a tratar de la inmigración y de esos barcos que se ganan −muy bien− la vida transportando a todo lo que encuentran, desde las playas de Libia a España. Es inútil que yo pregunte, como hago siempre, qué se supone que se debe hacer con los 31 millones que esperan venirse a España −en 2015 eran 20 millones−, según la encuesta realizada sobre el terreno por el Instituto Gallup, además de otras decenas de millones cuyos ojos están puestos en Francia, Italia, Alemania, etc. A Bulgaria, Rumanía, Ucrania y en general todos los del Este no quiere ir nadie, porque su desesperación no llega a tanto según se ve.

Como es natural, no obtuve respuesta y sí una llamada a mi humanidad y posible deseo de justicia; lo de siempre. No entiendo cómo todos los que se sienten tocados en el corazón por el drama de todos estos africanos, no tratan de dedicar un par de minutos de sus pensamientos a resolver cómo podríamos practicar esa generosidad «hasta el infinito y más allá» sin cargarnos el país que ahora pisamos con nuestros pies.

Por supuesto, se trató el asunto del feminismo talibán que ahora está en alza, pero no quise prestarme a discutir un asunto que, sin duda, está completamente fuera de control. Ahí tenemos de actualidad el tema de Plácido Domingo al que se le arruina su vida profesional y familiar por unos sucesos que se dice que tuvieron lugar hace unos 35 años y sobre los que, por descontado, no se aportan pruebas, aunque se le condena sin más. Obra del #MeToo.

Finalmente, surgió el sempiterno asunto de la homosexualidad. Llegó traído de los pelos por mis amigos cuando yo me encontraba hablando de una obra de alguien a quien admiro como escritor: Javier Marías. Afirmaban que era absolutamente homosexual esperando con ello que yo abjurara de mi admiración y pasara a repudiarlo, ignorando que no condeno a nadie por ser tal cosa y sí por exhibirse como tal. Desde luego que no me gustaría que eso fuera cierto, como no me gustaría descubrir que se trata de alguien con comportamiento rijoso, pero ahí queda todo.

A una hora ya tardía terminamos la jugosa conversación con las tradicionales muestras de cariño y volvimos para casa mientras que yo meditaba de lo asombroso de que ellos y yo no nos atacáramos con cuchillos al tratar de nuestras convicciones. Pura civilización, imagino.   

21 febrero 2019

Niños viejos

Puedo afirmar sin equivocarme que soy casi un fenómeno social: no he visto más de 5 minutos de Juego de tronos y no he oído nunca Despacito. Reconozco que no veo mucho la televisión −salvo noticiarios, películas y alguna serie casi siempre cuando dejan de emitirla− y además lo primero me ha sido fácil porque no me ha apetecido nunca ver los «jueguecitos» ya que me bastaba para rechazarla comprobar quiénes eran entusiastas de ella, como por ejemplo el insigne Pablo Iglesias, que tuvo la insolente ocurrencia de regalarle un paquete con DVD de la serie al rey en una recepción. En cuanto a la cancioncilla ocurrió algo por el estilo y bastaba con que sonara lo de Deeeess... para que de inmediato cambiara de canal, y así me he ahorrado acidez estomacal y rebajar aún más la opinión que me merece el gusto musical de la mayoría.

Me consta que hay una serie de programas-concurso en la televisión porque es inevitable asistir a la publicidad que las propias cadenas hacen si uno frecuenta los telediarios de varias de ellas y a las noticias en la prensa. Sé que existe «Gran Hermano» y sus variantes, «Operación Triunfo», «Master Chef» y sus variantes, «La Voz» y sus variantes...   

Precisamente hoy me ha tocado asistir a este último −sin sonido por suerte− porque he tenido que permanecer media hora delante de un televisor con ese programa sintonizado y ya se sabe que un televisor encendido atrae inevitablemente la mirada de quienes se encuentran por los alrededores. He podido presenciar las morisquetas y aspavientos de la tal Paulina Rubio al tiempo que me preguntaba hasta cuándo va a seguir vistiendo, gesticulando y comportándose como una adolescente la que ya se encuentra muy distante de ese periodo de la vida. No es difícil imaginar que dada su inanidad e ignorancia con certeza formaba parte del jurado y por eso estaba sentada en una butaca enorme. Me pregunto qué rencores nos guarda Méjico para enviarnos a esa maldición capaz de hacer desear a quien la observa la rápida llegada del fin del mundo. Puede que sea una venganza por las rancheras de Bertín Osborne, pero creo que se han pasado un poco en la revancha. Además, este último no se ha quedado a vivir allí; una pena. 

He tenido la ocasión de observar a quienes debían ser los concursantes, esforzándose por dar "lo mejor de sí mismos" y los que parecían miembros del jurado dando consejos. Me asombra, ¿algunos de los jueces ha tenido una carrera profesional de éxito incuestionable?, si no es así, ¿de qué van?

Me olvidaba citar a un concurso que aunque no pertenece exactamente a la misma categoría, me toca ver cinco o diez minutos cuando enciendo la televisión para ver el telediario al mediodía. Hablo de «La rueda de la fortuna», en el que el concursante tiene que adivinar las palabras de un panel mediante la inclusión por goteo de vocales y consonantes.

