27 marzo 2015

Gobernar en España

Hace tiempo que pienso que, como no me gusta ningún tipo de rodillo en los parlamentos, mi deseo es que ningún partido obtenga la mayoría absoluta, sea el PP, PSOE o Podemos, hasta el punto de condicionar mi voto y hacerme el propósito de no votar al partido que deseo si las previsiones son que conseguirá esa mayoría que permite en la práctica gobernar como si de una dictadura parlamentaria se tratase, mediante leyes no consesuadas con los demás. Actualmente se gobierna con un respaldo del 30,27% de los votantes del censo. Sin escuchar a nadie más, ¿es eso democracia?

De vital importancia, tenemos la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, también conocida como ley Wert, se ha redactado al dictado de un fascista puro cuyo mérito más reciente es haber sido tertuliano en la televisión. Ha sido inútil la protesta de numerosos docentes y estudiantes demostrando documentalmente que la ley es un disparate que perjudica a los estudiantes presentes y futuros y por supuesto a las familias que tienen que financiar sus estudios. Piensa el PP que si se tiene mayoría absoluta, se ejerce.

Tenemos otra ley que acarreará consecuencias fatales a la ciudadanía, la llamada Ley de Seguridad Ciudadana, que junto con las reformas del Código Penal introduce una inseguridad manifiesta en el ejercicio de los derechos ciudadanos y, como muestra, resulta que se pagarán multa de hasta 30.000 euros por concentrarse frente a un parlamento autonómico, hasta 600.000 euros por convocar una marcha a una central nuclear sin comunicación previa y hasta 600 por falta de consideración o respeto hacia un agente de las fuerzas de seguridad. Me gustaría saber en qué puede consistir una falta de respeto cuando hay tres o cuatro agentes golpeando a alguien en el suelo, posiblemente sin haber hecho nada más que pasar por allí, como sucedió en el metro de Atocha hace un año. La inseguridad jurídica queda consagrada.

Casi distante en el tiempo y sufriendo todavía sus consecuencias (y lo que nos queda), está la Ley de Reforma Laboral de 2012, que ha instaurado la precariedad en el empleo y la reducción de normativas de protección al trabajador.

Ocuparía mucho espacio tratar de las numerosas modificaciones o pequeñas leyes que dejan más o menos indiferente a la ciudadanía, pero que sufriremos cada uno cuando llegue la ocasión de sufrirlas, como es la privatización de los Registros Civiles, la nueva Ley de Costas y tantas más que aparentemente sólo persiguen el beneficio de los cercanos al poder (no olvidemos que Rajoy es Registrador de la Propiedad). Por no hablar de la ley del aborto que el finado Gallardón estuvo a punto de imponer.

Decía al principio que aborrezco las mayorías absolutas, pero la primera ocasión en que el multipartidismo se manifiesta en todo su esplendor, léase elecciones andaluzas, sale a flote la imposibilidad de que entre españoles haya lugar para un acuerdo por el beneficio común. La extorsión pasa a ser la herramienta política por excelencia.

Está claro que con sus 47 escaños en el parlamento andaluz, 8 menos que la mayoría absoluta, el PSOE tiene que negociar con otras fuerzas la investidura de su candidata, para que no voten en contra, y ahí llega la oportunidad de cada partido para utilizar sus escaños como si hubiera ganado las elecciones (acordémonos de CiU y sus ventajistas pactos de gobierno con PSOE y PP). El PP pone como condición que el PSOE admita que en próximas elecciones municipales o autonómicas –no acabo de entender si se refieren a toda España o sólo a Andalucía– se admita automáticamente como ganador al candidato de la lista más votada, es decir, que si el PSOE hubiera conseguido 33 escaños y el PP (u otro cualquiera) 32, a este segundo partido se le impediría algo tan democrático como la formación de coaliciones tras los comicios. El PP tiene todavía clavada la espina de las anteriores elecciones andaluzas y quiere cobrárselo en sangre y su candidato declara que "no se da el clima para apoyar a Díaz". Qué feo está no saber perder.

El partido Podemos, que se hacía la ilusión de ganar por mayoría absoluta y cuyo dirigente Errejón aún afirmaba a media tarde del día de las elecciones que esperaba obtener al menos 20 ó 22 escaños, decide, escocido por la realidad de sus exiguos 15 escaños, comportarse como ganadores y exigir la dimisión "inmediata" de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, que no se ejecuten desahucios sin alternativa y que se reduzca el número de altos cargos y asesores. No tienen fuerza para tanto exigir, pero hay que sacar pecho.

Todo eso está muy bien y casi cualquiera lo suscribiría, si no fuera porque la exigencia suena casi a la imposición de su programa de gobierno, olvidando su número real de escaños y que, guste o no guste, Griñán y Chaves no han sido imputados más que como investigados y que cuando el Tribunal Supremo decida será el momento de exigir rotundamente esa dimisión. No se entiende esa pulcritud con estos dos ex-presidentes y, mientras, todo el mundo mirando hacia otro lado con el actual presidente del gobierno que lo es también de un partido del que ha quedado acreditado judicialmente que ha tenido una contabilidad B durante 18 años. Por mucho menos que eso se vio obligado a dimitir Nixon, aunque ya conocemos a este impávido presidente y su lejanía del mundo real.

Ya en la cola, Ciudadanos con sus 9 escaños, cuando aún no se les ha pasado la resaca de este mínimo triunfo, se apunta a esa exigencia de dimisión con la vista puesta en su electorado y en las próximas municipales y autonómicas, le importan un bledo las consecuencias inmediatas en Andalucía. Ellos mismos no se pueden creer que les haya tocado la lotería de poder poner palos en la rueda a los demás.

Finalmente, IU con 5 escaños se desgañita gritando que ellos van a votar en contra, pero nadie les presta atención.

Como resultado de tanta animosidad y prepotencia puede ser que no haya investidura y se tengan que convocar nuevas elecciones, imposible antes de septiembre, manteniéndose mientras la actual presidente en funciones y por descontado que sin poder llevar a cabo ninguna acción activa de gobierno, aunque en mi opinión, debería actuar con rotundidad contra esa red de clientelismo que también parece acreditada y eso sí es muy grave, aunque sea una realidad común en casi toda España. No vale lo de y tú más.

Decía yo –y me reitero– que estaba en contra de cualquier mayoría absoluta, pero de verdad que no sé si es peor el remedio que la enfermedad. 

24 marzo 2015

Limpia, fija, da esplendor y mete la pata - ( y II )

Son muchos los que repiten una y otra vez que la lengua la construyen los hablantes, y es cierto que eso era así antes, pero –y no me canso de repetirlo– las cosas han cambiado y los hablantes dicen lo que les hacen decir los que dirigen el circo, y aquí aparece la fuente del saber más extendida: la televisión. Auténtico flagelo del lenguaje y responsable casi totalmente –junto con la prensa escrita– del desastre en el habla y el desconocimiento de la propia lengua. Si Belén Esteban suelta algún disparate en el programa en el que intervenga, al día siguiente tenemos a buena parte de la población aceptando como bueno lo dicho y quizás practicándolo para mostrar su erudición. ¿Qué sino la televisión –y más concretamente su publicidad– ha implantado el uso de para nada, gratis total o ese chirriante sí o sí?

Actualmente la Real Academia de la Lengua parece que está dirigida por un saboteador de la CIA o del Estado Islámico –casi lo mismo–, al menos en lo que respecta a las manifestaciones que llegan al público. La nuevas palabras incluidas en el diccionario y las nuevas normas gramaticales son en buena parte un conjunto de desaciertos inoportunos que parecen la obra de un hatajo de incompetentes decididos a acabar como sea con nuestro idioma y han sido recibidas muy críticamente por algunos de los que se dedican más o menos profesionalmente al lenguaje. No incluyo a los periodistas, que en su mayoría desprecian con rotundidad lo que debería ser su principal herramienta de trabajo y a los que no importa insistir en los mismos errores un día tras otro.

¿A quién se le ocurrió la idea de eliminar el acento en el adverbio “sólo” que permitía distinguirlo del adjetivo “solo”?, ¿a quién, eliminar la separación entre la partícula “ex” y el sustantivo simple que le sigue?,  ¿quién tuvo la brillante ocurrencia de fijar nuevas normas de acentuación, que han dejado sin amparo a palabras como “guión” o “truhán” y totalmente desconcertados a quienes ya sabían colocar correctamente las tildes?, ¿qué objeto tiene aceptar en el diccionario palabras y expresiones como “airbag”, “glamour”, “folder” o “polución” (en el sentido de contaminación) y tantas más de inmediata y fácil traducción a nuestra lengua?, ¿quién fue el iluminado que patrocinó la inclusión en el diccionario de almóndiga?  Si en vez de decir airbag usáramos balón, bolsón, almohadón, bolsa inflable o algo parecido nos produciría extrañeza de momento, pero con la ayuda de los fabricantes de automóviles, en poco tiempo sería asimilado. Por el contrario, esos fabricantes nos venden cada novedad en inglés, porque así es más fácil que se acepte y se pague. Un ejemplo: hasta los años 30, en España no existía la palabra deporte y se utilizaba normalmente sport y era esa palabra la que encabezaba las secciones de los periódicos. Cuando se españolizó producía rubor y risa su uso, según leí; ahora no concebiríamos prescindir de la forma española. De paso una pregunta al respetable: ¿por qué se sigue diciendo en fútbol eso de corner si su significado es simple y directamente esquina?

