30 julio 2026

Ganaron

Es inevitable, tengo que hablar algo acerca del mundial de fútbol o va a resultar que no soy ni siquiera humano. Acabo de ver en televisión la llegada de la selección española al aeropuerto de Madrid-Barajas y todavía no he podido recuperarme del impacto.

Esta mañana he podido oír al encargado de recoger los cubos de basura de mi comunidad de vecinos decirle a no-sé-quién “somos campeones”. Me pregunto qué ha hecho esa persona para considerar que ha ganado algo a alguien. Lamentablemente es normal, todo el mundo se considera ganador de la copa y de manera inevitable me pregunto si recibe parte de la prima que se da a jugadores, si se ha visto obligado a entrenar durante horas y qué tal ha sido la estancia en Nueva York. Una viñeta de hoy de El País, el diario que suelo leer, muestra a un hincha con una bufanda-bandera que grita “¡mías son las victorias de mi equipo, pero no las derrotas!, ¡yo no puedo hacerlo todo!”.

Lo cierto es que esa es una actitud general, la de considerar que se ha sido parte en el triunfo de la selección española sobre todas las demás, al contrario de mí mismo que me considero ajeno a todo esto del fútbol y de espectáculos deportivos en general. Cualquier deporte es saludable y recomendable; practicarlo, no observar cómo otros lo practican.

He podido ver al bendito Trump esforzándose por salir en la foto y a todos los demás –salvo el presidente de la FIFA, claro– apartándose de él como si fuera un apestado, que lo es. Y hablando de Trump, resulta casi inevitable enterrarlo bajo reproches, insultos y descalificaciones, todos merecidos, pero reconozco que el personaje ha llegado a tal grado de envilecimiento que me cansa continuar aplicándole lo que se merece.

Según parece, se espera que, con la experiencia de los campeonatos ya pasados, mejore el prestigio de España en el extranjero –no en Argentina, por motivos obvios−, aumenten las exportaciones y –dios no lo quiera− el turismo. Esto viene a demostrar una vez más sobre qué motivaciones se construye el prestigio o desprestigio de un país.

Mientras, las personas como yo, a las que resultan indiferentes todas estas cosas, estamos tratando de pasar desapercibidos hasta que todo este movimiento sea agua pasada, conscientes de que a la mínima nos exponemos a un linchamiento sin más remedio. Porque son numerosas las personas que declaran ser indiferentes al fútbol −mentira− pero que sostienen que otra cosa es cuando juega España. Ahí no hay más remedio que sentir entusiasmo y sumarse a las manifestaciones. 

No sé si es verdad o hipérbole, pero en la retransmisión por televisión de la llegada de los jugadores de la selección a Madrid, dijeron que había más de millón y medio de personas. Teniendo en cuenta que la población de la capital no es ni de lejos la de Shanghai, significa que una buena parte de los habitantes han salido a la calle para ver, peor que por televisión, a los que son sus héroes, aunque muchos de estos no sepan ni hablar.

08 julio 2026

Contacto negado

Hasta hace poco tiempo, todo tipo de empresa intentaba que fuera fácil de contactar y para ello en sus publicaciones o su web aportaban todo lo necesario: dirección postal, teléfono, email, etc., pero desde hace poco han decidido que sus clientes no merecen tal atención y ocultan con decisión todo lo que pueda servir para comunicarse con ellos.

He intentado entrar en contacto con mi banco ING y ocultan su teléfono e email. Lo mismo me ha ocurrido con Amazon, TCM y otras con las que he querido contactar infructuosamente. Si acaso dejan una indicación para que sepamos cuál es su presencia en las redes sociales, lo que, en el mejor de los casos, implica que yo debo pertenecer a esas redes para poder comunicarme con ellas. Suponiendo que no me importe inscribirme en esas redes, que sí que me importa.

Mi decisión ha sido algo así como “bueno, que les parta un rayo” y he pensado que para el caso que me iban a hacer no merecía la pena más esfuerzo.

Y es que sin duda, el maltrato de las empresas hacia sus clientes ha aumentado hasta ese extremo. De camino nos introducen en la obligación de poseer móvil y/o Internet. Quizás por eso, un coche que ha comprado mi esposa hace un par de semanas –Toyota, como el anterior− no viene acompañado de un manual de uso y sí de un código QR desde el que podemos descargar ese manual; por Internet, claro.

Resulta que esa información está en pdf y que si usted quiere descargarla ocupa más de mil páginas. Por descontado que deseamos poseer esa información, pero resulta que para ello debemos disponer de un ordenador y/o una impresora y, la verdad, sabemos que cada día los vehículos son más complicados, pero de ninguna manera estamos dispuestos a hacer casi un master para conocer sus entresijos, que ciertamente son muchos. La consecuencia es que debemos soportar contantemente pitidos de múltiples avisos que ni sabemos de qué son ni nos interesan. ¡Cómo echo de menos los automóviles de hace treinta años!

Frente a ello, debo reconocer que hay empresas que de momento mantienen abierto un canal de comunicación, como es el caso –debo decirlo− de Mercadona. He llamado al teléfono que figura en casi todos sus productos para hacer una consulta, me han pedido unas horas para ver la respuesta que corresponde, y me han llamado a pesar de ser un asunto de importancia mínima.

Supongo que a casi todos les da lo mismo que empresas nos permitan comunicarnos o no, porque caminamos hacia un mundo de autistas con nulo interés por lo que nos rodea, pero me parece una actitud suicida porque quienes en realidad mandan en el mundo y disponen de lo que se puede disponer no son los gobiernos, sino las grandes empresas. Es por lo tanto una actitud errónea que, además, nos cuesta dinero. 

Recientemente, he podido comprobar que la mayoría de las cervezas que teníamos la costumbre de consumir, han incorporado a su composición maíz y/o arroz, algo que no tiene nada que ver con la cerveza, pero que abarata la fabricación del producto. Deberíamos poder decir al fabricante que no es eso lo que queremos y, por supuesto, que las autoridades europeas se ocuparan de esta auténtica estafa. Claro que si no hay comunicación…