25 julio 2019

PSOE y Podemos: antagónicos ‒por suerte‒ (I)

No soy profeta de nada, ni siquiera adivino, pero hace meses ‒desde que se anunciaron los resultados de las últimas elecciones‒ que vengo diciendo a todo el que quiera escucharme que no hay posibilidad de coalición entre los dos partidos.

Y no es que sea el único que piensa así ni mi actitud es un capricho voluntarista, sino que una vez que se va más allá de lo superficial es evidente que poco tienen que ver las políticas de un partido y las aspiraciones del que hasta anteayer llamaba casta a los políticos y animaba a asaltar los cielos, algo que queda muy poético para esos seguidores que hacen guardia sobre los luceros y da ese toque espiritual apropiado para un movimiento político que nace, pero que teniendo en cuenta que hablamos de la gobernación a corto plazo de un país no es más que una estupidez.

La simplificación nos hace pensar que los dos partidos son de igual trasfondo ideológico y por lo tanto pensamos que los dos son de izquierdas. No es así y hace ya muchos años que incluso en otros países ambas tendencias han estado en guerra no solo ideológica.

Recordemos los orígenes de los dos: el PSOE nace a finales del siglo XIX fundado por Pablo Iglesias Posse en un entorno adverso donde el socialismo apenas había avanzado desde su forma utópica. En 1921 se niega a integrarse en la III Internacional promovida por la URSS y después de un periodo de décadas de convulsiones y hasta una guerra civil seguida de años de inactividad casi total, en el Congreso celebrado en 1979 en Madrid el PSOE abandona el marxismo y pasa a definirse como socialdemócrata.

Podemos fue fundado en 2014 por Pablo Iglesias Turrión ‒en realidad no era firmante del manifiesto fundacional‒ como consecuencia de la oleada de recortes y políticas reaccionarias aplicadas por el gobierno del PP en medio de la crisis que afectaba a todo occidente y aprovechando el descontento y la movilización popular que se produce. Desde el primer momento fue de inspiración anarco-comunista como el grupo Izquierda Anticapitalista sobre el que se aglutinó.

Su expansión fue casi explosiva y no solo ellos pensaron que podían hacerse con el poder en la nación cargándose entre otros al PSOE, su más directo rival; pero pese a un cierto triunfo inicial, la realidad les ha desinflado esas aspiraciones y hoy no son más que el cuarto partido en votos de España a gran distancia de su rival ‒elecciones de abril 2019‒, con la tercera parte de los escaños de aquel y una solidez muy discutible porque todas sus llamadas confluencias manifiestan marcadas diferencias con la política del líder y han sido muchos, incluidos miembros fundadores, los que han abandonado el partido por desacuerdos con la trayectoria impuesta por el dirigente. Más que un partido es una confederación de partidillos con profundos desacuerdos, como cabría esperar de quienes no tienen muy claro lo que son y a dónde van.

Escribo esto en la mañana del 25 de julio, cuando aún no se ha producido la votación decisiva de la investidura, pero todo hace prever que será un fracaso para su candidato Pedro Sánchez.

10 julio 2019

No nacen niños, ¿y ahora, qué...?

Según hemos podido leer todos, la práctica extinción de los osos del Pirineo y los Picos de Europa ha llevado a las autoridades a repoblar con osos procedentes de Eslovaquia esos espacios en los pasados años. Algo por el estilo llegó a pensarse hace tiempo respecto a repoblar con linces de otras latitudes y variedades las zonas tradicionalmente ocupadas por los linces ibéricos, aunque afortunadamente una política acertada de protección ha hecho que los linces ibéricos se multipliquen hasta el punto de hacer desaparecer el temor a su extinción (y han desaparecido también las ayudas europeas para ese fin).

Me parece perfecto el procedimiento seguido para afrontar el peligro de extinción de especies, al fin y al cabo es mejor un oso, aunque sea esloveno, que ningún oso (como sí les gustaría a los ganaderos de la zona). Sin embargo yo creo que no es lo mismo un oso que un ser humano.

Hoy leo en la prensa que en España han nacido el último año un 40% menos de niños que hace 10 años, un auténtico desastre demográfico, así que la solución que propone la prensa es sustituir a los españoles por refugiados asiáticos y africanos, de los que al parecer hay disponibles nada menos que casi 71 millones. ¿Qué les parece la idea?

En realidad era de esperar: de una parte, a mayor cultura y riqueza menor procreación y si ya una pareja tiene que contemplar aterrorizados lo que cuesta un hijo y todo lo que trae consigo, los potenciales padre y madre deben sumar también que un simple cachete a su niño puede costarles la cárcel. Esta semana venía en la prensa que un padre de 39 años había sido atacado por su hija de 17 por no tenerle la cena lista a la hora que ella quería y le había puesto un ojo morado y dado una cuchillada en la mano, además de destrozar el mobiliario de la vivienda. Probablemente ese padre se contuvo de repeler ese ataque porque temía ser encarcelado si ella le denunciaba; igual que ocurre con las denuncias de la pareja femenina, hay que estar muy loco para golpear a un hijo. Gracias a su pasividad hubo tiempo para que un vecino llamara a la policía que intervino y se llevaron a la menor para «una evaluación psiquiátrica», pobrecita. Con este panorama, ¿cómo va a querer nadie tener hijos?

No voy a andarme con rodeos: a mí esa propuesta de importar refugiados me parece un disparate merecedor de cárcel, porque simplemente plantearla deja claro que el proponente es un pervertido, un demente; diría que un nazi, puesto que trata a las personas como animales u objetos y pretende repoblar este país con gente absolutamente dispar: en cultura, raza, religión, historia, costumbres, etc. como aquello de los osos y los linces. La mayoría de los que vinieran serían musulmanes, gente sin formación, desarraigados... ¿qué pasaría con los infelices españoles que todavía pueblan este territorio?, ¿se encontrarían a gusto con ese vecindario?, ¿serían felices presenciando cómo unas personas completamente diferentes van infiltrándose a su alrededor y viendo cómo sus hijos están en minoría en los colegios y en todos los lugares, porque la mayoría son musulmanes de aluvión? Con tenue pero creciente intensidad es algo que ya estamos viviendo. 

Tampoco esa invasión nos resulta novedosa, aunque de momento son mayoría los  iberoamericanos y europeos del este, pero cada vez hay más magrebíes y subsaharianos. En 2018 nacieron 369.302 niños, la cifra más baja en los últimos 20 años. De ellos, más de uno de cada cinco tenían una madre extranjera (76.184). En el mismo periodo murieron 426.053 personas, luego el crecimiento vegetativo es negativo. Estamos apañados, porque los que mandan ya han decidido repoblarnos.

20 junio 2019

Cualquier tiempo pasado fue perverso (dicen)

Pero aquí estamos para enmendarlo. Ya hablé en otra entrada de la actitud casi nazi de quienes habían vuelto a doblar las películas de dibujos de Walt Disney para que, sobre todo en las canciones, no aparecieran frases o palabras que recordaran el mundo tal cual era hace tan solo un máximo de 80 años.

Se trata de aparentar que «Blancanieves» en ningún momento se dedicaba a hacer la casa y cocinar para los siete enanitos, sino que −más o menos− simplemente compartían piso y había hecho un reparto equitativo de las tareas domésticas. Con «La Cenicienta» andan desesperados sin saber qué hacer para que cumpla con las normas actuales, porque a ver, cómo se consigue disimular que un príncipe saca de la nada a una pobre muchacha maltratada por su madrastra ¡otra mujer mala! Ya puestos yo eliminaría los «101 dálmatas» porque el malo de la película, como saben, es una mujer y eso no se puede consentir; las mujeres no son nunca malas. Le doy vueltas a Mary Poppins porque digan, ¿por qué quien va a educar y ocuparse de los niños tiene que ser una mujer? También deberíamos cargarnos «Bambi» porque allí el personaje del padre no puede ser más machista y distante. De verdad, completamente de locos.

Con los cuentos tradicionales viene pasando lo mismo y ahí tienen a no sé cuántas creadoras (y creadores) tratando de explicar que en «Caperucita» el lobo simboliza al hombre maltratador y el cazador no es más que la justicia −feminista, por supuesto− que restablece el orden debido. 

Consecuentemente, esos chistes gráficos en los que un troglodita lleva en una mano un garrote enorme y con la otra arrastra del pelo a su pareja femenina será perseguido y a quien lo cree o difunda se le castigará con penas de cárcel superior a los dos años. Se trata de ocultar lo que siempre fue y de escamotear que hasta hace muy poco había un reparto de tareas y roles que hacía que la familia funcionara y que se permitían las bromas sobre el asunto. Ahora no, y pieza fundamental para la buena marcha de nuestra cultura actual es poner cambiadores de pañales en los lavabos de hombres, algo que no me parece mal, sobre todo si ese esfuerzo guardara turno hasta que se solucionaran otras carencias más importantes.