He oído declaraciones de académicos afirmando que con las nuevas normas se persigue que las personas que no tienen muchos conocimiento puedan escribir sin faltas. Eso me recuerda el tremendo error de los sistemas de enseñanza españoles desde hace decenas de años. Con la intención de que todos los alumnos de segunda enseñanza pasaran de curso y terminaran sus estudios, se rebajó el nivel de exigencia y el resultado es que si antes quedaban repitiendo curso unos cuantos jóvenes poco dotados intelectualmente, ahora disponemos de una juventud cuya preparación básica es muy inferior a la de antaño. Se ha nivelado por abajo, y después nos asombramos y lamentamos de los resultados en los informes PISA.

Hace ya un par de años caí en un error que después me causaba risa, pero que de momento me produjo desconcierto. Leí en la prensa una noticia cuyo titular comenzaba “El expreso de ETA…” y yo instantáneamente interpreté que había alguna línea de ferrocarril en la que viajaban con frecuencia terroristas y a la que los periodistas, tan aficionados a inventar apelativos, habían dado en llamar así. Siguiendo con la lectura me reí al caer en la cuenta de que se referían a un ex convicto de ETA, nada que ver con los ferrocarriles. Una gracieta evidente, consecuencia de esa innecesaria norma de unir prefijo y sustantivo…

En fin, son bastantes los que se manifiestan en desacuerdo con las últimas disposiciones de la RAE, pero si quieren leer la crítica muy expresiva de un ciudadano, pulsen aquí.

19 marzo 2015

Lapidación en la red

Joven siria lapidada por tener cuenta en Facebook
Hace poco más de un mes, publiqué una entrada titulada El buenismo agresivo en la que trataba de denunciar a quienes con la máscara de la bondad o la protección de los animales, dan en verdad rienda suelta a sus instintos más crueles y encima dibujan una sonrisa en su rostro mientras son aplaudidos por buena parte de la sociedad, entusiasmada por su incuestionable humanismo. Es curioso, pero esa entrada es la menos leída entre las 20 últimas, de donde parece deducirse que a casi nadie le interesaba el tema o que se consideraban absolutamente libres de culpa. Puede ser cierto, pero…

¿Hay alguien que no se haya horrorizado al ver en las películas –antes– o en los noticiarios de televisión –ahora– escenas de crueldad escalofriantes, ejecuciones en frío, lapidaciones, linchamientos, etc.? Es natural, cuesta aguantar la visión de la sangre y nos retiramos horrorizados o apagamos la televisión para evitar el espectáculo. Lo malo es que la gran mayoría no se da cuenta de que a diario son miles quienes con un solo dedo, pulsando el teclado del ordenador o del móvil, están llevando a cabo con su cooperación una acción similar, pero con la cobardía añadida –que ya es añadir– de que no han tenido que significarse, vociferar, ni presenciar la sangre derramada.    

Ayer, en primera plana de un periódico, he podido ver contiguos dos de estos casos a los que me estoy refiriendo.

Primero: un cuidador de delfines casado y con dos hijos, que ha consagrado su vida a esos animales, ve como se difunde un vídeo de 99 segundos –subido por un par de ONG: FAADA y SOS Delfines– donde él aparece maltratando aparentemente a los que estaban confiados a sus cuidados y les dirige frases insultantes, dudo de que los delfines tengan sensibilidad como para percibir esas ofensas orales. Posteriormente se descubre que el vídeo estaba amañado, que la banda sonora no era la original y que los golpes a los animales se han simulado acelerando los cuadros donde él toca con normalidad a los delfines, para que pareciera que los golpeaba. Ahora aparecen quienes incluso aseguran que poseen horas y horas de grabaciones de auténtico maltrato, pero llegan  tarde, ha habido más de 200.000 visionados del falso vídeo, le han dirigido amenazas de muerte y hasta ha habido una manifestación en Atlanta para que se anule su contrato. El hombre iba a salir hacia Atlanta (EE.UU.) en donde le habían contratado, pero al llegar al aeropuerto de Mallorca, donde residía, lo piensa mejor y se quita la vida en el aparcamiento, no presenciará nada de aquello. Para los gratuitamente crueles, se ha hecho justicia.

Sólo por curiosidad, ¿se han metido alguna vez en el agua a jugar con delfines? Yo lo he hecho; son ciertamente amistosos, pero se les da una patada y no parecen sentirla, le rozan a uno con esa piel que en los documentales parece tan suave como la seda y producen –a mí me ocurrió– una abrasión en la propia que permanece durante días. Está claro que no se adiestra a un bicho de ese tamaño lanzándole indirectas y miradas malévolas.

Segundo: tengo que confesar que ni es tan grave ni me importa demasiado, porque afecta al ridículo mundo de la moda y la canción y no ha llegado a morir nadie, aunque las consecuencias podrían ser serias si se empeñan. Según parece, los fundadores de la marca Dolce&Gabbana a la que dieron nombre, han declarado que no les gusta el matrimonio homosexual ni la adopción de niños por esas parejas. Ojo, se trata de que dos personas han expresado una opinión, algo a lo que se supone que todos tenemos derecho, pero llama la atención que los declarantes son homosexuales y anteriormente formaban pareja sentimental. No han pedido que fusilen a los que se casen o adopten niños, sino que han ejercido ese derecho a expresarse, a discrepar.

De inmediato ese otro homosexual –puro hortera, por cierto– llamado Elton John ha montado en cólera y ha exigido el boicot mundial a los productos de esa conocida marca. Enseguida, otros integrantes del mundo de la «música» se han contagiado de esa cólera y ya han dicho que se suman a ese boicot e incluso alguno llega a afirmar que quemará todas las prendas que posee de esa marca. En la red ya hay quienes expresan sus deseos de que los protagonistas de las declaraciones pierdan la vida y supongo que ya les estarán llegando amenazas, en este caso debo suponer que procedentes de esos ardientes defensores de algunos derechos humanos.

Mi madre, unos años antes de fallecer, presenció en un telediario la noticia de que unos perturbados, supuestos defensores de los animales, habían arrojado una lata de pintura roja sobre una señora que llevaba un abrigo de pieles. Desde entonces, atemorizada, se negó a ponérselo por miedo a tropezarse con uno de esos desalmados. Mientras, en España hay más de 850.000 licencias de caza y otros tantos cazadores a los que esos animalistas podrían enfrentarse en los cotos de caza, pero es más cómodo y pilla más a mano acosar a quienes lleven prendas de piel por la calle. Además, no portan escopetas. Hay que ser prácticos.

Y después, llamamos salvajes a los que lapidan personas en ciertos países árabes. Todos los fanáticos son despreciables, sean del ISIS o de ciertas ONG.

16 marzo 2015

Limpia, fija, da esplendor y mete la pata - ( I )

Aviso de entrada de que no me considero ni muchísimo menos legitimado para enmendar la plana a la Real Academia de la Lengua, pero sí poseo cierto derecho como hablante y amante de la lengua española, castellano si prefieren, a exponer algunas consideraciones sobre esa docta institución.

Cuando era niño y estudiaba en el colegio, ya nos repetían una y otra vez el lema de la Academia, hasta el punto de que lo tengo tan grabado como el padrenuestro –versión preconciliar–. Y no soy el único, creo que toda mi generación y algunas posteriores han sido aleccionadas sobre la fundamental tarea que realizaba y la importancia que suponía para nuestra lengua, frente al desamparo de otras como el inglés que puede que disfruten de una libertad absoluta sin instituciones que la tutelen, pero que por razones que desconozco no tiende como nuestro idioma a la disgregación y a la pérdida de su esencia, que la tiene o quizás, la tenía.

Durantes muchos años, bastantes, cada vez que se planteaba una duda de cómo era y qué significaba una palabra, acudíamos al diccionario y lo que ahí veíamos zanjaba cualquier discusión. Mucho me temo que todo eso ha desaparecido, el diccionario de la RAE ya no es de fiar y yo soy el primero que desprecio a veces lo que en él se dice y me salto también con toda intención los cambios que se van introduciendo en la gramática.

Quizás sea que la globalización no permite que una lengua como la española, que no tiene detrás la expresión de tantos descubrimientos científicos y técnicos como se producen a diario, pueda sobrevivir adecuadamente, pues inevitablemente el acoso del inglés es muy difícil de resistir y ahí tenemos al francés, que hasta mediados del siglo pasado era considerada la más grande de entre todas las lenguas modernas, se encuentra ahora mismo agujereada, gusaneada, por ese otro que arrasa. Y me consta que han hecho lo que en España ni hemos intentado: resistir y hacer campañas para lograr que barbarismos que se le iban colando cada día fueran sustituidos por los equivalentes ya existentes o su traducción al propio francés. Creo que ha sido inútil, y su empeño en imponer –por ejemplo– sac gonflable en vez de airbag ha fracasado, por esa manía tan extendida de hablar inglés sin saber inglés, propia de los iletrados y los tontos.

También influye –para mí negativamente– esa democratización y extensión del derecho a dirigir la evolución de la lengua a los países americanos de habla española, que desgraciadamente viven en lo cultural embobados e influenciados por su vecino del norte y que han sido el portón trasero por el que se nos han colado tantísimos disparates en nuestra propia habla.

