10 agosto 2026

Saturación morbosa

Llevamos una temporada que es un sinvivir. Primero, sufrimos una serie de inundaciones y la televisión no habla de otra cosa las veinticuatro horas; después viene el papa y vuelta a lo mismo; más tarde la selección española gana la copa del mundo y tenemos todo el día las celebraciones y, como remate, sufrimos unos incendios y da igual que el programa sea de actualidad, salud, política… incendios todo el día. Desearía un periodo de normalidad-anormal y poder ver algo más que el morbo de lo que realmente le ocurre a otros.  

Parece que el mundo se ha congelado y que no ocurre nada. Viene de visita a España el papa León XIV y todo se paraliza. Durante esos días la televisión pasa a ser telepapa y ya nada ocurre en el mundo, desaparecen las noticias y no sabemos más que sus andanzas por las distintas ciudades que visitó, lo que es aprovechado por la Iglesia católica para barrer para casa todo lo que pueda, y exaltar la religiosidad general.

La selección española de fútbol gana la copa mundial (del mundo de los que juegan) y eso ocupa el 100% del tiempo en televisión durante al menos una semana. No hay nada que no sean hasta detalles morbosos sobre los partidos, la copa y los propios jugadores. Si uno decide hacerse un nuevo tatuaje, tenemos que contemplar hasta cómo se lo hace y, después, aplaudir esa decisión, incluso los que, como yo, pensamos que un tatuaje es un disparate que la gente normal no acomete. Significa marcarse hasta después de muerto generalmente con motivos decorativos como si se tratara de una pared. Con frecuencia, mostrando el nivel de ignorancia del tatuado, por eso Justin Bieber quiso tatuarse el año de nacimiento de su madre y para ello marcó “I XIX VII V” en su pecho; un alarde de desconocimiento. ¿Qué hubiera hecho si ese año hubiese contenido un cero? Porque no es ningún secreto que los romanos no tenían en su numeración ese dígito-concepto, quizás uno de los inventos más valiosos de la antigüedad. 

Estamos ahora, y desde hace bastantes días, inmersos en la tragedia de numerosos incendios forestales que afectan a varas provincias, incendios que unas veces son provocados por pirómanos, otras por descuidos de quienes manejan maquinaria agrícola y finalmente unos pocos iniciados por la caída de un rayo. Hay mucha gente sufriendo por la evacuación a que se les obliga, o por la destrucción de todo lo que poseen, sea su residencia habitual o, en el caso de granjeros, además, de sus animales. Eso es aprovechado para saturarnos y hacernos a todos expertos en incendios: vamos aprendiendo en ocasiones a cómo extinguir esos incendios y siempre a presenciar un relato minucioso de cómo se producen los incendios y en especial cómo se lucha contra su extensión, accidentes que ponen en peligro la vida de muchos bomberos y personal civil y que siempre hace lamentar la pasividad de todo el invierno que debería ser aprovechado para poner remedio a lo que más tarde sabemos que las altas temperaturas y la sequedad excesiva va a traernos: incendios pavorosos que el cambio climático hace especialmente voraces y extensos. Mientras, hay partidos –todos los de la oposición− que niegan este fenómeno e incluso disminuyen, allá donde gobiernan, el presupuesto dedicado a la prevención. Hay que tener en cuenta que la extinción de incendios forestales es en España competencia de las comunidades autónomas, pero estas apenas se encuentran en peligro, solicitan los dispositivos estatales para que sea el Estado quien les saque del apuro. financie y dirija todo el aparato de extinción, casi siempre a cargo de la UME (Unidad Militar de Emergencias) que fue creada por un gobierno socialista –recibiendo numerosas críticas políticas por ello− y que en realidad es para emergencias, no son solamente bomberos nacionales.

En fin, como los incendios persisten, la televisión ha pasado a ser teleincendios y no sabemos por cuánto tiempo persistirá esta situación, que para colmo se repite en el sur de Francia con similar intensidad.