No voy a descubrir nada si afirmo que el egoísmo es el que ha permitido a la especie humana sobrevivir a tantas adversidades. Hasta ahora, en que parece que la Inteligencia Artificial va a acabar con la humanidad, según afirman expertos dedicados a ello.
Pero es cierto que llamamos egoísmo a diferentes actitudes que voy a matizar ahora: dice el diccionario de la Real Academia que eso es “m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.”. es decir, que no es propiamente egoísmo cuidar tanto como podamos lo propio, sino cuidar nuestro bienestar olvidando que los demás existen y tienen el mismo derecho a todo. Por tanto para ser un egoísta modélico hay que ocuparse de lo propio sin importar qué pasa con los demás.
Es loable, por ejemplo, agarrar el taladro y usarlo para introducir mejoras en nuestro domicilio, pero deja de ser recomendable si esa actividad se realiza a costa de impedir o interrumpir el merecido descanso de nuestros vecinos. Eso es ser un azote para los demás y en esa materia mi vecino de arriba, por ejemplo, es justamente lo que no se debe ser. A ellos (no sé quién es el ejecutor) les parece normal pasar la aspiradora los lunes a partir de las siete o siete y media de la tarde y hacerlo tan concienzudamente que a las nueve continúa el tormento.
La lucha por la supervivencia está demasiadas veces impregnadas de egoísmo, pues para medrar es preciso casi siempre pasar por encima de los demás. Sin embargo, eso no se suele clasificar de inmoral para pasar a llamarlo con un nombre que es casi un halago: ambición, y la persona ambiciosa es considerada con frecuencia un ser merecedor de admiración. Es decir, que Netanyahu es un ejemplo de ambición digna de ser admirada. Mentira.
¿Les resulta atractivo políticamente –no hay otra manera– Donald Trump? Porque es un buen ejemplo de lo que el egoísmo es o puede ser. Hoy en el desayuno discutíamos mi esposa y yo sobre si ese personaje es egoísta, ególatra o, simplemente, un perturbado. Lo que sin duda es alguien incapaz de verse a sí mismo como pueden verlo los demás y los dos estábamos dudando de que, si verdaderamente cree en dios y en caso afirmativo si se consideraba inferior o superior a él. No es un juicio temerario, pero su manía de ponerle a todo su propio nombre o el de su país deja poco espacio a la duda.
Es inevitable cierto egoísmo porque gracias a él la especie ha podido sobrevivir. Sin embargo, la propia supervivencia no puede ser una excusa para arrasar con todo lo que se nos ponga por delante, con la excusa de que nos jugamos la propia existencia. Me veo obligado a mencionar el caso de Gaza: Israel existe, gracias a una serie de atropellos cometidos para dar lugar a su misma existencia, sencillamente porque se argumenta que su dios les prometió el título de propiedad en tiempos remotos. Eso supone crear un agravio y un rencor que perdurará siglos y no tendrá remedio por más que se intente acabar, mediante un genocidio, con los agraviados.












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