Pero nada de esto tiene a mi juicio tanta importancia como la oleada de ignorancia acompañada de osadía que preside actualmente la sociedad española. Para muestra, un recuerdo: cuando yo era niño conocía a unos braceros, unos campesinos; era gente ignorante y como no les gustaba exhibir su ignorancia, prudentes, de pocas palabras; he tenido la oportunidad de escuchar no hace mucho a nietos de alguno de ellos y opinan de todo, lo saben todo, gritan para que otros aprendan y se regodean satisfechos porque son unos enteraos, ellos ven la televisión. Hace años, el que no sabía callaba y a veces escuchaba; hoy el que no sabe, grita y desprecia el saber ajeno.

La lectura sigue siendo en España una afición minoritaria –pese a que una encuesta publicada hoy diga que lee como media el 63,3% de la población– y el enriquecimiento que aporta su práctica es un valor menospreciado por la gran mayoría, que prefiere la televisión, convencidos de que eso culturiza mucho y que leer es un sacrificio doloroso que no merece la pena.

He oído alguna vez contar a Richard Vaughan –el profesor de inglés– acerca de su propio padre, que nunca había leído un libro, porque tras leer unas pocas páginas saltaba a leer la última de la obra, para conocer el final. No era capaz de percibir que el placer no está en saber cómo acaba un libro, sino en gozar de su contenido página a página.

11 marzo 2015

Estupidez popular

Aunque contar esto no contribuya a aumentar mi popularidad, tengo que decir que cada día sobrellevo peor la compañía de mis supuestos semejantes, sobre todo cuando forman multitudes o se manifiestan en toda su crudeza. Me remito a lo que hace tiempo me dijeron irónicamente aquí y yo he aceptado como cierto: no tengo este blog para ganar amigos, pero bienvenidos sean los que se consideren tales.

Hoy he dado un paseo por un bello parque cercano a mi casa, bello porque posee todo para serlo y además la entrada está controlada para evitar balones, comida, bicicletas, animales, etc. intentando evitar que el pueblo llano acabe con esa belleza. Como me temía, el día primaveral que disfrutamos ha hecho que aquello se llene de domingueros indeseables, convencidos de que son únicos en el mundo y que por lo tanto pueden gritar o bloquear los paseos sin preocuparse de los demás, y de gente que obtiene como único placer de su estancia en aquel lugar privilegiado la posibilidad de hacerse fotos junto a lo que sea que llame su atención, algo natural si el parque está solitario –ya raramente– pero difícil de soportar si uno debe estar deteniéndose contínuamente para que el artista de la fotografía dispare su –no precisamente– instantánea. Pero lo que más me ha indignado cuando tomaba aliento en el banco de una pradera, era una pareja que portaba uno de esos enormes palos extensibles –yo diría que de al menos un metro de longitud– para hacerse autofotos, y el elemento masculino de la pareja lo usaba incluso para hacerse fotos en solitario, parece que no confiaba en la habilidad de su acompañante. Con ese palo daba carreritas de un lado a otro haciéndome pensar al principio que se trataba de un palo de golf, un putter.

Llueve sobre mojado. Ayer noche casi me caigo de la silla cuando atendía al telediario, en el que aparecían imágenes de las inundaciones en la provincia de Zaragoza, y la propietaria de una granja declaraba que tenía a todos sus caballos aislados por el agua, pero que lo sentía sobre todo por uno (¿una?) que en una semana iba a dar a luz.

Hace ahora uno o dos meses ya tuve la oportunidad de escuchar esa misma perla en el mismo telediario –hay que tener en cuenta que la televisión es un vivero de analfabetos–, referido a no sé cuál animalito, pero pensé entonces que el hablante había ingerido más alcohol de la cuenta y no controlaba los disparates que soltaba; esta repetición me ha dejado claro que la epidemia de incultura, buenismo y corrección política que padecemos ha llegado al extremo de que se emplee esa expresión –que no es más que un eufemismo utilizado sólo con las humanas para evitar el más contundente parir–  en vez de la correcta, que debe herir la sensibilidad del hablante o, vaya usted a saber, la del animal en estado de buena esperanza o si lo prefieren, embarazado.

Hoy mismo, en su artículo semanal en El País, se queja Javier Marías de la indiferencia y naturalidad con que la mayoría de los indignados y apasionados partidarios de Podemos acepta el hecho de que el señor Monedero se haya comportado exactamente igual que aquellos a los que critica. Una amiga mía que se ufana de ser más de izquierdas que nadie y que promete ser una de sus votantes, lo defendía argumentando que es normal ocultar el dinero que se gana si es que se puede hacer. Qué voy a decir. Por encima de todo, hay que considerar que ese dinero lo ganó –dice Marías– «ocupando un despacho en el mismo palacio que Hugo Chávez», al fin y al cabo un militar golpista. Tan militar y tan golpista como Franco (aunque no tan asesino). Claro que don Javier no se hace ilusiones con el personal y eso lo deja claro día tras día en sus escritos.


Después de haber escrito lo anterior, leo en la prensa y veo en televisión que tres atracadores en Almería han sido identificados porque uno de ellos se hizo un selfie mientras atracaba, con la pistola en la mano y utilizando para ello un móvil robado en el lugar. Creo que me he quedado corto con lo dicho más arriba.

07 marzo 2015

Corazón dividido

God save Madrid
Supongo que todo el mundo entiende situaciones como la que el título de esta entrada sugiere. Hay ocasiones en que uno no sabe qué partido tomar, si decantarse por la hija, tan mona, o el varoncito, tan ambicioso. No sabe uno si preferir a Adolf Hitler, tan genocida él, o a Harry S. Truman, el hombre a quien no le tembló el pulso al ordenar el lanzamiento de las dos bombas atómicas. Uno no tiene muy claro si es mejor Irán o Irak, más aún teniendo en cuenta que se escriben tan parecidos…

Bueno, algo así me ha producido escalofríos al saber de la elección por el dedazo de Rajoy de Cristina Cifuentes como candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid y de la tan profesional Esperanza Aguirre (a) o terror dos policiais como candidata a la alcaldía de la capital. Es llamativo que la primera de ellas casi entregara su alma a dios cuando conducía una motocicleta y que la segunda tratara de entregar a dios el alma de algunos policías –incluso motorizados– en una de sus más sonadas aventuras. Esta mujer es una especie de Sandokán con calcetines.

No es demasiado lo que se sabe de Cifuentes, salvo que es la pesadilla y ruina de los que se manifiestan en demanda de alguna reivindicación –no digo si justa o no, para no ser parcial– y que es una vieja guardia en las filas de la derecha –perdón, centro-derecha–, pues ya militaba en este partido cuando pretendían ser popular, pero se conformaban con ser sólo una alianza: Alianza Popular.

De Esperanza Aguirre sabemos más, mucho más, no en vano ha ido ocupando puestos de relevancia desde que oímos hablar de ella por primera vez. Alcanzó la fama cuando ocupó la cartera del ministerio de cultura y se le atribuye aquella metedura de pata de confundir al escritor Saramago con la bailaora Sara Baras. No lo presencié, así que no puedo dar fe de ello.

De todas maneras, sí es verdad que nos tenía engañados a casi todos, que la veíamos como una boba sin malicia y sin más trascendencia. Nos equivocamos; sí tiene malicia, y eso empezamos a comprobarlo cuando ocupó la presidencia del Senado, ahí ya comenzó a dar muestra de su capacidad para arrasar y pasar por encima de quien fuera.

Un episodio que ni siquiera se puede calificar de rocambolesco, pues se trató simplemente de un vistoso alarde de corrupción, dio con ella en la presidencia de la Comunidad de Madrid y ahí fue cuando floreció en todo su esplendor como una especie de Margaret Thatcher castiza, un personaje al que ella dice admirar. Pena que no dispusiera de unas Malvinas para exhibir poderío como hizo su ídolo.

Le faltaba la alcaldía de Madrid –sigue los pasos de su detestado Gallardón– y el presidente que tanto precisa de un logopeda le ha dado la oportunidad, porque todos sabemos que, pese a los denuestos y murmuraciones acerca de muchos asuntos turbios como lo de las elecciones de las que hablo más arriba, el affaire de la estación del AVE en Guadalajara o sus correrías desde la Gran Vía a su domicilio perseguida por la policía, tiene más posibilidades que otros competidores de su partido de conseguir el puestecillo, cuesta creerlo, pero hay gente a la que le gusta ese comportamiento tan desenfadado y chulesco que la caracteriza.

Decía yo que tengo el corazón partío y de verdad que es así, porque al espanto de que el PP conserve su poder en la Comunidad y alcaldía de Madrid se une que no sé a quién desearle más que se estrelle: si a la pretendidamente progre Cifuentes o a la liberal Aguirre, la auténtica, única y verdadera cólera de dios. Pero por encima de todo, me dan arrebatos de alegría al ver que el bueno de Rajoy nos ha quitado de en medio esa gloria ratonil llamada Ignacio González.