Hoy viene en El País un artículo hablando de la nueva política a seguir por los muy conservadores estudios Disney. Entre otras medidas se incluye la destrucción de la película «Canción del Sur» que yo vi de niño y que mezclaba imágenes reales con animadas. La razón de esa eliminación −dicen− es que en la película salen negros trabajando en los campos de algodón y parecen estar contentos, algo que no se puede consentir. Mientras, hoy mismo existe el trabajo esclavo en el campo bajo los plásticos en Almería y Huelva, pero como no salen en las películas no pasa nada.

También han decidido dar tijeretazo a buena parte de la antigua película Dumbo, porque salen unos cuervos que son unos golfos encabezados por un tal Jim Crow («crow» significa «cuervo») y dicen que ese nombre es muy parecido al de un personaje de color de los siglos XIX y XX que servía a todos de burla. Toda la parte donde salían esos cuervos, a la basura. Para que aprendamos y sepamos lo que es ser bueno y compasivo.

Entre los que admiramos la serie «Los Simpson» era normal preguntarnos hasta cuándo duraría la serie. Ahora que los estudios Disney la han comprado, es fácil deducirlo: hasta dentro de muy poco, porque los moñas de ese estudio acabará con lo que de rebelde o heterodoxo tenía la serie. Ahora hay que ver cosas más mansas y actuales, como Bob Esponja. Un personaje que a mí (creo que a los demás les gusta) me produce entre asco y miedo.

20 mayo 2019

Las mujeres y los niños... ni hablar

Cojamos el Titanic −o el Andrea Doria, que nadie se acuerda de él−; en el naufragio del primero murieron unas 1.500 personas y en el caso del otro unas 50, bastantes menos ciertamente, pero es que el segundo se hundió en 1956, ayer como quien dice. Ya sabemos que la importancia de las tragedias parecen medirse según el peso en kilogramos de los fallecidos.

¿Qué es lo que se oía cuando ambos barcos empezaron a hundirse? Ya lo saben: ¡las mujeres y los niños primero!, diga lo que diga la película que lanzó a la fama a Leonardo diCaprio. ¿Y eso por qué?, pues porque la especie humana tuvo desde siempre un fuerte sentimiento de supervivencia y de ahí el deseo de preservar a las mujeres y niños de todo mal, las primeras como hembras que pueden ser fecundadas y los segundos como crías que representan el mañana.

¿El mañana? Yo diría más bien que representan el ayer, puesto que la raza humana no se extingue ni de broma, si acaso desaparecerá precisamente aplastada por esa natalidad que nos lleva de cabeza al exterminio. Yo apuesto lo que quieran a que el final será antes del siglo XXII, ya verán cómo no me equivoco.

Y es que no hay planeta para todos con  lo que eso implica: no habrá para todos ni comida, ni agua, ni trabajo, ni vivienda, ni espacio, ¡ni siquiera aire! No hay más que mirar las cifras de habitantes de cualquier país o ciudad en una fecha reciente, pongamos que 1960, y ver las actuales para sentir un estremecimiento. En 1960 éramos 3.032 millones en todo el planeta; actualmente nos acercamos a los 8.000 millones. ¿Se imaginan a finales de este siglo?, ¿y en el siglo XXV (que nunca llegará)? Para mejorarlo, esta semana publicaba la prensa que en España −y no es el único país− ya hay más perros que menores de 15 años.

Resulta que el hombre blanco se empeñó en llevar medicinas y vacunas a África, India, etc., pero se le olvidó explicar a los que recibían esos adelantos que esas novedades deberían ser acompañadas de una reducción en el número de hijos, y a la vista están los resultados. Conocí a una keniata hace un par de años, que afirmaba que su país estaba fenómeno y que la gente vivía de lo mejor, que en Uganda sí que estaban mal; vale, pero ella tenía diez hermanos y de momento se vino a vivir a España, pese a que de inicio ni siquiera conocía nuestra lengua (ni de inicio ni de final, tenía poca idea de español). Ahora que vayan a contarle a sus hermanos que no se reproduzcan demasiado, que reciclen los plásticos, las botellas (¿qué botellas?)... Antes de que aprendan a contenerse en la producción de hijos y de que tengan todos esos contenedores de colores que tenemos por aquí, se habrá acabado el partido.

Las mujeres y los niños primero... ¿se refieren a esas mujeres cuyo mayor éxito es la guerra que han declarado a los hombres?, no tengo muy claro si para exterminarnos o someternos (más). ¿Se refieren a esos niños y niñas que ya no aprenden modales ni principios y que cuando van al instituto se hacen fotos y vídeos desnudos con el móvil para subirlos a la red? Quizás se refieran a mujeres como esa a la que cedí el paso en la entrada a un comercio y que por semejante villanía me montó una bronca de padre y muy señor suyo, por machista. Lo cierto es que la mujer no es ese ser tierno y más "débil" que el hombre a la que conocíamos o creíamos conocer.

Seamos prácticos: si en uno de esos fantásticos cruceros −a los que yo no iría ni atado− el enorme barco comienza a irse a pique, ni se les ocurra dar prioridad a las féminas o a los tiernos infantes. Intenten subirse a un bote salvavidas pisoteando si es preciso a los más débiles y después eviten que suba nadie que no sea hombre hecho y derecho. Los demás ya no merecen la pena.

20 abril 2019

Ese partido del que usted me habla

Impasible el ademán; ahí están todos y todas
Desde hace unos meses y tras su aparición triunfal en las elecciones andaluzas, lo cierto es que por una razón u otra los medios y los lectores de esos medios no paramos de hablar de ese partido que unos califican de nazi, otros de extrema derecha y ellos mismos de «extrema necesidad». Habrá que verlo y para eso nada mejor que repasar el programa de este partido.

El problema es que lo que esta gente reclama es una especie de compendio de lo que casi todos hemos dicho una u otra vez mientras comíamos o contemplábamos el telediario. ¿Quién no ha desbarrado alguna vez contra tal o cual comunidad autónoma y pedido al cielo su desaparición como tal? Lo cierto es que nos guste o no, el estado autonómico ha mejorado la vida de los ciudadanos, que ahora no soportarían la vuelta al régimen de hace más de 40 años, cuando la cosas había que solucionarlas en Madrid. Cierto que ha mejorado demasiado la vida de algunos de los que están en las administraciones autonómicas, pero hay que tomarlo como algo prácticamente inevitable y podemos aspirar como mucho a la reducción de tanto vividor. Hay que recordar que en todos los países hay corruptos, nuestro problema es que aquí no son castigados como debieran.

En su momento tuvo gran éxito la mentira lanzada por un folclórico canal de televisión que afirmó que en España había nada menos que 450.000 políticos chupando del bote. Hay muchos, cierto, y quizás bastantes más de los que debería haber, pero esa cifra es incuestionablemente un disparate, salvo que incluyamos en ese número a los presidentes de comunidades de vecinos.

No tiene discusión que en la actualidad el Senado es más un panteón de notables que aquello para lo que fue creado: una cámara autonómica; así que lo que se debe reclamar no es su desaparición, sino su funcionamiento acorde con el propósito inicial.

Hay una medida de gran éxito entre los partidos de la derecha y seguramente entre los españoles que no reflexionan como deberían acerca del asunto: las bajadas de impuestos. A todo el mundo se le ilumina el rostro pensando que una bajada general del IRPF al 20% como proponen estos desnortados, significaría casi siempre mucho más dinero en casa, sobre todo en las casas de los muy ricos. Claro que si el Estado no recauda dinero no tendrá para gastar y por lo tanto se reducirán todas esas prestaciones sociales que tanto gustan a casi todos, porque la maquinita de hacer dinero sin más, como el ratoncito Pérez, no existe.

No diría yo que no tengan algo de razón cuando afirman que hay que controlar la inmigración ilegal y el auge del islamismo, porque efectivamente parece que ambos asuntos están ligeramente desmadrados y, por ejemplo, no se acaba de entender qué aquí haya que dar acogida a todos los que quieran venir desde África y que si yo visito una mezquita en algún país musulmán (de los pocos que lo permiten) deba quitarme los zapatos y dejarlos en la puerta, pero sorprendentemente las féminas de esos mismos países que vienen a vivir aquí no se quitan el pañuelo −yihab o similar− cuando visitan un edificio público o van a la escuela, universidad, etc. imponiendo a todos una prenda de significado claramente religioso que además dificulta la identificación.

Hay enunciados a los que alegremente nos sumaríamos todos, como el apoyo a la familia o recuperar nuestro peso en el mundo, pero hay mucha tela que cortar en estos asuntos, puesto que cuando ellos hablan del apoyo a la familia se refieren a la familia según su idea de lo que debería ser, es decir, que por ejemplo la ley del aborto sería derogada. Yo no he utilizado nunca lo que esa ley facilita ni creo que nadie lo haga tocando castañuelas, pero es un derecho que a estas alturas no es discutible y al que decididamente no le guste tiene en su mano no acogerse a esa ley. En cuanto al peso de España en el mundo sería algo maravilloso de conseguir, pero no tenemos ni idea de cómo lograrían esos propósitos. Ni aclaran lo más mínimo ese asunto.

