Parece mentira, pero a finales de los años 90 hubo otro, no total, y es el que de verdad me dejó todas las sensaciones que acompañan al fenómeno. Sé que fue por la mañana, porque es cuando yo trabajaba, y como mi oficina estaba casi en medio del campo, salimos unos cuantos (no la totalidad, ni mucho menos) al campo y percibimos todas las sensaciones: la temperatura bajó sensiblemente, se levantó una ligera brisa, se hizo bastante oscuridad y, lo que más me sorprendió, callaron todos los pájaros que normalmente tenían montada una escandalera.
En el eclipse ayer no nos desplazamos mi mujer y yo a ningún lugar, nos quedamos en casa desde donde posiblemente podría verse. Sin embargo, no contábamos que a mitad del fenómeno la luna y el sol se ocultaron tras un edificio –de solo cinco plantas– y no pudimos seguir con la contemplación. Tampoco es que nos perdiéramos mucho; me llama la atención que en el caso de los años 90 apenas hubo expectación y en esta ocasión he podido ver por televisión gente que afirma que se le puso carne de gallina, otros lloraban, algunos se abrazaban y todo estaban impresionados. Lo que hace la publicidad: han sido millones los que han dejado todo y hasta han viajado desde lejos, para ver un fenómenos que dicen que no se repetirá en siglos. No añaden “en el mismo lugar”.
Lamentable o afortunadamente, el día dos de agosto del año que viene, tenemos otro fenómeno similar, aunque en una zona diferente: sur de España y norte de África. Esta vez será a media mañana y no ocurrirá como ayer, que el sol ya estaba casi poniéndose y solo con buena voluntad pudimos distinguir la falta de luz del eclipse con la falta de luz porque, simplemente, se hacía de noche tras la puesta de sol. Por cierto que en esta ocasión también las aves callaron su ruido habitual: todas excepto las cotorras argentinas de cuya aplastante invasión disfrutamos gracias a la incompetencia del alcalde y sus acólitos. Se pasan el día chirriando escandalosamente y acarreando ramitas para su nido, que suele pesar tanto que si cae sobre una persona, lo mata. Es un bicho de color llamativo, pero desagradable y peligroso que pone en peligro la fauna local por la estúpida manía de algunos de comprar ese animalito como mascota y después de algún tiempo, cuando se aburren de ellas, soltarlas.
Mi conclusión es que el eclipse ha servido para poner en evidencia la ignorancia generalizada, si hubiesen dicho que a continuación habría una lluvia de ranas muchos se lo habrían creído, porque la mayoría no sabe siquiera dónde está de pie. Sirva como muestra que en un momento de la retransmisión por televisión, en ese momento desde un avión, el hablante aseguró que estaban a 11.000 pies, en otro momento que estaban a 11.000 metros y finalmente una compañera suya aseguró que estaban a 11.000 kilómetros. Para llorar: no tienen ni idea de la magnitud que supone cada unidad.
Y a propósito: las gafas que usamos fueron las mismas que tuvimos en los 90 para ver aquel eclipse.







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