¿Qué hubiera sido de la mayoría de los ‘periodistas’ si no se les hubiera facilitado con motivo de aquel atentado lo de “zona cero”? En el caso de España, instauró también el uso del verbo ‘colapsar’ a utilizar donde hasta entonces se empleaba ‘derrumbar’. El caso es que este desastre ha sido para estos “profesionales” fuente de inspiración y de recursos, igual que para EE.UU. ha sido una buena excusa para provocar guerras en donde le parecía oportuno.
Hace décadas que no voy a Nueva York, pero antes tenía la costumbre de ir de vez en cuando a esa ciudad y eso me permitió, entre otras cosas, visitar el Empire State y una de las dos Torres Gemelas, la que era visitable. Me ha quedado, aparte del folleto orientativo que entregaban, el recuerdo de la velocidad del ascensor y del vértigo que sufrí al asomarme a aquellas tiras de cristal verticales de la fachada por debajo de las cuales se veían pasar pequeños aviones. Todavía siento escalofríos al pensar que todo aquello desapareció y que en aquel momento los dos edificios estaban llenos de personas, probablemente algunos visitantes como yo, puesto que el día era claro y posiblemente el horario lo permitiría.
En el momento del atentado yo me encontraba comiendo en casa y por lo tanto pude presenciar el espectáculo como si hubiera sido organizado para mi disfrute. Inicialmente, recuerdo que se decía que una avioneta había chocado contra el edificio y nos preguntábamos cómo estaba abierto aquel espacio aéreo y cómo había sido tan burro el piloto como para chocar. El impacto del segundo avión nos sacó de dudas sobre el origen del incidente, cómo había ido ocurriendo todo aquello y cómo iba a reaccionar el país.
Pronto supimos que la venganza era parte de la actuación del presidente Bush y hasta un presidente español, despreciable por cierto, se unió al estadounidense para apoyar las medidas que este iba a iniciar para desgracia de todo el planeta, porque aquello repercutió en todas partes y fue el toque de trompeta para el inicio de los movimientos más exitosos de ultraderecha, esos que hoy en día son el tormento y espanto de toda persona decente.
No deja de ser curioso que ahora, cuando se cumple el 25º aniversario de aquel atentado, el alcalde de esa ciudad sea un musulmán. Por un lado me encanta que tengan un alcalde progresista, pero la verdad es que no me gustaría que el alcalde de la ciudad en que vivo fuera un devoto de esa religión, ¿por qué no un agnóstico?
No le deseo a ningún país sufrir un atentado como el del 11S y tampoco le deseo a ninguno padecer a los Estados Unidos de América y menos con su actual presidente.









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