Recientemente y supongo que más que nada para conseguir portadas en los diarios han salido con esa idea terrorífica del derecho a portar armas, algo que entusiasmaría a alguien tan equilibrado y sensato como Donald Trump, pero salta a la vista que es un disparate que traería más problemas de los que solucionaría. Ni ellos se lo creen. Otra cosa es el derecho a la legítima defensa, que cuando va acompañado del allanamiento de la morada propia debería ser abordado con más realismo. Si yo, que soy mayor, tengo que enfrentarme a un ladrón que entra en mi casa, es absurdo que tenga que enfrentarme a una persona seguramente más joven sin sobrepasarle en mis medios de defensa. Si alguien invade mi hogar, yo debo tener derecho a casi todo lo que considere oportuno para defenderme a mí y a los míos. Si tengo un misil, también.

Todo casi indiscutible y aparentemente del agrado de la mayoría, el problema es que si se mira el programa completo llega el horror: quieren cargarse las pensiones, la sanidad pública, bajar los impuestos a los más ricos, etc. Este es el auténtico retrato de estos aparentemente iluminados y en realidad al servicio de los de siempre.

Hay ciertos políticos, entre los que se encuentra alguno con el que simpatizo enormemente, que proponen la ilegalización de ese partido. Aunque mi opinión no tiene el mínimo peso, considero que no se puede ilegalizar nada ni nadie que haga propuestas que no impliquen el uso de la violencia ni la desobediencia de las leyes, fundamentalmente la Constitución. No se puede prohibir algo simplemente porque no nos gusta.

04 abril 2019

Alguna pregunta

Hace un siglo, había una serie de televisión, cuyos guiones eran del magnífico Adolfo Marsillach, que se llamaba Fernández, punto y coma, que tenía un inicio extraño; se oía la voz del narrador diciendo Fernández nació punto, el mundo le hizo coma, por eso esta es la historia de Fernández punto y coma. Detalles aparte, eran capítulos que me parece que practicaban el surrealismo, aparte el placer de ver actuar a Marsillach, pero quizás por eso me daban que pensar y me hacían preguntarme todo aquello que no acababa de entender. Viene a ser lo mismo que me sucede ahora, pero con todo lo relacionado con lo que llamamos vida normal.

Hay cambios culturales casi repentinos (que 20 años no es nada...) que no consigo entender y a los que no consigo incorporarme. Hace nada, ser marica −hoy se denominan con una palabra extranjera, gay− era lo peor del mundo y súbitamente es casi lo más honroso que se puede llegar a ser. He tenido compañeros de trabajo homosexuales y salvo uno, que era además un cabrón, yo no acababa de entender el porqué de cierta hostilidad general hacia ellos. Posiblemente ahora les ascenderían con mayor rapidez para evitar ser acusados de homófobos.

Hace muy-muy poco, las mujeres le arrojaban sus sujetadores a Jesulín de Ubrique cuando toreaba y, anteriormente, acostarse con un torero era lo más y si no que se lo preguntaran a Ava Gardner. Ahora son casi como leprosos y están expuestos a agresiones cuando caminan por la calle. Una noticia relacionada con Francisco Rivera y algunas opiniones suyas, tan respetables como las de cualquiera, ha hecho que la noticia se llene de comentarios de cuyos autores es fácil imaginar que arrojaban espuma de rabia por la boca al escribirlos. Nunca me han gustado las corridas de toros y ni pagándome asistiría a una, pero ¿por qué esa saña contra la fiesta y esas prisas porque la prohíban? 

Desde siempre, cierto gestos que podían hacerse con los dedos eran considerados groserías del tipo que ninguna persona con un mínimo de educación podía repetir en público. No hace tanto, una persona de categoría y educación fuera de toda duda, José María Aznar, se lanzaba a representar el gesto llamado peineta o peseta dirigiéndolo al público en general; después otros de su misma cuerda como Luis Bárcenas lo repitieron con el respaldo moral que suponía semejante antecedente. Sin embargo no son estos casos los que me asombran, al fin un miembro del PP está legitimado para hacer lo que le venga en gana, lo que me viene maravillando es el entusiasmo con que los jóvenes, abiertos a todo lo que suponga progreso, han abrazado estos gestos y ahora mismo es normal que un cantante haga el gesto a su público, no sé si debe entenderse como una muestra de cariño o de desprecio a tanto imbécil.

Me llamaba la atención que también se prodigara el gesto que habitualmente se llamaba «poner los cuernos», es decir, doblar sobre la palma los dedos corazón y anular manteniendo tiesos el índice y meñique. Esto se da también en amplias capas de la juventud, pero de manera especial en el mundo de los grupos de música que podríamos llamar oscuros. Como tenía la posibilidad de preguntar a un miembro de un grupo musical heavy le planteé la cuestión y simplemente me respondió que era un gesto que repetían con frecuencia aunque no sabía exactamente por qué ni lo que significaba. Entonces, ¿de quiénes parten esas iniciativas y por qué las copian?

15 marzo 2019

Qué verde era mi valle

Mujer haciendo una cortés petición a un policía
Esta entrada no va en absoluto de nada verde ni de valle alguno, pero se me ocurrió que este título hace una llamada a cierta nostalgia y de eso sí que pretendo ir, a la vista de los tremendos cambios, no precisamente revolucionarios −más bien contrarrevolucionarios−, que estamos viviendo en los últimos tiempos.

Hablo de toda esta permanente reivindicación feminista que nos marea y en mi caso me produce un hartazgo que ya es excesivo e indigesto. Estos días ha podido verse más de lo habitual −que ya es bastante− eso de «si nosotras paramos se para el mundo». Pues estaría bueno que no fuera así, el mundo se para si paran las mujeres, si paran los hombres −¿hace falta decirlo?−, si para Internet, si paran los puertos, si paran los transportes... ¿en tan poquito se valoraban ellas mismas como para poner en duda el síncope mundial −perdón, colapso− sin su aportación?

Ya andaban envalentonadas gracias a personajes como Irene Montero, una auténtica estajanovista del cabreo y la ira feminista, agitando cada día a las mujeres y tratando por todos los medios de cargarse la lengua española con ese desdoblamiento de géneros propio de quien no conoce su idioma y además está orgullosa de su ignorancia. De momento, se dirige a todos en femenino y ha impuesto el nombre feminizado para su coalición con los infelices de IU. Ahora tras tanta huelga feminista y días de la mujer la agresividad ha aumentado hasta el punto de que en la manifestación del pasado 8 de marzo había pancartas que prácticamente pedían la aniquilación de los hombres. Han intentado pegar y expulsar a Inés Arrimadas, imaginen si la tal Inés hubiera sido un hombre.

Se ha podido ver y oír en la televisión dos de los eslóganes gritados y coreados entre otros muchos −también pintados en fachadas− en las manifestantes del día de la mujer: uno era «no salí de tu costilla, tú saliste de mi coño» y «la talla 38 me aprieta el chocho», lo que da una idea del elevado nivel de las reivindicaciones. He asistido en mi vida a bastantes manifestaciones y nunca presencié un tono semejante.

Se sabe que en la vida real no existe la igualdad ni el equilibrio en ningún plano, tan solo un espejismo de algo parecido; las feministas lo resuelven buscando no la igualdad, sino la supremacía en todos los temas. Ya la tienen ante la ley, ahora la exigen ante lo que se les venga a la cabeza y sorprendentemente la sociedad −en la que dicen que mandan los hombres− va cediendo y concediendo sin resistencia de ninguna clase. ¿Acaso hay algo más injusto e ineficaz que el sistema de cuotas?

Leí estos días en la prensa quejas femeninas porque hay pocas mujeres embajadoras. También he leído que ha habido una oposición interna del cuerpo diplomático para ser embajadores a la que se han presentado 103 hombres y 18 mujeres, ¿de verdad esperan que haya un 50% de embajadoras partiendo de esas cifras?, ¿deben nombrarlas para ese puesto por guapas?

Ahí tenemos al ilustre y correoso Pedro Sánchez, no del todo malo, si no fuera por cierta inmadurez y un empeño desaforado en complacer a todos sin atender a la importancia de lo que se le requiere. Por eso se siguen destinando cientos de millones a la prevención de la violencia doméstica con resultado de muerte, menos de 50 mujeres al año, sin dirigir siquiera una mirada al número de suicidios anuales, abrumadoramente masculinos y alrededor de 3.500 en el mismo periodo. No se hace nada para prevenirlos, pese a que según se afirma, bastantes de ellos sean hombres que toman esta decisión tras el divorcio que les deja solos, sin vivienda y sin medios económicos. O injustamente encarcelados a veces.

Su gobierno lo componen 17 ministros, de los que 11 son mujeres, lo que supone casi el 65% (en Suecia 49,15%); así es Pedro: más feminista que nadie. Por supuesto que ministros masculinos con escasa sesera hemos tenido decenas, pero cabe preguntarse qué necesidad había de nombrar a personajes tan escasamente competentes como la ministra de Justicia, torpe y soberbia hasta aburrir, o la de Transición Ecológica, que con tan solo unas frases ha estado a punto de cargarse la industria del automóvil española y desde luego ha producido severos daños; son varios los ERE en esa industria tras sus palabras.

