13 abril 2026

¿Vendrá la ultraderecha?

Hay quien afirma que es una oleada que nos viene porque así toca, como si se tratase de algo similar a esas borrascas que nos traen de cabeza. Sin embargo, algo de eso hay, y coincide con una moda derivada de que si algo caracteriza a las multitudes es la mala memoria y por eso olvidan las experiencias que nos han proporcionado ocasiones previas en las que hemos podido disfrutar de una dictadura.

Los españoles tuvimos la fortuna de un dictador militar con pocas luces, de cuyo fallecimiento se cumplen ahora cincuenta años. Aparentemente, todos estábamos más que hartos de la falta de libertad, pero parece que ahora hay bastantes nostálgicos de los que no conocieron aquello que desean volver a las andadas. Es una moda planetaria: el advenimiento del presidente Donald Trump ha supuesto el apoyo a todas las formas autoritarias de gobierno y ya hay países donde ese autoritarismo ha tomado forma: desde los propios Estados Unidos a Hungría, desde Italia a Argentina, ya hay gobiernos donde el respeto a los individuos y sus libertades se han evaporado sin más.

No tengo carácter ni edad para ser revolucionario, pero no consigo entender este deseo de sufrir carencias. Padecemos un Servicio Nacional de Salud penoso gracias a que esa gestión está traspasada a las respectivas comunidades autónomas, con gobernantes en su mayoría del PP, que como sucede en la de Madrid, prefiere dar miles de millones a sus amigos de Quirón Salud o Ribera Salud antes que a la sanidad pública, lo que deviene en una sanidad infradotada económicamente, que cuando se necesita cita para una especialidad la da para muchos meses después. A mí me dieron de dermatología para 15 meses más tarde, pero no es lo único: si usted tiene la ocurrencia de pedir cambiar la fecha de citas ya concertadas porque le resulta imposible acudir en la fecha próxima fijada, la nueva cita es para octubre o noviembre. Es también algo que me ha ocurrido este mismo mes.

Da igual la comunidad autónoma de que se trate. Es conocido el escándalo de los tratamientos contra el cáncer de mama que ha tenido lugar en Andalucía, donde miles de mujeres fueron abandonadas a su suerte simplemente porque la sanidad que las trataba era pública. 

La derecha detesta todo lo público y por eso las universidades de Madrid sufren un abandono que las lleva a declinar hasta un punto sin retorno. Mientras, las universidades privadas viven una prosperidad inimaginable, gracias a las ayudas oficiales. Lo mismo puede decirse de la enseñanza primaria y secundaria: de los cien mejores colegios de España elegidos por un organismo independiente, ninguno es público, porque ninguno disfruta de la holgura que tienen los colegios privados donde se educa a lo mejorcito de la burguesía o de quienes quieren pertenecer a esa minoría. En Portugal se ha eliminado la subvención a la enseñanza concertada, ¿por qué creen que en España no ha sido posible esa medida? Además, eso permite seguir criticando a la enseñanza pública mientras se sigue facilitando el flujo de dinero público a la enseñanza privada. Es la repetición de lo que se hace con la sanidad: dejar que se pudra para poder criticarla y al tiempo traspasarla a los medios privados, que son los que les dan pasta de verdad.

La democracia consiste en el gobierno elegido por una mayoría, aunque sea un desastre. Pero si, como es el caso, hay quienes como yo desean un gobierno que procure el bienestar de todos, ¿qué pasa?