03 marzo 2015

Amor a segunda vista

Se acercan las elecciones y, casualmente, esa circunstancia coincide con un repentino amor de los políticos hacia los ciudadanos, amor que cuando menos debería despertar las sospechas del respetable. ¿Fue Winston Churchill el que dijo que era la democracia el peor régimen político, exceptuando todos los demás? Bueno, qué más da, no cabe duda de que es una frase tramposa pues no dice nada y permite ser utilizada por cualquier trilero, como él mismo lo fue. Es curioso que este notable fumador comenzara su carrera en nuestra guerra de Cuba, tuviera nombre de marca de cigarrillos y perteneciera a la familia de los duques de Marlborough, de resonancias literalmente tabaquiles. Demasiados humos.

No hace mucho tuvo lugar el debate sobre el estado de la nación y en él nuestro amado e intelectual presidente tuvo a bien inaugurar oficiosamente la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas de casi toda España del próximo 24 de mayo (22 de marzo en Andalucía), tomando por una vez la iniciativa de algo. No le han faltado expresiones acerca de lo encantado que está de haberse conocido ni de lo mucho y bueno que lleva hecho por España hasta el momento. Tampoco manifestaciones de desprecio y descalificación personal hacia el líder del partido opositor; qué democracia es ésa en la que un presidente le pide a ese líder que se vaya del Congreso y no vuelva, al tiempo que lo califica de patético.

Hasta no hace mucho se decía que los números cantan, pero me temo que hoy en día los números desafinan, a la vista del manejo que el gobierno se permite falseándolos sin sonrojo. Otra cosa es que los demás tengamos también esa percepción del fabulador presidente, yo más bien diría que considerando lo que se comenta en la prensa y lo que comenta la propia ciudadanía, no hay mucha conciencia de todos esos bienes que nos han caído encima sin darnos ni cuenta.

Al mismo tiempo y como cabía esperar, se ha deshecho en promesas sobre un futuro que de seguir contando con él –según asegura él mismo– más que de vino y rosas será de puro ibérico y Vega Sicilia, pues parece que todo va a transformarse repentinamente: esos parados que tanto abundan se encontrarán de repente con un trabajo fijo y bien remunerado, esos dependientes sin asistencia por parte del estado contarán con todos los medios que precisen, esos enfermos a los que no se les suministran los medicamentos precisos para su supervivencia dejarán de sufrir esa carencia y además se les dará pastillitas de limón refrescante… Y así todo, nunca podríamos imaginar la fortuna que se precipita sobre nosotros.

Pero no es el único, todos los cabezas de fila de los partidos se apresuran a manifestar lo mucho mejor que estaremos si son ellos los elegidos y cuán profundamente nos aman. Por supuesto, cuentan con la ventaja innegable de que peor que el gobierno actual es imposible hacerlo, así que por esta vez es verdad que van a mejorar nuestra situación si es que, como se espera, el partido en el gobierno actual pasa a ser una fuerza de segunda fila.

El PSOE se apresura a presentar candidatos que hagan pensar que ya no es como antes, en que incumplían sus promesas con todo desparpajo, y ahí tenemos como candidato por Madrid a alguien que seguramente aumentará las posibilidades de ese partido porque parece persona cabal.

Contamos con la estrella e incógnita de estas elecciones: el virginal Podemos –o sus franquicias– que promete cambiar las cosas de verdad, aunque sus líderes actúen demasiadas veces según los viejos usos y mentirijillas. A estas alturas no me creo que nadie vaya a inventar la rueda, pero ya hablaré cuando vea cómo actúan.

Izquierda Unida, haciendo caso omiso a su nombre, ha conseguido superar el nivel de discordias internas a que nos tenía acostumbrado. Una pena, porque si algo le falta a la izquierda –aparte de estabilidad– es precisamente esa unidad que cada vez está más lejos y que reduce las expectativas del conjunto de las fuerza progresistas.  

Detrás se agitan partidos como Ciudadanos –Ciutadans para el PP, que no pierde comba– del que se dice que será el Podemos de la derecha o del centro-derecha, si prefieren. Aumentan sus expectativas y su líder ha conseguido inexplicablemente auparse por encima del casi anonimato anterior, pese a aquel cartel electoral de hace años donde aparecía tal y como dios lo trajo al mundo, pero un poco más crecidito. No creo que le ayude demasiado el que muchos piensen que no es más que una versión extendida de su original regional.

Por detrás queda UPyD un tanto desdibujado y que no consigue ser portada de ningún periódico, puede que haga llegado al final de su trayecto. Le siguen todos esos partidos regionales, alguno de ellos tocado por la corrupción hasta en sus esencias, pero parece que cuentan con votantes inamovibles, del tipo pase lo que pase. Finalmente, no hay que olvidar a los independentistas catalanes, empecinados en lo suyo pero un poco alicaídos ahora, ignoro cómo se lo montarán para animar a sus fieles y marear al resto.

¿Nos los creemos? Por mi parte, espero que los jóvenes estén llenos de fe y animen el panorama, porque lo que es a mí me pillan bastante cansado de tantos éxtasis y decepciones inmediatas, ¿de verdad que la democracia es esto? Si es así me temo que no suscribiré muy convencido aquella frase del rufián británico, porque de momento las cosas aquí no funcionan democráticamente, los ricos son cada vez más ricos y a la cárcel sólo van los pringaos.

Al final nada nuevo, pero ¿hay algo nuevo?

26 febrero 2015

Llegaron los turistas. Se acabó el turismo

Hice mi primer viaje al extranjero allá por los 60, cuando aún el franquismo miraba con ojos de sospecha al que quería viajar al exterior y fue con un pasaporte válido sólo para un mes y por descontado con aquella coletilla impresa con un sello en las primeras páginas que decía: no válido para Rusia y países satélites. Más adelante, en los pasaportes más modernos, y como eso de países satélites resultaba un tanto críptico, fue sustituido –bajo el epígrafe de “este pasaporte es válido para”– por un sello que decía TODO EL MUNDO y a continuación añadía “excepto” y ahí se relacionaban los países del lado oscuro como Albania, Mongolia exterior, Rep. Popular China, U.R.S.S., Yugoslavia, etc. etc.

Nada de eso me afectaba, porque yo seguía el catecismo de los españoles de entonces; Portugal no era un extranjero de verdad, había que ir a un extranjero auténtico y eso significaba París, el hogar de todos los libertinajes y la torre Eiffel. Fuimos un amigo y yo en tren, debiendo transbordar en Hendaya y como cabía esperar llegamos hechos polvo a una residencia de estudiantes en la rue Jean Jacques Rousseau con cinco camas por habitación, pura privacidad. Eso sí, la torre Eiffel no estaba todavía saturada de visitantes y usted podía, si le apetecía, arrojarse saltando graciosamente la barandilla de una de las plataformas visitables, porque aún no existían esas mallas metálicas que a mí me hacen sentir claustrofobia.

Pese a todo, aquello era turismo. Pocos visitantes en monumentos y museos, uno se desenvolvía felizmente por la ciudad con sólo las limitaciones impuestas por un conocimiento deficiente del francés, pese a que era el idioma estudiado en el colegio.

Nada que ver con lo actual, en el que el turismo se ha transformado en una industria de producción en serie y en el que el turista es movilizado por las agencias como si de una mercancía se tratara (ya sé que no siempre es así, Ángel). Eso por no hablar de los divertidos aeropuertos y sus humillantes inspecciones, los aviones y sus confortables asientos. Quizás sea París la ciudad extranjera que más veces he visitado y he comprobado cómo en cada nuevo viaje la cosa estaba peor que en el viaje anterior, aunque lo cierto es que París es tan bonito que más que una ciudad parece un parque temático, como por razones diferentes también lo parece Nueva York.

Ahora se viven tiempos de turismo de masas y hay que aceptar como cosa natural que si usted visita –por ejemplo– el puente Carlos en Praga, tenga que abrirse paso a codazos para desplazarse de un lado a otro, que hacer una foto resulte casi imposible porque habría que poner vallas como las de la policía. También puede plantarse en el puente antes de las ocho de la mañana, pero lo considero incompatible con el placer que asocio a las vacaciones.

Comprendo que todo el mundo quiere viajar, aunque sea pidiendo un crédito para hacerlo o prescindiendo de lo preciso, y que hay que ir tachando países y ciudades que vamos conociendo, en ese álbum imaginario, como aquello que decíamos de NOLO y SILO, la cuestión que me planteo es si esos turistas conocen aceptablemente su propio país. Por otro lado, si dicen los químicos que un medio queda contaminado con la presencia de sólo un elemento extraño, imaginen cómo está ahora Venecia, la Capilla Sixtina, el Empire State, el Louvre, etc. Colas, colas, colas… Leí hace poco no recuerdo dónde, que era imposible acercarse a la Gioconda porque una masa de gente, aparentemente inamovible y nada permeable, permanecía de espaldas al cuadro haciéndose la inevitable autofoto (selfie para los políglotas) precupándose tan solo de que su rostro quede contiguo al cuadro en el plano de la foto. De hecho yo he vivido esa situación de hormiguero –pero sin autofotos– hace unos tres años. Curiosamente, la cercana Victoria de Samotracia permanecía casi solitaria.

Por eso fundamentalmente, me resisto como puedo a los asaltos de mi mujer, que reclama desplazamientos a donde sea (excepto África y “países” satélites) y sé que tendré que ceder, pero creo que el turismo de verdad ya no existe, aquellos románticos viajeros europeos del XIX, los primeros turistas, son ya más utopía que historia. 