Soy pesimista y me temo que esto no hay quien lo pare, y no será precisamente para bien, sino para que, como ocurre en todas las pseudorevoluciones, el mayor logro sea la ruina y el conflicto entre partes; en este caso entre el hombre y la mujer.

Esta semana hemos podido leer en los medios que las mujeres inventaron los intermitentes, el retrovisor, las luces de freno y los limpiaparabrisas. ¡La semana próxima nos dirán que inventaron el motor de explosión!, ¡y la siguiente, que inventaron la rueda!

09 marzo 2019

Buteflika y la democracia

Cada vez que surge una discusión acerca de la bondad o maldad del sistema democrático tradicional, alguien saca la más famosa frase de Churchill sobre este asunto «La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los demás» y no mencionan otra atribuida al mismo político que dice «El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio».

Viene esto a cuento de las manifestaciones que están sucediéndose en toda Argelia para impedir que Buteflika, el actual −y ausente− presidente del país vuelva a presentarse como candidato en las elecciones que se celebrarán el próximo 18 de abril. No sé si se han parado a pensarlo: esto evidencia una absoluta −y justificada− falta de fe en el sistema democrático, pues en teoría y si confiamos en ese sistema formal, aun presentándose sería casi imposible que saliera elegido un hombre que lleva gobernando como presidente 20 años, que tiene ya 82, que lleva más de 6 sin aparecer o dar un discurso, que se encuentra en silla de ruedas desde hace tiempo, que en la actualidad se encuentra −según dicen− enfermo en un hospital suizo ¡y que ni siquiera nació en Argelia, sino en Marruecos!

Todo esto debería suponer que no le votara casi nadie, pero hasta el ciudadano normal argelino sabe que ese aforismo de «un hombre, un voto» es el enunciado de una injusticia enorme que da el mismo valor al voto de una persona con formación e información que a un zoquete que se inclina por lo que más le suena o vota simplemente continuidad.

Hace ya mucho tiempo, yo diría que casi cuarenta años, en una charla entre amigos yo expresé mi opinión de que debería inventarse un dispositivo, quizás uno de esos cascos llenos de cables, que en el momento de emitir nuestro voto le diera una puntuación, digamos entre 0 y 10, según lo que el dispositivo pudiera apreciar acerca de nuestro conocimiento, raciocinio y conciencia de la importancia de ese simple acto de votar. En el mismo instante, un amigo que por cierto era más o menos del mismo pensamiento político que yo, saltó con mis palabras poniéndose de pie y calificándome de fascista, afirmando al tiempo que el voto debería tener el mismo valor fuese quien fuese el depositante.

Perdí el contacto con este amigo y no sé por lo tanto si se mantiene en la misma actitud, yo desde luego sigo pensando lo mismo y creo que el mayor inconveniente que puede argumentarse contra mi propuesta es la dificultad de fabricar este artilugio y cómo evitar su manipulación. Soy consciente de que es más una idea teórica que práctica, pero se me ocurre que con su aplicación se haría más real la democracia de lo que en la actualidad lo es, donde buena parte del electorado se deja llevar más por las vísceras que por el cerebro a la hora de votar. Y conste, si eso supusiera retirar el valor de mi voto, resignación. Lo que no puede ser es que el otro día saliera en televisión una encuesta callejera y varios jóvenes sobre los 25 años de edad afirmaran no saber siquiera quién es el secretario general o presidente de los principales partidos. De los programas de cada partido, mejor no hablar.

Tengo pendiente para leer próximamente un libro editado por Deusto titulado Contra la democracia (Against Democracy), publicado en 2016, cuyo autor Jason Brennan (nacido en 1979) creo que propone algo parecido a lo que yo mantuve hace ya décadas, concretamente lo llama epistocracia (el poder para los que saben); sé que mi idea no puede ser original y alguien podría formularla seriamente. Ignoro si el autor es en verdad un fascista profesional o alguien que desea que la democracia sea lo que pretender ser, ya veremos. Espero que el libro sea siquiera ameno y contenga alguna idea útil.

22 febrero 2019

Fue el 22 de febrero de 2018

Si algo inunda todos los aspectos de la vida española es la falta de memoria. Se nos olvida lo que hicieron o dijeron ciertos políticos, se nos olvida quién fue infiel a la democracia y se nos olvida que tal día como hoy, hace justamente un año, desapareció el que quizás haya sido el mejor humorista de España en décadas: don Antonio Fraguas, Forges. Ni siquiera el que fuera su periódico durante 24 años, El País, lo menciona hoy.

Vaya desde aquí un recuerdo hacia este hombre que no solo nos puso una sonrisa en la boca, cada día, durante muchísimos años, sino que hasta inventó un vocabulario que hoy usamos, conscientes o no, todos nosotros. La verdad es que, quizás por mi edad semejante a la suya, nunca pude imaginar que me fuera a faltar nunca su viñeta y me parecía lo más natural encontrarlo cada día al iniciar la lectura del diario, tan firme como la catedral de Burgos.

Mientras vivió, tuve el desparpajo de escribirle un par de veces mostrándole mi desacuerdo con algo que él había dicho o escrito y las dos veces me contestó dándome una explicación. No es frecuente ese comportamiento. Como de bien nacidos es ser agradecidos, gracias, Forges; por todo.

21 febrero 2019

Niños viejos

Puedo afirmar sin equivocarme que soy casi un fenómeno social: no he visto más de 5 minutos de Juego de tronos y no he oído nunca Despacito. Reconozco que no veo mucho la televisión −salvo noticiarios, películas y alguna serie casi siempre cuando dejan de emitirla− y además lo primero me ha sido fácil porque no me ha apetecido nunca ver los «jueguecitos» ya que me bastaba para rechazarla comprobar quiénes eran entusiastas de ella, como por ejemplo el insigne Pablo Iglesias, que tuvo la insolente ocurrencia de regalarle un paquete con DVD de la serie al rey en una recepción. En cuanto a la cancioncilla ocurrió algo por el estilo y bastaba con que sonara lo de Deeeess... para que de inmediato cambiara de canal, y así me he ahorrado acidez estomacal y rebajar aún más la opinión que me merece el gusto musical de la mayoría.

Me consta que hay una serie de programas-concurso en la televisión porque es inevitable asistir a la publicidad que las propias cadenas hacen si uno frecuenta los telediarios de varias de ellas y a las noticias en la prensa. Sé que existe «Gran Hermano» y sus variantes, «Operación Triunfo», «Master Chef» y sus variantes, «La Voz» y sus variantes...   

Precisamente hoy me ha tocado asistir a este último −sin sonido por suerte− porque he tenido que permanecer media hora delante de un televisor con ese programa sintonizado y ya se sabe que un televisor encendido atrae inevitablemente la mirada de quienes se encuentran por los alrededores. He podido presenciar las morisquetas y aspavientos de la tal Paulina Rubio al tiempo que me preguntaba hasta cuándo va a seguir vistiendo, gesticulando y comportándose como una adolescente la que ya se encuentra muy distante de ese periodo de la vida. No es difícil imaginar que dada su inanidad e ignorancia con certeza formaba parte del jurado y por eso estaba sentada en una butaca enorme. Me pregunto qué rencores nos guarda Méjico para enviarnos a esa maldición capaz de hacer desear a quien la observa la rápida llegada del fin del mundo. Puede que sea una venganza por las rancheras de Bertín Osborne, pero creo que se han pasado un poco en la revancha. Además, este último no se ha quedado a vivir allí; una pena. 

He tenido la ocasión de observar a quienes debían ser los concursantes, esforzándose por dar "lo mejor de sí mismos" y los que parecían miembros del jurado dando consejos. Me asombra, ¿algunos de los jueces ha tenido una carrera profesional de éxito incuestionable?, si no es así, ¿de qué van?

Me olvidaba citar a un concurso que aunque no pertenece exactamente a la misma categoría, me toca ver cinco o diez minutos cuando enciendo la televisión para ver el telediario al mediodía. Hablo de «La rueda de la fortuna», en el que el concursante tiene que adivinar las palabras de un panel mediante la inclusión por goteo de vocales y consonantes.

Todos los concursos son abundantes en la presencia de jubilados −facción «abueletes semirurales»− y en todos me he quedado asombrado por el aspecto y comportamiento de los que asisten como público o concursan: son infantiles hasta el punto que me hace pensar que no les ha servido de nada positivo cumplir años y aprender. Todos los concursantes parecen estar convencidos que con ese tiempo de aparición en pantalla han cumplido con los diez o quince minutos de gloria a los que parece que todos tenemos derecho y aparentan emocionarse como si les hubieran concedido el premio Nobel, riendo y a veces llorando conmovidos. Todo el público corea como niños los estribillos que les enseñan o que han aprendido presenciando en la pantalla de su televisor ese mismo espectáculo cien veces. Todos son inevitablemente niños jugando a lo que les ordenan y felices con ello, niños que lamentablemente carecen de la gracia e inocencia que suelen asimilarse a los infantes.

