Ayer vi una película en la televisión, de título ‘La trampa’ (Trap) por segunda vez, porque tengo la suerte de olvidar completamente imágenes de cualquier película que no me haya causado un serio impacto. Está dirigida por dirigida por M. Night Shyamalan, a mayor gloria de su hija Saleka Shyamalan. El hombre escribió un guión en el que se precisaba de una cantante y quién mejor que su propia hija para el papel. Para mí, con el mismo atractivo que un zapato viejo, pobrecita.
Como ahora las películas deben durar cerca o más de dos horas para tener derecho a ser consideradas como buenas, esta abusaba del concierto que daba una supuesta cantante de éxito, prolongándolo hasta causar en el espectador verdadero hastío y desesperación.
Quedé horrorizado. La película en su conjunto es tirando a mala, pero lo peor era cómo el guión había sido estirado hasta alcanzar la duración deseada y el espectáculo ofrecido de muchos miles de jóvenes adorando a una cantante a la que no podían ver, dada la distancia y las dificultades existentes. Eso sí, muchas pantallas gigantes de televisión para que puedas verlo… como en casa.
Siempre he creído que las religiones no surgieron por casualidad, sino porque el ser humano en general demanda la existencia de un ser superior y unas reglas por las que comportarse. La casi desaparición de esas religiones ha hecho que los seres adorados hayan sido sustituidos por figuras pop que levantan entusiasmos desmedidos y desproporcionados y así podemos ver que los jóvenes no es que disfruten de sus artistas favoritos, sino que los adoran, los imitan, saben sus canciones incluidas pausas, se aprenden todos sus gestos… hay una actitud religiosa en ellos.
Ya en los años 40 del siglo pasado, Frank Sinatra inició este fenómeno de las fans histéricas, pero no tenía nada que ver con esto. Eran sí, gritos histéricos emitidos cuando él aparecía, pero después se guardaba casi silencio durante el espectáculo porque se trataba de verlo y oírlo.
No es esto todo lo que me inquieta. Pude ver en la televisión unas entrevistas con adolescentes creo que menores de 18 años, y su ignorancia era tal que producía escalofríos. No sabían ningún nombre de los últimos presidentes de gobiernos de España, no tenían ni idea de quién era Felipe González, no conocían ninguna ley, pero opinaban con la firmeza y seguridad como si cada uno de ellos hubiera recibido un Nobel de letras.
Lo peor es que todas estas actitudes se simultanean con una exigencia a la sociedad que no se corresponde con lo que aportan: he llegado a oír como exigían que les pagase el Estado el combustible que precisaran sus vehículos durante el fin de semana. Solo porque son jóvenes y tienen derecho a pasarlo bien.
Mientras, una encuesta patrocinada por la Unión Europea señala que le inteligencia media de los europeos ha disminuido en varios puntos. Se supone que al menos parte de la culpa la tiene el uso continuo de los smartphones. Estos desequilibrados son la sociedad del futuro, los que gobernarán sobre todos. ¿No les produce escalofríos?
Ellos poseerán la Tierra, ellos gobernarán, ellos legislarán, ellos traerán el fin del mundo conocido. No es que los actuales dirigentes sean satisfactorios, pero lo de estos va a ser el final. Espero no estar aquí para presenciarlo y vivirlo.
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