22 febrero 2015

La letal Alemania

Laboriosos alemanes ejerciendo de tales,
menos uno que dispara contra Zeus
Que los alemanes son laboriosos, organizados y disciplinados es algo que no creo que nadie discuta, pero de ahí a tenerlos como referente a imitar por parte de cualquier país va una distancia enorme. Incluso convendría que los medios de comunicación dedicasen su atención a abrir los ojos de la ciudadanía, habitualmente convencidos de que si todos fuéramos como Alemania otro gallo nos cantaría.

Para empezar, parece que nos olvidamos constantemente de que ese país modélico es el principal actor de las dos guerras mundiales y directamente provocó la segunda, cuyo saldo fue una Europa arrasada y arruinada y casi cien millones de muertos, sin olvidar que probablemente sin la ayuda de Hitler no habría habido guerra civil en España, pues la cosa se habría limitado a un golpe de estado que, al fracasar, no habría pasado a guerra al no disponer los golpistas de armas y apoyos. Como travesura, la aventura de los alemanes no es una minucia y creo que hace que esa balanza con la laboriosidad y disciplina de un lado se incline hacia el opuesto, el de los daños y consecuencias de su belicosidad. Ni siquiera los turcos en su etapa más agresiva (siglo XVII), Napoleón cuando invadía todo, o los españoles cuando les dio por declararle a guerra a todos los que no iban a misa, causaron un daño parecido. Una cosa es que dejemos a un lado la mortandad causada por los alemanes –no es cosa de pensar en ello cada día al levantarnos– y otra muy diferente que lo olvidemos. Recuerdo lo que decía Woody Allen en una de sus películas: cada vez que escucho a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia. Puede que no se llegue a tanto, pero así se mueven más o menos esos ciudadanos a los que tanto admiramos.

Da que pensar lo que descubro según leo la historia de ese país modélico y hoy llega la gota que colma el vaso en forma de un artículo periodístico donde se desmenuza cómo Alemania se ha comportado en lo relativo al dinero, con detalles que en su mayoría he podido comprobar en otras fuentes.

Por abordar sólo el problema más inmediato, resulta que sólo la deuda con Grecia contraida con motivo de los daños causados durante la ocupación alemana alcanzaría y superaría la actual deuda griega a la Unión Europea, de hecho el economista francés Jacques Depla, asesor del gobierno de Sarkozy, la estima en un valor actual superior a los 575.000 millones de euros, 162.000 millones según otras fuentes claramente moderadas. Pero es que hay más. Durante esa ocupación, con un gobierno títere impuesto por Alemania, se obligó a Grecia a concederles un préstamo equivalente a 3.000 millones de euros actuales (476 millones de marcos de entonces), que nunca ha sido devuelto. "Si se aplica –se dice– el interés medio de los bonos estadounidenses como punto de referencia, la cantidad que Alemania debería pagar a Grecia sería de 163.800 millones de dólares", otras fuentes más templadas lo cifran en 54.000 millones, creo que sin contar intereses.

Alguien podría inclinarse por exclamar, ¡pero por favor, esa deuda es de cuando Alejandro Magno! Pues ni mucho menos; ni las finanzas internacionales tienen un tempo como el que tenemos las personas, ni las deudas se perdonan por las buenas. Como ya decía otro día, no ha sido sino hasta 2010 que Alemania ha terminado de pagar la deuda que tenía con sus acreedores al terminar la 2ª GM y que en parte provenía de la 1ª GM. No quiero ser pesado, pero es bueno volver a decir que esa deuda tuvo una quita del 62,6% y que Grecia (y España) estaba entre los que perdonaron. Supongo que no tuvo otra opción, como la España franquista.

Es peligroso meterse a comentar nada relacionado con Israel, pero no está de más recordar también que desde 1951 Alemania sigue pagando indemnización a Israel por los judíos muertos durante la guerra, según el Acuerdo de Luxemburgo. Se trata de un caso insólito en el derecho internacional, puesto que Israel no existió como país hasta 1947. Claro que no es lo mismo indemnizar a los poderosos judíos que a los débiles griegos.

No es tan difícil ni milagroso que un país se recupere tras una guerra terrible si, como Alemania, recibe el perdón de buena parte de sus deudas y las enormes ayudas que le llegaron con el Plan Marshall, ése que nosotros vimos pasar de largo porque aquí los fascistas seguían en el poder.


Para leer artículos sobre el asunto de la deuda, basta pinchar aquí o aquí o incluso aquí

17 febrero 2015

Adiós, crisis. Hola, mentirosos

El fin de la crisis que llevamos arrastrando desde hace bastantes años es como el punto G: algo de lo que todo el mundo habla, con lo que muchos parecen emocionarse, pero que nadie ha demostrado que sea real. Que el gobierno que sufrimos y sobre todo su presidente, no pare de proclamar que la crisis está prácticamente terminada no es más que otra de esas falacias a las que nos tienen acostumbrados.

¿Puede hablarse de ese final si tenemos con mucho el porcentaje de parados más alto de Europa y según dicen hasta los más optimistas, ese porcentaje no bajará del 20% hasta 2020 o 2021?, ¿de verdad ese porcentaje es un horizonte esperanzador para los españoles?, ¿es que no saben que hay casi 13 millones de españoles al borde de la pobreza o ya plenamente en ella?, ¿no les da vergüenza hablar de recuperación?  

Lo de que "si no les da vergüenza" por descontado que es una pregunta retórica, a estas alturas se sabe que la vergüenza es un sentimiento del que este gobierno y su partido carece totalmente, no porque yo lo diga, sino porque ellos se han tomado un gran esfuerzo por hacerlo evidente día tras día.

Tenemos muy mala memoria y desgraciadamente la poca que tenemos la gastamos en banalidades y en recordar la alineación de la selección española de fútbol, pero quien lleva las riendas de nuestra economía, el actual ministro del ramo Luis de Guindos, es alguien que en 2003, cuando era secretario de estado de Economía en el gobierno de José María Aznar –de infausta memoria y esperpéntico presente– decía en 2003 que en España no hay burbuja inmobiliaria, sino una evolución de precios al alza que se van a ir moderando con más viviendas en alquiler y más transparencias en los procedimientos de urbanismo. Estaba claro que sabía por dónde andaban las cosas, todo un visionario.

Pero eso no es nada. Cuando era director para España y Portugal de Lehman Brothers, el banco americano que desencadenó la crisis y que en buena parte fue responsable de ella, dijo en 2008 que esa crisis no afectaría a España. De nuevo en toda la diana. Por menos que eso se ganó Zapatero fama de inepto, aunque todo el mundo recuerde lo de Zapatero –ya se ocupa el PP de rememorarlo cada vez que empieza a olvidarse– y nadie se acuerde de los espectaculares aciertos de ese profeta tan poco fotogénico. Estaría bien que se tuviera en cuenta que teóricamente es economista y que se mantiene en observatorio privilegiado para poder observar la marcha de la economía mundial.

Cuando estalló la crisis, todo el mundo se quedó espantado, hasta los propios pretorianos del liberalismo económico, y fue nada menos que el entonces presidente francés Nicolás Sarkozy el que afirmó rotundamente que el capitalismo debería de ser refundado. ¿Alguien ha oído decir algo acerca de esa refundación? Creo que confundió refundación con reforzamiento.

Pero no hay problema, en España tenemos memoria de pez –¿de verdad esos animalitos la tienen tan mala?– y cada semana se nos olvida lo que se ha dicho la semana anterior, quizás porque las novedades son tan potentes que arrasan con lo previo. No obstante, ¿se acuerda alguien de aquellas decenas de miles de millones prestados a la banca, que Rajoy prometió cien veces que serían devueltos hasta el último céntimo?, ¿menciona alguien los casi treinta mil millones sacados por el gobierno del Fondo de Reserva de las pensiones, al tiempo que se ufanan de ese misérrimo 0,25% de incremento de las pensiones que va a persistir durante años mientras nos recuerdan que Zapatero las congeló un año?

Un Charlie Rivel sin gracia
Ahora tenemos otro episodio de Bankia, la historia interminable. Se calcula que supondrán unos 600 –o más– millones las indemnizaciones por su fraudulenta salida a Bolsa, pero el estado permite que la entidad asuma sólo 260 y el resto lo pagamos los españoles –a través del FROB–, como siempre. Y Bankia seguirá declarando beneficios... 

No está de más recordar que el gran escándalo económico del franquismo, el que se conoció como caso Matesa, supuso en su día el equivalente en pesetas de 60 millones de euros. Una fruslería que debe producir carcajadas a Blesa o Rato.

12 febrero 2015

Y ahora... ¡¡sin música!!

Ya he comentado en alguna entrada el estado de postración en que –a mi inmodesto juicio– se encuentra la música popular, sea pop, rock o cualquier otra. No es tampoco una idea absolutamente mía, pues cualquiera pudo leer hace unos meses el estudio que mediante ordenadores llevó a cabo una universidad de EE.UU. o Reino Unido (no recuerdo exactamente) y que había llevado al descubrimiento de que no había nada nuevo en música popular desde finales de los 70, porque desde entonces prácticamente todo ha sido ruido, mala repetición y plagio de lo anterior, algo que muchos ya intuíamos. Se ha perdido el amor y el respeto a la música.