Y pensar que muchos pensaron cuando apareció la televisión que sería una herramienta formidable para formar a la gente...

03 febrero 2019

Comprando coche

No hay día en que no veamos en la prensa algún debate acerca de lo acertado o errado de lo dispuesto por el gobierno actual: 2040 como fecha límite para la venta de vehículos de combustión interna y desde ya una desincentivación de los vehículos con motorización diésel.

Hace ya 9 años cuando compré mi coche, me convencieron de que lo comprara diésel, porque era menos contaminante, al menos eso aseguraban los expertos. Yo me resistí porque nunca tuve un coche con motor a gasóleo −me parecía más propio de camiones− y porque en mi vida de jubilado los kilómetros anuales descendieron de manera notable, pero la idea de contaminar menos me atrajo y lo compré de ese tipo.

Está actualmente como nuevo, pero uno se cansa incluso de lo bueno, me he planteado comprar un sustituto y ahí he caído en el mismo dilema que todo el que ahora quiere comprar un coche. Hasta ahora uno se planteaba solo si comprarlo de gasolina o gasóleo, pero las posibilidades actuales son muchas en cuanto a los motores: gasolina, diésel, híbrido, eléctrico, GLP, GNC... desafortunadamente el hidrógeno, que quizás sea la verdadera opción del futuro, no está todavía a nuestra disposición.

Como lo del gas no acaba de satisfacer a casi nadie, las opciones se reducen a las tres o cuatro primeras y entre ellas el diésel tiene las de perder porque tras la metedura de pata de la ministra bocazas que soltó aquello de que esos vehículos tienen sus días contados, la gente huye del diésel como de la peste. En mi caso y en el de todos los que tienen un diésel, eso significa que no podemos esperar una valoración favorable de nuestro coche y por lo tanto no podemos contar con lo que nos den para pagar una parte significativa del nuevo.

A la hora de decidirnos por un eléctrico hay que tener en cuenta su elevado precio y falta de autonomía, por lo que no sirve como coche principal o único. Lo que son las cosas, según leo, la fabricación de las baterías y su desecho el día que le llegue la hora, contamina tanto como un diésel en toda su vida útil, pero la moda es la moda. Quedamos por tanto reducidos a dos opciones: gasolina o híbrido. El primero es la opción de toda la vida, la más probada y experimentada, pero en las grandes ciudades estos coches tienen sus días muy contados e incluso no nos valen para acceder al centro de estas ciudades en los días de alta contaminación, que cada día son más.   

Parece que los híbridos son la opción más conveniente, pero no hay que olvidar que son caros y que al disponer de dos mecánicas se pueden multiplicar los problemas y las averías y que el coche pesa más que uno similar con una sola motorización.

A esto nos ha conducido una política cegata que no ha previsto anticipadamente esta situación de la que quizás sea la primera industria exportadora del país (el turismo no es industria), mientras se mantienen en funcionamiento calderas de calefacción de carbón o gasóleo, vehículos pesados que literalmente gasean a los que les rodean y un transporte público no tan excelente como para disuadir del uso del vehículo propio. Para 2040 estará completamente prohibida la venta de vehículos privados de combustión interna, ¿se ha parado a pensar lo que eso significa? Pues que habría que sustituir los que hay a un ritmo de 750.000 vehículos anuales (cálculos oficiales); que para −digamos− 2025 (dentro de 6 años) nadie comprará un coche de combustión −¿qué menos que una posible vida de útil de 15 años? −; que las empresas generadoras y distribuidoras de electricidad nos tendrán en sus manos para todo y que, está claro, harán falta centrales nucleares para producir tanta energía como precisaremos, sin contar con que según nos dicen no hay litio para tanta batería y que la contaminación producida por las baterías desechadas nos matará de verdad al mismo tiempo que los residuos nucleares. Mientras, los optimistas están convencidos de que en cuatro o cinco años habrá baterías no contaminantes, de carga ultra-rápida y del tamaño de una caja de zapatos, que nos darán una autonomía de 2.000 km... Ya veremos, yo no me lo creo.

Entretanto, los «torpes» de los japoneses están promoviendo la compra de vehículos diésel como los menos contaminantes. Lo más gracioso es que eso es cierto para los diésel que ahora se fabrican, pero a nuestra ministra eso no le importa.    

31 diciembre 2018

Avances

Compramos en casa el pasado enero un televisor para sustituir al que teníamos desde 2003. Han sido 15 años de vida útil del sustituido, bastante más de lo que suelen durar los aparatos de estas avanzadas épocas. El nuevo es 4K, y aún no he conseguido ver ningún programa con esta definición cuando ya anuncian los 8K, una innovación tecnológica precisa, según parece, aunque calculo que al paso que vamos las emisiones normales en esa definición no llegarán hasta 2025, si es que llegan.

Veo en la prensa el anuncio de una nueva tecnología de redes móviles, la 5G, que llega cuando en la población en la que paso mis vacaciones de verano apenas hay cobertura en 3G y mi móvil (y el de la mayoría), comprado este mismo año, no está preparado para el 5G. Se trata de forzarnos al cambio de dispositivo porque eso llena los bolsillos de los fabricantes al tiempo que vacía los de los adictos a la modernidad.

De todas maneras, es cierto que me encuentro perdido entre tanto avance que percibo escasamente interesante y que requiere grandes inversiones por parte de todos, mientras permanecen sin cura enfermedades infelizmente comunes como el cáncer o la leucemia. Está claro que no debe ser tan rentables investigar medicamentos como el negocio de los smartphones.

No es en lo único que me siento extraviado, cada día leo por Internet la prensa y diría que gran parte de las figuras que se citan en portada son absolutamente desconocidas para mí, especialmente los cantantes y los actores, a los que por mucho que procuro conocerlos, se renuevan a una velocidad superior a la que yo puedo alcanzar a la hora de actualizarme. Es verdad que tampoco me apasiono excesivamente por estar al día quizás porque percibo que la distancia entre −digamos− Miles Cyrus y Nicole Kidman como actrices o Nicki Minaj y Peggy Lee como cantantes, es tan tremenda que no es solamente cuestión de edades. 

Con razón o sin ella, mi desconcierto es enorme cuando descubro que una veinteañera con la que hablo desconoce cuándo perdimos Cuba y Puerto Rico −ni siquiera el siglo−, ni puede situarlos en el mapa, y que lo suyo no es ni de lejos un caso único. Ahora nada de lo pasado importa y bastante que se hace consiguiendo atender los numerosos requerimientos que se reciben por Whatsapp o Instagram.

En numerosas ocasiones leo o escucho en los medios que la mayoría mira su móvil nada más despertarse, que hay una adicción diagnosticada a este aparatito llamada nomofobia, que personas bien entradas en años me confiesan que no podrían vivir sin el móvil, que no tengo muy claro si no es peor que aquello de hacer los primeros viernes, que al fin y al cabo, eran solo los primeros viernes (seguro que alguien no sabe ni de lo que hablo).

Y creíamos que la televisión iba a comerse el cerebro de la gente... ¿qué cerebro?

19 noviembre 2018

El turismo marabunta

No hace mucho pasé una semana en Edimburgo y la experiencia no ha sido tan positiva como esperaba. Como me decía un empleado del hotel en que me hospedé, la ciudad se ha transformado en un cascarón vacío, como según él ya lo es Londres, ciudad a la que acusaba de no existir, porque no quedan habitantes en el centro, sólo personas de paso.

Es una ciudad que sin duda tiene zonas muy bonitas y atracciones turísticas como el yate Britannia, no muy visitadas, pero en general se percibe una presencia excesiva de turistas y finalmente uno se marcha con la sensación de que no ha visto muchos escoceses y sí demasiados foráneos. Bueno, espero que lo fuera al menos el portero del hotel con su espléndido Highland dress.

Este viene siendo el final real de todas las visitas turísticas: la decepción por la saturación y pérdida de identidad de lo que hemos ido a visitar. Ya me niego a ir a Venecia o a otras ciudades muy atractivas que conozco, porque sé que están demasiado concurridas de turistas, lo que uno ve es apenas un decorado como el de las películas y las personas que están deambulando por allí son lo mismo que nosotros, elementos extraños que distorsionan la realidad local.

Poco a poco se va produciendo una reacción de rechazo en esos lugares tan frecuentados −legítima defensa− y por eso Venecia ha prohibido tumbarse o sentarse en las aceras y comer en áreas públicas. Todos los turistas son un azote, pero los mochileros son la sublimación de esa condición. En la isla de Scíatos, playa de Lalaria, donde se rodó la película Mamma mia, han tenido que poner avisos de que serán encarcelados los que se apoderen de una piedra de esa playa, pues parece que el souvenir pétreo del lugar de rodaje estaba provocando el cambio de configuración y desaparición de la playa.

Además están las huellas visibles que dejamos. Ya conté que en un viaje a Budapest me tocó avergonzarme porque el único pintarrajeo en el famoso puente de las cadenas, hecho con un rotulador muy grueso, estaba en español. Pero tampoco hay que asombrarse, uno de los problemas de conservación de La Alhambra son las firmas que los visitantes se empeñan en dejar como testimonio de que ellos estuvieron allí. Y que no se crean que es una ocurrencia solo de gamberros, Washington Irving también dejó su firma en una pared del monumento, bien es cierto que lo hizo cuando el acto no era frecuente ni vulgar.