Todos los concursos son abundantes en la presencia de jubilados −facción «abueletes semirurales»− y en todos me he quedado asombrado por el aspecto y comportamiento de los que asisten como público o concursan: son infantiles hasta el punto que me hace pensar que no les ha servido de nada positivo cumplir años y aprender. Todos los concursantes parecen estar convencidos que con ese tiempo de aparición en pantalla han cumplido con los diez o quince minutos de gloria a los que parece que todos tenemos derecho y aparentan emocionarse como si les hubieran concedido el premio Nobel, riendo y a veces llorando conmovidos. Todo el público corea como niños los estribillos que les enseñan o que han aprendido presenciando en la pantalla de su televisor ese mismo espectáculo cien veces. Todos son inevitablemente niños jugando a lo que les ordenan y felices con ello, niños que lamentablemente carecen de la gracia e inocencia que suelen asimilarse a los infantes.

Y pensar que muchos pensaron cuando apareció la televisión que sería una herramienta formidable para formar a la gente...

03 febrero 2019

Comprando coche

No hay día en que no veamos en la prensa algún debate acerca de lo acertado o errado de lo dispuesto por el gobierno actual: 2040 como fecha límite para la venta de vehículos de combustión interna y desde ya una desincentivación de los vehículos con motorización diésel.

Hace ya 9 años cuando compré mi coche, me convencieron de que lo comprara diésel, porque era menos contaminante, al menos eso aseguraban los expertos. Yo me resistí porque nunca tuve un coche con motor a gasóleo −me parecía más propio de camiones− y porque en mi vida de jubilado los kilómetros anuales descendieron de manera notable, pero la idea de contaminar menos me atrajo y lo compré de ese tipo.

Está actualmente como nuevo, pero uno se cansa incluso de lo bueno, me he planteado comprar un sustituto y ahí he caído en el mismo dilema que todo el que ahora quiere comprar un coche. Hasta ahora uno se planteaba solo si comprarlo de gasolina o gasóleo, pero las posibilidades actuales son muchas en cuanto a los motores: gasolina, diésel, híbrido, eléctrico, GLP, GNC... desafortunadamente el hidrógeno, que quizás sea la verdadera opción del futuro, no está todavía a nuestra disposición.

Como lo del gas no acaba de satisfacer a casi nadie, las opciones se reducen a las tres o cuatro primeras y entre ellas el diésel tiene las de perder porque tras la metedura de pata de la ministra bocazas que soltó aquello de que esos vehículos tienen sus días contados, la gente huye del diésel como de la peste. En mi caso y en el de todos los que tienen un diésel, eso significa que no podemos esperar una valoración favorable de nuestro coche y por lo tanto no podemos contar con lo que nos den para pagar una parte significativa del nuevo.

A la hora de decidirnos por un eléctrico hay que tener en cuenta su elevado precio y falta de autonomía, por lo que no sirve como coche principal o único. Lo que son las cosas, según leo, la fabricación de las baterías y su desecho el día que le llegue la hora, contamina tanto como un diésel en toda su vida útil, pero la moda es la moda. Quedamos por tanto reducidos a dos opciones: gasolina o híbrido. El primero es la opción de toda la vida, la más probada y experimentada, pero en las grandes ciudades estos coches tienen sus días muy contados e incluso no nos valen para acceder al centro de estas ciudades en los días de alta contaminación, que cada día son más.   

Parece que los híbridos son la opción más conveniente, pero no hay que olvidar que son caros y que al disponer de dos mecánicas se pueden multiplicar los problemas y las averías y que el coche pesa más que uno similar con una sola motorización.

A esto nos ha conducido una política cegata que no ha previsto anticipadamente esta situación de la que quizás sea la primera industria exportadora del país (el turismo no es industria), mientras se mantienen en funcionamiento calderas de calefacción de carbón o gasóleo, vehículos pesados que literalmente gasean a los que les rodean y un transporte público no tan excelente como para disuadir del uso del vehículo propio. Para 2040 estará completamente prohibida la venta de vehículos privados de combustión interna, ¿se ha parado a pensar lo que eso significa? Pues que habría que sustituir los que hay a un ritmo de 750.000 vehículos anuales (cálculos oficiales); que para −digamos− 2025 (dentro de 6 años) nadie comprará un coche de combustión −¿qué menos que una posible vida de útil de 15 años? −; que las empresas generadoras y distribuidoras de electricidad nos tendrán en sus manos para todo y que, está claro, harán falta centrales nucleares para producir tanta energía como precisaremos, sin contar con que según nos dicen no hay litio para tanta batería y que la contaminación producida por las baterías desechadas nos matará de verdad al mismo tiempo que los residuos nucleares. Mientras, los optimistas están convencidos de que en cuatro o cinco años habrá baterías no contaminantes, de carga ultra-rápida y del tamaño de una caja de zapatos, que nos darán una autonomía de 2.000 km... Ya veremos, yo no me lo creo.

Entretanto, los «torpes» de los japoneses están promoviendo la compra de vehículos diésel como los menos contaminantes. Lo más gracioso es que eso es cierto para los diésel que ahora se fabrican, pero a nuestra ministra eso no le importa.