Es inútil buscarlo en el habla de cualquiera en los tiempos actuales: se trata del verbo ‘oír’, sustituido enloquecidamente por el verbo ‘escuchar’, que ni de lejos significa lo mismo, pero la ignorancia no precisa justificarse. En Hispanoamérica decidieron hace tiempo eliminarlo de su repertorio y a finales del siglo XX o principio del XXI esa mamarrachada saltó el Atlántico y se implantó por sorpresa en España.
Ahora, usted puede sorprenderse al oír en televisión o leer en la prensa que alguien escuchó un disparo, o escuchó un trueno: sorprende, pero eso es lo que hay. No puedo evitar mi susto al contemplar cómo una persona a la que consideraba aceptablemente culta se ha pasado a ese uso erróneo sin pestañear. Yo sigo utilizando los dos verbos y haciendo campaña por ello, aunque tengo que admitir que si mi alcance es bastante limitado, el éxito de mi esfuerzo es todavía menor.
Curiosamente, esos dos verbos continúan existiendo felizmente en los idiomas más conocidos: inglés, portugués, francés, alemán, italiano… pero aquí decidieron que era un esfuerzo titánico distinguir entre oír y escuchar y se adoptó el último de los dos para todo uso, aunque resultara un absurdo. Si usted se molesta en consultar el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, podrá comprobar que ‘oír’ significa Percibir con el oído los sonidos (es decir, usar uno de los cinco sentidos), mientras que ‘escuchar’ es Prestar atención a lo que se oye (cuestión de voluntad), casi nada que ver uno con otro, pero como muy bien ha concluido un estudio de la Unión Europea, la inteligencia en general está disminuyendo, posiblemente debido al uso de los smartphones, y aunque me resultaría extraño puede que esto mismo le termine ocurriendo a lenguas que hasta ahora eran cultas.
La primera acepción de cada definición muestra claramente la diferencia entre ellos; mientras que oír se define con el verbo percibir, escuchar lo hace con la perífrasis prestar atención. Esa es, precisamente, la diferencia entre ambos: escuchar implica voluntad por parte del sujeto, mientras que con oír no sucede lo mismo. Cuando estoy hablando con alguien por teléfono y hay dificultades técnicas en la comunicación me resulta increíble que me digan eso de ‘no te escucho bien’, cuando evidentemente debería usarse el otro verbo.
Es cierto que, de siempre, ha habido cierto uso que mezcla ambas formas, no era difícil oír que alguien había oído un recital de tal o cual cantante, pero eso eran ya costumbres consagradas por el uso y no producían la estupefacción de lo actual.
Aunque no he hecho un estudio a fondo, creo que de momento en América no han hecho lo mismo con otros dos verbos que guardan cierto paralelismo: ver y mirar. Simplemente espero que no cometan con ellos la misma tropelía, aunque si seguimos con el uso intensivo del móvil es algo que no se puede descartar. Me viene a la memoria el brutal método utilizado en La naranja mecánica para obligar a un individuo a mirar lo que no deseaba mirar ni ver.

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