Según parece somos ya más de 8.000 millones los habitantes de este contaminado planeta y no cabemos, pero será mucho peor si no paramos de ir de un sitio a otro. Otros lugares víctimas de la sobrevisita son las playas, todos hemos podido ver personalmente o en televisión cómo se ponen las playas, que hasta el mar queda contaminado, por no recordar esas luchas por colocar la sombrilla en primera línea. ¿Se acuerdan de cuando las playas solo se llenaban −casi− los fines de semana? Yo sí. 

Y hay que agradecer hasta cierto punto la aparición de los estúpidos selfies, porque muchos en vez de dejar constancia de su presencia in situ, se conforman con llevarse el testimonio fotográfico, aunque eso significa que poca huella deja en el visitante lo visitado, porque lo más importante era la foto. Una vez conseguido el testimonio, ¡a olvidar!

El turismo ha ido desvirtuando lo que los lugares son y suscribo con sinceridad esa pintada que vi no sé dónde que afirmaba All the tourists are bastards. Claro que eso supone que no quiero ni debo ejercer de tal y por lo tanto mis viajes han de ser restringidos y del tipo que permita calificarme más bien de viajero que de turista.

Quizás lo que me ha hecho tomar conciencia del desastre ha sido ver que la ciudad donde nací, que cuando yo era niño era una delicia recorrer con libertad, en la actualidad es un zoco con colas por todas partes e infinidad de tiendas de recuerdos que han supuesto la desaparición de los comercios de toda la vida.

28 octubre 2018

O blanco, o negro

No es ningún secreto que los españoles somos gente muy amiga de la rotundidad, enemigos de las medias tintas, y por lo tanto adversarios declarados del consenso o la negociación. Para la mayoría, la vida es algo muy parecido al comportamiento de los fanáticos partidarios de los equipos punteros de fútbol: este es mi equipo y a todo lo demás, ni aire.

El otro día me decía una amiga originaria de Irlanda del Norte que ella había observado que aquí Woody Allen no dejaba a casi nadie indiferente, unos lo aman y otros lo odian. Poco futuro tenemos los que como yo vemos como de gran calidad una parte de su producción −especialmente la realizada hasta hace años− y excesivamente alimenticia la mayoría de esas películas producidas desde el engendro dedicado a Barcelona, como también esa serie para la televisión de la que he sido incapaz de ver más de dos capítulos.

Me temo que es de alcance mundial el fanatismo con que se ha abordado el asunto refugiado bajo el #MeToo −¿de verdad que todos los españoles saben lo que significa esa expresión en inglés?− con el que de repente se pretende que nadie mire con ojos golosos a ninguna fémina, pese a que muchas siguen mostrando con generosidad amplias parcelas de su piel −con cierta turgencia debajo−. Seguramente, ese exhibicionismo está dirigido a un público escogido (por ellas), y siempre queda la posibilidad de, al cabo de 30 años, denunciar a alguien que les tocó el culo, olvidando que en general fueron ellas las que lo pusieron en bandeja para conseguir un trabajo o lo que fuera que desearan.

Ha habido durante varios días un debate −estéril por supuesto− en la prensa acerca de una canción de Mecano que iba a versionarse en no sé qué concurso de TV. El grandísimo problema es que la letra contenía la palabra «mariconez» y la concursante, muy atenta a los aspavientos que puedan favorecerla, se ha negado a incluir ese vocablo tan homófobo (así lo dice) al cantar. No importa que en su día el grupo Mecano mostraran repetidamente en sus canciones su apoyo a la causa homosexual, que incluso fueran criticados por ello. Ahora no se permite ni un desliz y si una letra de alguna de sus canciones incluye algo tan terrible, tiene que ser porque son terriblemente homófobos.

No soy militante de ningún partido ni he entregado mi corazón −político− a ninguno de ellos, aunque por supuesto los hay que cuentan con mis simpatías y otros que reciben mi más sincero rechazo. Me ha ocurrido varias veces que cuando en una reunión de amigos declaro que tal acción o tal idea de un partido opuesto a mis ideales me parece acertada, inmediatamente he sido calificado por los presentes como desorientado o fingidamente cercano al partido con el que digo simpatizar. No hay salvación: uno tiene que declarar que acepta todo lo que los dirigentes de un partido declaren −si es que se quiere que los amigos admitan que uno no es un traidor−, al tiempo que se pronuncia radicalmente en contra de todo lo que se dice en partidos opuestos, porque ya se sabe: el que se equivoca, estará siempre errado; por el contrario, si de verdad somos cercanos a un partido, hay que estar siempre apoyando lo que hace y dice, sea lo que sea.  

Esa actitud produce contradicciones llamativas, llamativas al menos para los que pretendemos no ser fanáticos en nada. A diario podemos leer el calificativo de okupa referido al actual presidente de gobierno, olvidando lo que esa palabra significa y olvidando −o probablemente desconociendo− el contenido de la actual Constitución española y, concretamente, su artículo 113. Curiosamente, de ese calificativo y de esos olvidos son autores y protagonistas los que se declaran a diario constitucionalistas. Los de siempre.

19 septiembre 2018

Más misterios dolorosos

Tranquilos, no voy a hablar de nada que se relacione con el asunto del rosario, salvo que resultan ser asuntos que me resultan misteriosos y más bien dolorosos. Vale, lo dejamos en molesto si prefieren.

Misterio nº 1 – ¿No les ha pasado nunca que cuando van conduciendo por una calle no muy ancha o en un estacionamiento subterráneo, de repente deben detenerse porque el tráfico está bloqueado?, ¿qué han pensado cuando descubrieron que el origen del atasco es que alguien –siento decir que más frecuentemente del sexo femenino– con escasa habilidad para aparcar, se empeña en colocarse hacia atrás en un aparcamiento en batería y como no es muy hábil precisa de numerosas maniobras? He visto varias veces cómo la conductora a la mitad de la operación se baja para efectuar un reconocimiento del espacio y quizás, sólo quizás, un mapa mental del terreno de operaciones.

Es un enigma para mí qué atracción ejerce esa manera de colocar el coche, salvo que se tenga la intención de atracar un banco cercano y quiera garantizarse una rápida huída. Me dice alguien que conozco y que es profesor de autoescuela que así debe hacerse por una serie de oscuras razones que no me convencieron. Para mí, cortar el tráfico para hacer esa maniobra, es de zopencos.

Misterio nº 2 – Usted coge sus gafas, las limpia cuidadosamente con agua y jabón, incluso con limpiavajillas de la cocina. Las seca cuidadosamente con un pañuelo de papel y comprueba que quedan tan transparente como si no tuvieran cristal. ¿Alguien sabría explicarme por qué diez minutos después sus cristales están tan sucios como si un niño pequeño hubiera estado jugando con ellas, tras  comer un trozo de tarta? Juro que mis manos no se han acercado en todo ese tiempo a los cristales, incluso en ocasiones ni siquiera me las he puesto, ¿será el muñeco diabólico?, ¿algún espíritu vengativo?

Misterio nº 3 – Hasta hace no tanto tiempo, cuando usted vendía un piso que poseía desde años atrás, el ayuntamiento le cobraba lo que se llama plusvalía y, aunque a regañadientes, usted lo abonaba porque lo cierto era que el piso había casi doblado su valor de mercado desde que lo compró. No le servía de nada, porque el piso nuevo también ha subido su precio una barbaridad, pero técnicamente lo cierto es que su antiguo piso tenía un valor más elevado. Ahora, tras la crisis y pérdida de valor de los pisos, que en bastantes ocasiones supera el 50% –lo he vivido en mis carnes– cabría esperar que el ayuntamiento le abonase una minusvalía, ¿no? Error, porque se atienen al llamado valor catastral, que ha sido aumentado a capricho tremendamente para que de esta manera, si vende un piso usted sigue teniendo que abonar una plusvalía, aunque en realidad haya recibido la mitad que cuando lo compró. En mi caso, que conservé el piso cinco años y cinco días, tuve que declarar y cotizar sobre una ganancia virtual de más del 22% –un 3,7% por cada año o fracción– del valor que tenía cuando llegó a mi poder.  Supongo que esto es lo que deben llamar ingeniería financiera para víctimas.

Misterio nº 4 – La política española ha descubierto un nuevo asunto donde hincar el diente: los títulos universitarios, tesis y másteres. Ya saben, todo viene de cuando a la presuntamente impecable presidenta de la Comunidad de Madrid se le descubrió un máster del que presumía, pero que no había hecho. Todo era producto de las fechorías de cierta universidad que tenía por norma regalar a políticos, del signo que fuera, un máster del que ufanarse e incluir en su currículum.  