He calificado de desagradable y penoso para un auténtico amante de la música los ídolos actuales, desde Lady Gaga a Justin Bieber, pasando por Miley Cyrus, Rihanna, Nicki Minaj (a las que parece que la ropa les estorba para cantar) y tantos esperpentos a los que la juventud adora y que llenan estadios, con sus fans incluso haciendo cola ante las taquillas de esos estadios durante días –con sus noches– para tratar de conseguir una entrada que les permita reverenciar de cerca a esos monstruos de la música. Es curioso que la mayoría de las estrellas musicales del momento sean femeninas y que ellas sean partidarias de exhibir el máximo de su superficie corporal mientras actúan. ¿De verdad estas estrellas "cantan" o simplemente disponen de buenos físicos, buenos mánagers, buenas mesas de sonido y todo ese hardware y software que oculta la realidad sonora?

Por supuesto y para que no parezca que detesto sólo a los músicos jóvenes, en entradas anteriores he manifestado mi desprecio por viejas glorias que todavía andan dando la murga, desde Madonna a los ya vetustos Rolling Stones, de los que pienso que nunca aportaron nada a la música, sí al escándalo, al espectáculo. La simiente de lo que ahora estamos padeciendo.

La fórmula es sencilla y los agentes y mánagers musicales deben tenerlo en un manual para entregar a las futuras estrellas de la música. Hay que partir de una situación de fama anterior por lo que sea o bien disponer de un cuerpo que sea una base aceptable para lo que se hará a continuación. Se les pone un kilo de silicona en cada seno (hay mucho varón sin cerebro) y lo que aguante por otras partes, y ya está. Bueno, con la advertencia añadida de que deben tatuarse aquí y allá y que al menos uno de esos tatuajes esté en un lugar íntimo que más tarde puedan exhibir por todas partes y ocasiones como fotos y vídeos robados.

Como nueva opción para desterrar la música de las manifestaciones musicales, florecen los concurso de "tocadores" de guitarra sin guitarra y parece que se lleva la palma el de Oulu, en Finlandia –Air Guitar Festival–, un lugar al que acuden multitud de espectadores para presenciar cómo unos convulsos participantes de varios países fingen tocar la guitarra gesticulando en el vacío. Lamentaba la presentadora del telediario que daba la noticia que no concursara ningún español... ¡una auténtica calamidad, oiga!

Ahora todo vale y la música es sólo una entelequia y para la mayoría, un producto de consumo de masas. Si aparecieran desde el más allá The Platters o Elvis Presley o la mismísima Concha Piquer –por poner sólo tres ejemplos– pensarían que habían aterrizado en un extraño planeta de perturbados. Y tendrían razón.

08 febrero 2015

Los dos Vargas Llosa

Hace muchísimo que leí a este autor por primera vez, hace nada menos que 45 años, creo que fue su novela Los cachorros, no podría decir quién o qué me lo recomendó, pero sucedió que me gustó aquella forma de escribir y desde entonces he ido leyendo casi toda su producción, incluyendo artículos en prensa y hasta algún discurso.

Una tras otras he ido leyendo todas sus novelas y por descontado que ha habido algunas que me estusiasmaban y otras no tanto, pero siempre reconocía que tenía una manera magistral de relatar, aunque algún amigo me dijera que aquello era pura literatura de consumo. A mí me seguían encantando esas obras que me enganchaban y que eran tan deliciosas y apetecibles en cualquier estado de ánimo, así que defiendo a este escritor como tal, por encima de otras consideraciones.

Quizás yo peque de falta de profundidad en mi visión, pero diría que en general sus obras pueden calificarse de progresistas en muchos sentidos y que al autor le disgustan las dictaduras y la falta de libertad, que es tolerante con los demás y entiende sus errores, algo con lo que me gusta identificarme.

Pero ya he dicho que también leo sus artículos en la prensa y veo las personas con las que se codea y eso me causa tal desagrado que casi lo calificaría de repugnancia. Verle en las fotos compartiendo espacio con gente tan poco recomendable como Esperanza Aguirre hace que a uno se le caigan las escamas de los ojos y se quede apenado con el comportamiento de este caballero. Leyendo sus artículos queda casi todo explicado.

Hoy precisamente acabo de leer en El País uno titulado El harakiri y pese a lo que ya he leído y sé sobre él me descorazona, porque no es que se trate de una persona con ideas políticas opuestas a las mías, es que además parece carecer de intelecto, algo imposible de aceptar tratándose de él, pero no sé a qué conclusión llegar y la única posible es que este individuo es un caso extremo de personalidad dual, Mario Jekyll y Pedro Hyde. Como intuí ya antes de empezar a leer con tan solo ver el título, el artículo trata sobre los griegos y los resultados de sus últimas elecciones generales. Según cabe esperar, dispara toda su artillería sobre Syriza y su líder Tsipras y yo, que no conozco a uno ni otro como para pronunciarme, quedo asombrado de que hable sobre el evidente error cometido por los griegos –votando a quienes han votado– tras años en los que hasta las cuentas del estado entregadas a la Unión Europea fueron falseadas por el partido entonces gobernante (así lo relata). De ahí pasa a burlarse del deseo del nuevo gobierno griego de renegociar la deuda del estado y termina en unas loas bochornosas a esa especie de Thatcher alemana que es la señora Merkel, difícil de entender que alcancen ese grado si no recibe subvención del gobierno alemán (y estoy seguro de que no es así).

¿Es que este hombre es tan obtuso que no sabe que quienes falsearon las cuentas del estado fueron los del partido Nueva Democracia, colegas del PP?, ¿es a ese partido a quienes deberían votar los griegos en vez de a Syriza, a aquellos que les condujeron a la ruina?, ¿es que no ha oído hablar de que en 1953 Alemania ya renegoció su deuda con sus numerosos países acreedores consiguiendo una quita del 62,6 por ciento (lo he dicho en este blog hace poco)?, ¿es que renegociar la deuda sólo puede hacerlo Alemania?, ¿hubiera aconsejado entonces a Alemania que volvieran a votar al partido nazi?

Bueno, vamos a seguir leyendo a Vargas Llosa y pasemos por alto sus opiniones en política para no terminar tirando sus obras a la basura, al fin no será el primer intelectual que cuando interviene en política resulta ser un auténtico zote.  

06 febrero 2015

El buenismo agresivo

Varias veces me he quejado en mi blog de la epidemia de buenismo que arrasa en el país. La cantidad de gente que –de boquilla– está dispuesta a marcharse a Sierra Leona a cuidar enfermos de ébola o que desea que en España entren por Melilla todos los africanos que lo deseen, es posible que alcance un porcentaje sorprendente. Nunca he entendido esta supuesta buena voluntad en una sociedad que se distingue por su falta de empatía.

Hoy sin embargo he comprendido que ese buenismo no es más que la cara aparentemente amable con la que se disimula generalmente un espíritu revanchista y partidaria del linchamiento del que se salga de la fila.

Ha sido al leer un artículo de un diario digital pretendidamente de izquierdas, en el que se daba la noticia del posible procesamiento de los directivos y responsables de un hotel que hace un año se negó a acoger un grupo de 55 afectados por el síndrome de Down.

De los 26 comentarios que el artículo ha recibido cuando escribo esto, 23 critican el rechazo, llegando al extremo de amenazar con “ya nos encargaremos algunos de que nadie lo pise de nuevo” (el hotel de marras), insultando a los empleados del hotel y expresando incluso el deseo de que esos empleados sufran daños físicos o queden en el paro para toda la vida.

Entendería una reacción visceral de algún comentarista que tuviera un familiar cercano con ese problema del síndrome de Down, pero no creo que sea el caso, se trata de lanzarse sobre los autores exigiendo su linchamiento, en una expresión paradójica de que quienes se enternecen por lo acaecido a unos africanos, no tienen escrúpulos en desear la muerte civil o física de otros más cercanos, sin más pararse a reflexionar. Los comentarios que más abundaban eran aquellos que pedían la identificación del hotel (señal inequívoca de que no leían el artículo completo ni otros comentarios, pues este nombre se daba al principio) para tomar represalias contra el establecimiento.

No estaría mal reflexionar sobre lo que en dos de los tres comentarios que entienden el proceder de los empleados del hotel se dice: “Si yo estoy en un hotel para descansar y aparecen por la puerta 55 discapacitados adultos que no niños, con síndrome de Down de los que arman bullas, chillan, tiran los platos al suelo, se pelean, etc... salgo de allí echando leches y pido la cuenta.” y otro: “Es ilegal que los perros lazarillos de los ciegos se les niegue la entrada a los restaurantes ¿verdad? Pues nada, juntamos 300 ciegos con 300 perros y nos metemos en una pizzería acogiendonos a la ley y convertimos la pizzería en un caos, y si nos echan de allí es que el pizzero es un nazi.”.

No sé si son los mejores ejemplos, pero sirven para ilustrar el escasísimo interés de unos por entender las razones de otros y los extendidos deseos mal contenidos de linchar a quienes se nos pongan por delante. No me creo que esa bondad y compasión de las que tantos alardean sean reales.  

04 febrero 2015

Resistencia a la autoridad

No para de debatirse sobre la nueva ley de seguridad ciudadana, un paso más para que el ciudadano se encuentre de todo menos seguro (y conste que me considero persona de orden). Lo que no puede ser es que casi todo esté prohibido y, peor, que la policía vea despejado el camino para comportarse como esas de otros países a los que los ciudadanos se les mueren al menor descuido.

