Digo eso de joven porque a mi edad me importa poco lo que otros decidan que hay que llevar, es más, en ocasiones llegan a horrorizarme como esos pantalones llamados 'pitillo' que luce el presidente actual de mi país, hasta el punto de hacer tambalearse mi propósito de votarle: alguien que se pone “eso” no podría ser buena persona. En fin, puede más la ideología pese a todo…
El caso es que como tengo muchísimos años he visto pasar muchísimas modas y afortunadamente ha ido menguando mi interés por ellas hasta el punto de que ahora me parece de mentecato hacer o llevar algo determinado porque así lo exige la moda. He ido seleccionando lo que me parecía más oportuno y lo que me resultaba más cómodo y así he llegado a ese estilo que presentan los mayores que se cuidan convenientemente.
Miro a mi hijo y me asombro de cómo dos personas próximas pueden ser tan diferentes. Desde que me jubilé abandoné el traje y la corbata (pese a que la corbata me gusta mucho) y voy vestido al modo que en España llamamos de sport, palabra del inglés que no está recogida en el diccionario de nuestra lengua, es decir, pantalón normal o de pana en invierno, camisa normal, un jersey, normalmente fino y el correspondiente abrigo si hace frío. En verano un pantalón que sea fresco y una camisa de manga corta pese a que ahora no está de moda la manga corta. Allá ellos.
Mi hijo viste como si fuera de camping o a coger coquinas (almejas) a la playa, es decir, camiseta frecuentemente con un lema o la imagen de algo y encima una camisa que usa a modo de chaqueta, según gustan los de su generación y posteriores. El pantalón es con frecuencia de tipo que llaman 'pirata', supongo que porque no llega hasta el zapato como debiera. Me asegura que todos en su oficina visten más o menos así. En resumen: para mí un cromo, por no decir mamarracho. Por eso cuando vamos a un restaurante o a un lugar de cierta formalidad le pido que vista más tradicional y, milagrosamente, me hace caso.
Hay una moda que ya dura más de lo esperado y es el tatuaje. Soy radicalmente opuesto a pintarrajear el cuerpo como si fuera el baño de un bar de poca monta, sé que esas pinturas normalmente durarán toda la vida y me asombra esa inconsciencia con la que se adornan actualmente los artistas y deportistas, además de la gente corriente. Lo pagarán caro dentro de unas décadas cuando la tolerancia sobre ese asunto no sea como la actual. Me acuerdo de la actriz Melanie Griffith y sus sufrimientos para borrarse el brazo el tatuaje del nombre del que fue su amor.
Se me había olvidado mencionar la moda en relación al sexo femenino. Como no soy mujer, no es asunto que me incumba en exceso y entiendo que, sin pasarse, es lógico que la mujer esté más pendiente de lo que vaya dictando las modas. Por cierto, que mi pareja no se preocupa excesivamente de este asunto aunque yo le recomiendo no perderlo de vista.
Hay por último una moda que me desconcierta: es de las mujeres y se trata de eso que llaman ‘transparencias’ o, lo que es lo mismo, mostrar todo lo que se posee. Coincide en el tiempo con denuncias de aumentos de abusos y de ahí mi desconcierto, no acabo de entender eso de exhibir lo que se dice querer proteger.
