Ya lo sabemos todos, esa impecable presidenta fue abochornada y se vio obligada a dimitir de su puesto e introducirse en esa neblina en que vivimos los ciudadanos normales. Por cierto que no era tan impecable; su nombre saltó a la fama antes de ser presidenta cuando conduciendo una motocicleta que no tenía pasada la ITV hizo una maniobra temeraria y quedó con buena parte de sus huesos para el arrastre; los daños en el rostro debieron ser terribles, de ahí su aspecto. A cualquiera esa hazaña le hubiera costado un buen paquete, pero en su caso ni siquiera volvió a hablar de ello.

Descubierto el truco, es fácil. Se repasan los currículos de todos los políticos y a la más mínima, garrotazo. El colmo, el caso del actual presidente del gobierno al que tantos quieren tirar por tierra. Primero se le dice que no tiene hecha la tesis; después que esa tesis no es accesible para fotocopiar o almacenar digitalmente. Cuando finalmente se cuelga en la red, se pregunta ¿la hizo verdaderamente él o le ayudaron? Tremenda duda, ¿no? Sugiero el viejo truco de colocar astillas entre la uña y la carne para que confiese, el muy rufián...

Esto me recuerda aquella costumbre de los curas de antaño de preguntar si se habían cometido actos impuros y si la respuesta era afirmativa, con qué mano. Y así sucesivamente.  

04 septiembre 2018

Especie en extinción

Debería tener mucho cuidado con lo que escribo, pues soy consciente de que al menor descuido este texto puede parecer que ha salido de la mente (?) de un militante de algún grupo de ultraderecha, pero puesto que este blog es prácticamente onanista, permanece más tiempo cerrado que abierto y no padece de aglomeraciones, no encuentro razón para no poner lo que me venga en gana, no tengo por qué fingir, como consciente o inconscientemente hace la mayoría.

Me ha dado por inquietarme por la invasión de Europa que desde todos los frentes va teniendo lugar, sea desde la cercana África a nuestro cercano y medio oriente (Siria, Pakistán, India, etc.) sin olvidar a casi todos los países hispanos de América. Hay un flujo permanente desde esos orígenes hacia Europa y mientras unos se indignan por pura xenofobia o racismo, otros lo apoyan pensando que con eso procuran una vida mejor a algunos parias de la tierra, en tanto que lo que sin duda se consigue es tirar abajo salarios y ayudar a muchos empresarios a conseguir mano de obra barata. Pura satisfacción y beneficio para los que gobiernan actualmente Europa, que son los únicos profundamente interesados y beneficiados por la inmigración.

Tampoco nos hagamos ilusiones, los que vienen no son siempre los desheredados de sus países, hay de todo pero con certeza quienes tienen dinero para pagar a las mafias, se incluyen los desechos de cada lugar, ¿no recuerdan el asunto de los marielitos de Cuba en 1980? En aquella ocasión, más de 125.000 cubanos abandonaron la isla hacia Florida con permiso de su gobierno y después EE.UU. montó en cólera porque eran de lo peorcito que había en Cuba, se les llenó el sur –en especial Florida– de delincuentes. Fidel Castro lo había agravado soltando delincuentes de las cárceles. Me encantó la jugada.

Aquí protestamos y nos estremecíamos por el llamado toro de la Vega. En esos países las víctimas torturadas no son toros, sino personas, y nosotros mismos y en toda Europa protagonizamos situaciones similares durante la guerra civil o la segunda guerra mundial, pero mejor o peor lo hemos superado, hemos evolucionado. Lo cierto es que los países de los que proceden esos inmigrantes –Mali, Sierra Leona, Camerún, El Salvador, los Balcanes, Siria, etc.– viven con frecuencia sumidos en una sociedad de violencia brutal y hayan participado o no de esa violencia, es innegable que quienes vienen han convivido con ella y forma parte de su entorno habitual hasta el punto de insensibilizarlos en todo o en parte respecto de esa barbarie.

No me resulta indiferente el esfuerzo de algunos por proteger la existencia de especies en extinción y por eso me alegran los progresos logrados con el lince ibérico, el bisonte europeo y otros, para evitar que ocurra con ellos lo mismo que con tantas especies que no conocemos sino disecadas en museos. Nadie sin embargo parece preocuparse por la supervivencia del europeo, no ya como raza –que no existe– sino como manera de entender el mundo, de relacionarse, después de tantos siglos de tiranías, guerras y enfrentamientos.

Todo el mundo pediría que se cerraran las fronteras si un virus de otras latitudes como el Ébola pudiera introducirse y causar una grave mortandad, sin embargo nadie parece darse cuenta de que la inmigración masiva, sin tiempo para ser asimilada e integrada, no supone sólo la aparición de esos guetos que tantos problemas causan ya en Francia y Reino Unido, sino la desaparición de la convivencia tal y como la conocemos, ya se ha dicho entre otras cosas que este continente tendrá una población mayoritariamente musulmana a lo largo del siglo actual, cuando apenas ahora comenzamos a controlar al cristianismo y sus brutalidades, sería por tanto penoso que dentro de 50 años en Europa se permitiera la lapidación, por poner un ejemplo, como ya se ha colado esa barbaridad de la ablación del clítoris o las vestimentas femeninas de los musulmanes que tapan en parte o todo el rostro y cuerpo de las mujeres. La casi totalidad de los países musulmanes viven todavía con mentalidad de hace varios siglos. Toda esa gente viene de países muchas veces ricos en materias primas, pero no son capaces de organizar la convivencia y el reparto de la riqueza, la violencia brutal forma parte de su vida y todo eso viaja con ellos y se implanta aquí. Es conocido el episodio de una patera en que tras unas peleas entre ellos, la mitad de los pasajeros arrojó al agua a la otra mitad. Como si no tuviéramos ya bastante violencia e injusticia propia. Ahí tienen a las bandas latinas (lean la prensa de ayer), un perfecto ejemplo de violencia de importación, tan extraña a nosotros como pueda ser el ornitorrinco; por no hablar de las explosiones de violencia de los manteros, que hacen huir a la policía. Preocúpense por saber de entre las muertas por violencia machista, cuántas pertenecían a parejas extranjeras o mixtas.

No es racismo, pero me gustaría que Europa siguiera siendo lo que ha llegado a ser y no que se iniciara una vuelta atrás provocada por quienes no han intentado o conseguido que sus países alcancen un nivel de equilibrio y buen gobierno aceptable y eso lo digo siendo consciente de que la situación de nuestro entorno no es precisamente para estar tranquilos, pero estamos a enorme distancia de –por ejemplo– Guinea Ecuatorial, un país que desde hace bastantes años ha multiplicado su riqueza gracias al petróleo, pero vive sumido en la pobreza (el 65% en la pobreza extrema) mientras su dictador Teodoro Nguema vive en la opulencia y su hijo «Teodorín» derrocha por el mundo los millones, posee yates y colección de coches de lujo. Travesuras de la estadística, Guinea Ecuatorial posee actualmente la renta per cápita más alta de África, pero su reparto es peor que cuando era colonia española. Por supuesto, muchos dirán que la culpa de toda esa injusticia la tienen los países occidentales, pero ¿cómo es que los nativos lo consienten?, ¿cuántas revoluciones como la francesa, la americana o la rusa han tenido lugar en África?

Creo que ningún medio de comunicación conocido permitiría la publicación de este texto y lo apartarían de su vista horrorizados mientras me tachaban de nazi, como poco; bueno, quizás lo publicara La Razón, lo que no ayudaría a que me sintiera respaldado. Ese rechazo es normal y previsible, porque vivimos en una época en la que el buenismo ha surgido con una fuerza tremenda, quizás como reacción a los atropellos de los que somos objeto cada día, pero yo pediría que antes de echarse las manos a la cabeza se dedicase siquiera un par de minutos a reflexionar si lo que digo es realmente un disparate o son escenas que podemos ver en la prensa cada día. Y conste que no me interesa la complicidad de los racistas o xenófobos, ni me quita el sueño la desaprobación de nadie.

29 agosto 2018

Profesiones con futuro


Peluquero de señoras en el País Vasco y Navarra – Sabido es que actualmente allí se lo cortan con un cuchillo de cocina y, aunque no son conscientes del aspecto deplorable que les otorga, con el tiempo adorarán cortarse el pelo como en el resto de Europa. A esta actitud de descuido de la peluquería se han incorporado  hace tiempo las componentes femeninas de la CUP, que parece que se cortan el pelo con un recortasetos.

Borrador de tuits de políticos – Cada vez que se inventa una nueva ocurrencia de eso que llaman redes sociales, los más tontos del planeta se apresuran a verter en ella sus ocurrencias y, como es natural los políticos y "activistas" en cabeza, olvidando que lo que se escribe ahí queda. Estamos viviendo cada día casos de tuits que acaban con la carrera política o profesional de algún descerebrado y por eso será muy demandada la profesión de borrador de tonterías.