Escribo esta nota aún impresionado por lo que acabo de ver en el telediario: hay un joven en la acera, al lado del cual se detiene un coche-patrulla de los mossos d’esquadra. El joven permanece quieto, pero cuatro mossos se precipitan sobre él tras salir del vehículo y directamente lo empujan y comienzan a golpearle. Según afirman, el joven mantenía una actitud sospechosa, algo que como todos sabemos es detectable, agresivo y peligrosísimo. En esto, como en otras tantas cosas, Cataluña va muy por delante del resto de España. Si excesivamente violento es el comportamiento de las policías en nuestro país, los mossos tienen poco de tales y mucho de acémilas y poseen ya un largo historial de muertes, torturas y arbitrariedades.

Habitualmente no me sumo a todas las condenas a las actuaciones de la policía, no cabe duda de que la acciones de algunos violentos merecen una respuesta rotunda, pero golpear sin más a este joven, igual que se ha hecho en tantas manifestaciones arremetiendo contra personas que sólo ejercían un derecho, es simplemente actuar con la misma brutalidad que las fuerzas del orden de esos países que todos tenemos en mente y, gobierne quien gobierne, eso es algo contra lo que nos debemos rebelar.

Puedo aportar una mínima experiencia personal –no comparable– que me ayuda a comprender la indignación de tantos atropellados violentamente. Hace ya más de un año, tomé el metro para acudir a la consulta de un médico especialista bastante alejado de mi domicilio. A mitad de trayecto un grupo de hombres compuesto de tres vigilantes y dos inspectores del metro me pidieron mi billete a los que mostré de inmediato el que llevaba: uno de esos abonos de diez viajes con una pequeña banda magnética en los que por ese medio y gráficamente, mediante impresión, se cancela el viaje al pasar el billete por el torno. De inmediato, el inspector que había tomado mi billete me dijo que tenía que acompañarles porque yo no había pasado el billete como debería haber hecho. Fue inútil que yo afirmara que estaban equivocados, me dijeron que tenía que bajarme con ellos en la próxima estación y así se me obligó haciendo caso omiso de mis protestas explicando que me harían llegar tarde al médico y si se imaginaban que yo, a mis 70 años, iba a saltar por encima del torno.

Allí me quedé en el andén, arrimado a la pared y con cuatro de los energúmenos rodeándome amenazadoramente, ardiendo yo de ira y con todos los que circulaban a esa hora por el andén mirándome sospechosamente, convencidos de que debía de tratarse de un terrorista internacional. El quinto individuo se marchó con mi billete, supuse que para verificar algo.

Al cabo de un cuarto de hora volvió y me devolvió el billete con un simple lo siento, sin nada que se pareciera a pedir disculpas. Según parece, en la estación por donde entré, la canceladora del torno por el que pasé no tenía tinta para imprimir y dejar constancia de ese paso, pero sí hacía la cancelación magnética. No tengo que decir que a la vuelta, en mi estación, pedí un formulario de reclamación –el empleado del Metro me dijo que ese torno llevaba así más de un mes– que rellené y entregué en el momento y que al cabo de más de un mes me fue contestada argumentando que ellos –Metro de Madrid– estaban facultados para retener a cualquier persona sospechosa. Y a aguantarse. Por descontado que llegué tarde a la cita médica.

Si en vez de ser alguien de edad hubiera sido un joven impaciente, que se hubiera zafado momentáneamente de los vigilantes e intentado escapar para no llegar tarde a una cita, ¿cómo habría terminado la aventura?

Observe la foto de más arriba y piense: ¿cuántos policías hacen falta para detener al joven que está debajo de todos ellos?, ¿qué terrible delito había cometido y qué arma agresora portaba?

01 febrero 2015

Obsolescencia programada

Casi todo el mundo ha oído en los últimos tiempos la expresión obsolescencia programada y muchos incluso hemos visto algún documental más o menos exhaustivo sobre el asunto. Para los que no sepan de qué se trata, aclaro que esta expresión hace referencia a la fabricación de bienes de consumo a los que intencionadamente, de una u otra forma, se le asigna una duración limitada con objeto de obligar a los consumidores a reponer el bien.

Lo que se sabe sobre este asunto se ha extendido y ya no es ningún secreto que desde la lavadora a la impresora están programadas para no durar demasiado. En el caso de la impresora se llega al refinamiento de tener un contador de páginas impresas y de tiempo de vida para que sea el que llegue antes al tope el que determine su final.

No hay solución porque es cosa sabida que estamos en manos de fabricantes y comerciantes sin escrúpulos a los que sólo interesa despojarnos de nuestro dinero y obligarnos a ir a la tienda a comprar más o menos lo mismo una y otra vez.

Ahora, me gustaría que quien lee esto se detuviera a pensar sobre el mismo tema, pero acerca del ser humano. Todos hemos oído una o muchas veces aquello de “haré al hombre a mi imagen y semejanza”, si la Biblia fuera escrita hoy diría “haré a la mujer y el hombre…” porque ya se sabe que eso de considerar que la referencia al hombre es la referencia al género humano ofende a las feministas impacientes por cargarse el idioma –y el Génesis– al precio que sea.

¿No les parece que esa promesa de creación tiene truco? A ver, si nos hizo a su imagen y semejanza era de esperar que estuviéramos fabricados con buenos materiales y que nuestra duración, si no eterna, fuera menos dolorosa y sin todos los fallos que preceden a la extinción. Me da la sensación de que subcontrató nuestra creación a los chinos y de ahí tanto fallo de funcionamiento, yo diría que fuimos creados también con obsolescencia programada y para colmo con incumplimiento de la palabra dada, pues, si somos semejantes, ¿cómo es que antes de los 70 años –de promedio– comienza a haber fallos en nuestro cuerpo que tenemos que ir arreglando como podemos temporalmente hasta que finalmente nos extinguimos tras numerosos sufrimientos, dolores y penalidades, propios y de quienes nos rodean?  

Al llegar a cierta edad y de manera casi democrática (hasta Botín), todos vamos dejando por el camino parte de lo que somos para acabar –a veces ni siquiera– como un simple recuerdo en la mente de algunos. ¿Hay derecho a eso, más aún cuando el supuesto inventor y creador del asunto sigue imperturbable sin disminución de sus capacidades?

En fin, si yo fuera creyente, me levantaría cada mañana maldiciendo al chapucero que creó este cuerpo tan complicado sin preocuparse lo más mínimo de su durabilidad y de los sufrimientos que causaría su deterioro. Ya le daba yo...

29 enero 2015

¡A por los griegos!

En anteriores entradas no he disimulado mi escaso entusiasmo por Syriza y por esos que dicen ser sus hermanos en esta piel de toro (estaba deseando una oportunidad para soltar esa memez), pero  me encuentro espantado al ver que todos esos extraviados se han transformado en el objetivo a batir del PP y de los gobernantes europeos en su conjunto.

Han dirigido el grueso de sus baterías contra ellos, dejando al PSOE algo huérfanos de ataques, pero aunque se dedica mucho tiempo y esfuerzo a intentar acabar con el nuevo enemigo común, siempre habrá su ración de maldad para sus adversarios de siempre.

No he conseguido oír una sola vez en TVE referirse a Syriza o Podemos sin calificarlos necesariamente de radicales –concretamente, izquierda radical– para intentar ser como la gota de agua en la piedra que en este caso cale en la mente de los españoles que esa gente solo van a traer desgracias y que van a ser como una maléfica mezcla de Stalin y el patético Nicolás Maduro.

Han ganado las elecciones en Grecia y de inmediato los europeos se han lanzado a asegurar que no se les va a perdonar ni un euro de la deuda. Parecen olvidar lo que la prensa recordaba el otro día sobre la conferencia europea de 1953, en la que los 25 países acreedores de Alemania acordaron una quita del 62% de su deuda (Acuerdo de Londres). Entre esos países se encontraban los muy pobres –y más, entonces– España y Grecia. Todo, porque se admitía que con aquella enorme deuda, Alemania no iba a levantar cabeza jamás. Por cierto que el 38% restante de la deuda terminaron de pagarla los alemanes en 2010, 57 años más tarde.

Ha cometido Syriza el tremendo error de no incluir como coartada ninguna mujer en su nuevo gobierno, y eso ha provocado de inmediato que se lancen contra ellos hasta los que son tan feministas como John Wayne. Ni se les ocurre que en este momento sólo dispusieran de varones para ocupar los cargos de ministros o alguna otra razón válida; las cuotas han de mantenerse por encima de todo, aunque el resultado sea una Bibiana Aído o una Fátima Báñez.

Como cabía esperar, su prima de riesgo se ha elevado de inmediato por encima de los 1000 puntos, lo que significa que es imposible cualquier endeudamiento para atender lo más urgente, porque los intereses que se derivan de esa prima de riesgo son simplemente pura usura. Todo vale, todo con tal de cerrarles cualquier fórmula que haga viable su gobierno y conseguir quitar de la cabeza a cualquier otro país del sur que hay otro camino que el marcado por el BCE y Merkel.

Por cierto, los finlandeses –y parecían tontos…– han remachado que por su parte no perdonan ni un euro, están repitiendo desde hace un tiempo que de quitas a quien sea y cuanto sea, ni hablar. Me temo que odian a la humanidad por no comprarles ya sus teléfonos Nokia.

27 enero 2015

Podríamos

Nadie lo diría, pero hace sólo unos meses que casi nadie había oído hablar de Podemos, hoy resulta que ha superado en intención de voto al mismísimo PSOE y hasta al rey de las mayorías absolutas, el PP, ¿qué ha pasado para que lleguemos a esta situación?

No hay que ser licenciado en Políticas ni politólogo diplomado para encontrar las razones principales de este éxito, se llama populismo, aprovechamiento de la coyuntura socio-económica incluido. Han mezclado el hartazgo de la mayoría a causa de los recortes y por la corrupción generalizada, prometiendo al tiempo lo que a casi todos nos apetece oír.

Hay que tener en cuenta que, de manera general, la justicia social es un tema perdido, pues al egocentrismo extendido y a la globalización reinante se junta el dominio universal de la derecha, de las organizaciones empresariales, de las multinacionales y de los organismos y países que controlan buena parte de lo que se mueve por el mundo, tal y como el FMI, el BM, el BCE, la UE, USA y lo que para mí es lo peor de lo peor: la OMC (la Organización Mundial del Comercio) y los Tratados de Libre Comercio bilaterales o multilaterales. Dicho sea sin olvidarnos de Alemania y su Führer Merkel.

Lo he dicho muchas veces, miren las prendas que llevan puestas en este momento, examinen sus pequeños electrodomésticos y sobre todo sus aparatos electrónicos (tabletas, móviles, ordenadores, etc.). Desde la camisa a los calcetines y quizás los zapatos, desde su pimpante iPhone a su portátil HP, todo está fabricado en China o en sus países satélites, sea Pakistán, Tailandia, etc., ¿de verdad creen que esto no tiene más consecuencia?

Usted está tan contento de poder comprar ciertas cosas tan baratitas –que cada día son menos baratas– y no se fija en que simultáneamente ha desaparecido casi todo el tejido industrial de consumo establecido en España, desde fábricas de camisas a fábricas de televisores. Eso significa paro, déficit en la balanza de pagos, ruina, bajón del nivel de vida. ¿Cómo vamos a competir con fábricas asiáticas que pagan a sus empleados el equivalente a entre dos y cuatro euros al día?, ¿les parece normal que se pueda comprar unos alicates en un bazar chino por dos euros (un regalo) y en la ferretería de siempre por doce euros (un robo)?

Disfrutamos actualmente de un gobierno calamitoso, que sólo ha sabido enriquecer a los suyos, mentir y seguir los dictados de doña Angela, llevando a la población a un estado de ruina inaceptable, de manera que al tiempo surge, como cabía esperar, el partido oportunista –populista– que promete arreglar todo y que dice todo lo que estamos deseando escuchar. Desbanca a todos los partidos establecidos, sin excepción, y hay muchos de sus incondicionales que deberán tomar tranquilizantes para ser capaces de aguardar hasta las próximas elecciones generales, cuando esperan presenciar la subida al poder de su mesías Pablo Iglesias y su vehículo político Podemos.

De verdad que me gustaría equivocarme, pero estoy convencido de que todos esos inocentes, que no saben que los reyes son los padres, se van a ver frustrados cuando llegue el momento de la realidad. El otro día le preguntaban al gran timonel en televisión cómo iba a implantar la jubilación a los 60 años (perdón, ya dicen que a los 65) que prometía y la jornada semanal de 35 horas (las dos, aspiraciones muy justas de todos). La respuesta exacta no la recuerdo, pero era más o menos que llegado el momento lo estudiarían. A la iglesia católica y su presencia omnímoda en todos los estamentos del estado ni la nombran, quizás porque no quieren debates que puedan arrebatarles votantes creyentes. Teniendo en cuenta que Pablo Iglesias ya se desprendió de sus piercings y limitó su aspecto rebelde al asunto capilar, está claro que no quieren presentar ninguna arista antes de conseguir esa mayoría absoluta con la que sueñan.

No milito en ningún partido y ninguno cuenta incondicionalmente con mi voto, pero yo diría que es mucho más sensato dejarse de nuevos partidos (vean la historia de Italia de hace unos 20 años) y emplear todo el esfuerzo en depurar los existentes, por aquello de no repetir los ciclos. Todo lo demás puede estar condenado al fracaso y lo que es peor, a la frustración. No hay que olvidar que la materia prima de todos los partidos son los ciudadanos, españoles en este caso, y ya sabemos que eso no da para mucho...

Como es tradicional en España, debemos ser pocos los que hemos leído el programa inicial de Podemos, parece mentira que siempre caigamos en la misma trampa. La gente vota según el aspecto del líder y lo que dice en sus arengas, olvidando lo que decía el veterano Anguita: programa, programa, programa.

No soy profeta y desconfío de quienes afirman serlo, así que no puedo decir exactamente lo que sucederá, pero a grandes rasgos podría ser que no le votarán tantos como dicen ahora las encuestas, luego no alcanzarán ninguna mayoría absoluta. Después se enfrentarán a la realidad de que no es lo mismo prometer que gobernar; pasado cierto tiempo se desinflarán y quedarán como uno de esos partidillos residuales (UPyD, Ciudadanos, etc.) y su líder se dedicará a otros menesteres, porque está claro que él sólo juega para ganar. Y se acabó, más o menos.

Aclaro que todo lo que digo no implica que rechace rotundamente dar mi voto a estos señores, porque por encima de todo está votar contra los que nos han llevado a una situación ruinosa, hacerles temblar –una tentación– al ver que el poder se les escapa, reteniendo solo la alcaldía de algún pueblecillo, pero antes de votar a Podemos me gustaría contemplar cómo actúan cuando toquen poder.

26 enero 2015

Seis meses después

Me costó trabajo decidirme a cerrar el blog –quizás debería decir dejarlo en hibernación– hace ya casi seis meses, produce escalofríos ver cómo pasa el tiempo. Como se pueden imaginar, también he pensado y repensado lo de abrirlo de nuevo. Aquella decisión se ha tambaleado algo ante la insistencia de un par de amigos para que revierta esta postura y aportaban su razonable argumentación de que si voy a seguir escribiendo, mejor ponerlo aquí y que se airee aquello que pienso sobre algunos asuntos. No sé, quizás soy demasiado indeciso, quizás aquellos argumentos que daba para el cierre siguen pesando en mi ánimo porque siguen siendo ciertos…

La cuestión es que he decidido volver a poner algunas entradas, pero sin considerarme obligado a ninguna frecuencia determinada y también considerando la posibilidad de no publicar algunos de los artículos que escribo porque me parece que a veces tienen demasiado parecido con unas confesiones y esas son cosas que no me gusta exponer ni seguramente agrade en exceso a quienes entren por aquí. No siento excesivo entusiasmo por los británicos como individuos, pero hay características suyas que me agradan y procuro seguir, entre otras, la exigencia de un espacio físico propio, no me entusiasman esas efusiones tan hispanas de los abrazos, los palmoteos en la espalda y el toqueteo en los brazos u hombros mientras hablamos con otros o ese arrimarse en exceso a y de los demás cuando no hay necesidad o viajamos en transporte público.

Durante este tiempo he seguido leyendo algún blog que me gusta por su sentido del humor o por el tema al que se consagran, hay de todo, aunque ya decía que sobran blogs y faltan lectores, porque a fin de cuentas los españoles somos poco dados a leer, pese a esa encuesta publicada en la prensa en donde se decía que posee un cierto hábito de lectura nada menos que el 63% de la población. Cifras que sorprenden, también cuando vemos que el país en el que, de promedio, más tiempo se dedica a la lectura es la India, que casualmente tiene una tasa de analfabetismo superior al 39%. Y eso no es nada, en Finlandia dicen tener un promedio de 47 libros por habitante y año. Difícil de creer lo uno y lo otro, salvo que en ese hábito de lectura incluyamos los cómics –antes llamados tebeos– o el Marca como válido para la estadística, ya pudimos ver no hace mucho que nuestro ínclito presidente de gobierno parece no separarse de ese diario, es lo máximo que el pobre hombre parece que puede dar de sí. Su verdadera profesión –nunca abandonada– de registrador de la propiedad, induce a pensar que probablemente tiene buena memoria y seguramente pocas entendederas.

Quizás haya influido también en mí para esta especie de reapertura que el que fuera mi mejor amigo durante la adolescencia haya iniciado recientemente su propio blog, tan apasionante por cierto como la imagen por defecto del escritorio de Windows XP: ¿recuerdan?, una verde colina, un cielo azul y unas poquitas nubes. Por cierto que este amigo, siguiendo su tradición de desentenderse de asuntos menores o labores manuales, se ha buscado entre sus amigos más cercanos un escudero –webmaster le dicen–  que le evite la para él humillante y agotadora tarea de crear y mantener el blog e insertar sus ocurrencias. Suerte.

Es este bloguero novel el mismo que hace años, al inicio de la existencia de éste mi blog, me anunció su intención de no leerme porque ya sabía lo que yo iba a escribir, una clarividencia que he de confesar que me produjo enorme envidia, porque yo mismo ignoraba lo que iba a poner. Coincidiendo con las vísperas de la aparición de su blog, me anunció su propósito de leerse todas las entradas del mío, una a una; me temo que va a necesitar tiempo para no empacharse. En realidad, MIENTE; como siempre.