Implantador de expresiones o palabras estúpidas – Son por lo general personas que se consideran periodistas, pero de momento cualquiera puede hacer su aportación sin ser acusado de intrusismo. Tenemos como ejemplo de gran éxito lo de seres queridos, una repugnante traducción del original inglés loved ones, que ha sido adoptada de inmediato por todos los medios y, lo que es más curioso, por el ciudadano común. Atrás queda lo de allegados porque resulta demasiado clásico, sencillo y supongo que viejuno. Tampoco hay que olvidar lo de tener sexo –¿es que “tener”, no lo tenemos todos?– para referirse al mantenimiento de relaciones sexuales, traducción brutal y literal de have sex. Ignoro la procedencia de esa otra expresión de moda: choque de trenes para hacer referencia a un conflicto entre dos partes seriamente discrepantes.

Fundador de ONG – En un principio, gente con buenas intenciones practicaban tareas sociales sin recibir nada por ello y tan solo guiados por su generosidad o sentimiento religioso. Con el tiempo, la existencia de subvenciones, la notoriedad social, la posibilidad de crear su propia república, hizo que esa creación de organizaciones presuntamente de beneficencia dio lugar al exceso de ONG y al hartazgo progresivo de parte de la población. No es mal negocio si uno es algo aventurero y sabe gestionarse las subvenciones.

De momento, le niego el saludo a cualquier persona que forme parte o ayude económicamente a las ONG relacionadas con la inmigración ilegal o empeñadas en legalizarla.

Realizador de gráficos falsos para el PP – Existe una cierta afición entre ciertos políticos a realizar gráficos en base a datos falsos, sabedores quienes los exhiben de que al estar hechos en colorines y con sus barras de distintas alturas, la gente lo va a dar por bueno sin más análisis. Cuidado, el que más gusta de estos gráficos es, según afirma y muestra la prensa, el moderno e impaciente Pablo Casado, el de la verborrea convincente y los gráficos divinos de la muerte (recordatorio). Asombrosamente, aunque la cifra disminuya, la barra siguiente del gráfico es más alta que la anterior. Pura magia.

07 mayo 2018

Pensiones y pensionistas

Jubilados tal cual gusta presentarlos a la prensa
Andan los pensionistas manifestándose casi día sí y día no −en Bilbao esta semana dos días− por las pensiones que perciben y aunque parezca que todos quieren lo mismo no es cierto ni de lejos. Comenzó con lo que era un común denominador: eso de subir el 0,25% dispuesto por M.Rajoy durante tantos años no sólo era una estafa, sino que era un insulto directo a los que viven de una pensión. Curiosamente, hay quienes argumentan que los pensionistas incluso han ganado poder adquisitivo durante los años de la crisis −esa que dicen que ya acabó− lo que es una mentira fastuosa.

Esta misma noche he tenido que oír en televisión cómo afirmaba tal cosa una periodista más facha que Francisco Marhuenda, que además presumía de ser experta en economía y aseguraba que los años de deflación han servido incluso para que los pensionistas ganen poder adquisitivo; nada menos.

Se manejan cifran y como siempre que ocurre tal cosa se manejan para machacar al oponente con números que respaldan falacias. Las pensiones son por definición poco generosas y por lo tanto aparte de que en muchas ocasiones tienen que servir para mantener a los hijos o nietos en el paro, porque sigue siendo muy elevado y los famosos empleos creados por el régimen son precarios y escasos, han tenido que cargar con algo que hasta ahora no he oído citar. Hablo del copago farmacéutico impuesto a los jubilados y sobre todo, de las numerosas medicinas que han dejado de ser suministradas por la seguridad social y que, por tanto, son costeadas en un cien por cien por el pensionista. Muchas, buena parte de ellas, las que son consumidas regularmente por las personas mayores o enfermos crónicos. También han soportado, y esto como todos, las abusivas subidas de gas y electricidad que aparentemente no se reflejan en el IPC.

Yo, que soy pensionista, me he abstenido de ir a las manifestaciones por dos motivos fundamentales: se ha desvirtuado la reivindicación original y además he sabido que no soy persona grata para el grueso de los pensionistas por ser uno de los muchos que disfrutan de la llamada pensión máxima, que es tanto como decir eso de que en el país de los ciegos... También he podido observar que se aprovechan las movilizaciones para que el que tiene una pensión baja, pretenda que se la incrementen en un 50% o más para tener una pensión digna. Me pregunto si pensaban en esa dignidad cuando cotizaban lo mínimo.

Sostiene el gobierno que no hay dinero para subir más del 0,25%, pero ha bastado que un partido le diga que no apoya los presupuestos del año que viene para que de repente hayan encontrado dinero para subir no está muy claro cuánto ni a qué pensiones, pero más de ese infame 0,25% para todos. Eso, si es que hay presupuestos...

No hay que ser economista para darse cuenta de que con los salarios de miseria actuales no hay cotizaciones suficientes como para mantener el sistema de pensiones y hay quienes quieren provocar una guerra generacional entre trabajadores con bajos salarios y pensionistas. Pero es verdad que resulta chocante que la pensiones sean más elevadas que los salarios, aunque la responsabilidad no sea de los pensionistas, sino de los puestos de trabajo con bajísimas retribuciones agenciados por este gobierno, de los que tanto se ufana.

Por otro lado, el otro día leí algo que me dejó perplejo. Resulta que la SS ha sido durante décadas un buen negocio para el estado, que se ha embolsado hasta 1997 todos los superávits que se producían cada año. Después, se ha destinado sólo parte del superávit y de los beneficios al Fondo de Reserva −incluso durante los gobiernos de Zapatero− y de remate el gobierno del PP ha regalado cotizaciones a los empresarios a cambio de producir empleo (?), lo que significaba y significa financiar sus políticas regalando como suyo dinero que debería recibir la SS. Al tiempo, se ha merendado los casi 70.000 millones del Fondo de Reserva de las pensiones −la famosa hucha− e incluso ha tenido que pedir un crédito de unos 16.000 millones para poder pagar las pensiones de 2018, porque la hucha ya se acabó. Se repite una y otra vez que es preciso cambiar el sistema, pero hasta ahora nadie ha intentado nada. No quiero ser pesimista, pero...

03 mayo 2018

Manadas

Con una opinión pública habitualmente desinformada y extremadamente aficionada a tomar partido apasionadamente, nos toca aguantar con resignación –a mí al menos– una permanente aparición en la pantalla de la televisión de pancartas luciendo el lema "Yo sí te creo", que me deja casi perplejo por la unanimidad y por la vehemencia de sus portadoras. Por cierto que muchas veces añaden a ese lema la palabra "hermana", porque en España surge la hermandad cuando es contra alguien. ¡Hasta las monjas Clarisas de Villaviciosa (Asturias) se han manifestado a favor de la víctima!

Siempre pensé que eso de creer era algo que se practicaba con la Santísima Trinidad –que ya es duro de creer– o con las cuentas del PP de Madrid, pero resulta que yo estaba equivocado y ahora se trata simplemente de creer lo que alguien dice, sin apoyatura de ninguna clase.

Me estoy refiriendo, está claro, al asunto de esa panda de imbéciles conocidos como La Manada, de profesión sus aspavientos machotes y sus giras en pos de gorditas, como puede leerse en sus propias comunicaciones a través de las redes sociales, quizás porque piensan que las que padecen  sobrepeso serán más asequibles a la hora de dejarse abordar para cometer alguna barbaridad con ellas.

Dice el diccionario de la RAE acerca del verbo creer en su primera acepción "Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado." y verdaderamente se cumplen estas condiciones para quienes afirman creer en la pobre víctima y piden para los culpables cadena perpetua o cosa semejante. Se cumple porque, según tengo entendido, nadie salvo los jueces y abogados han podido ver los vídeos que los imbéciles hicieron y por lo tanto esa fe es auténtica y basada en imaginaciones y habladurías, que no en las únicas pruebas existentes.

Según se contó en la prensa, a poco del suceso los abogados defensores pusieron un detective a seguirle la pista a la víctima, con el propósito de demostrar que su vida habitual no era excesivamente ejemplar, pero las acusaciones particulares y públicas exigieron de inmediato la retirada del informe de ese seguimiento, anulando así la posibilidad de saber algo más sobre la víctima, que sobre los agresores ya se sabe todo lo que se quiera.

Puesto que es inevitable que, dado el bombardeo constante, cada uno tenga su propia opinión, opinión basada en pálpitos, que no en pruebas, la mía es que no me inclino por ninguna de las partes y sobre todo lo que está ocurriendo y considerando los tiempos que no están tocando vivir, estimo que lo lógico es que los jueces, como conocedores hasta lo posible de los hechos, son los que deben sentenciar y así lo han hecho, aunque la casi totalidad de los españoles ya haya tomado partido en base a nada. También me parece una oportunidad muy bien aprovechada de las mujeres que dirigen el movimiento feminista para mostrar su poderío, y de verdad que parece casi ilimitado. Muy bien gestionado y manejado, pobre del juez que se atrevió a dar un voto particular y pobre su carrera judicial.

Como dijo uno de los abogados defensores: "Si lo que se estuviera juzgando fuera la estupidez, mis defendidos merecerían cadena perpetua; pero no es eso lo que está valorándose".

Mientras, las protestas han llegado al Parlamento Europeo, a la ONU y no me extrañaría que hasta a Kim Jong-un y ya se sabe lo equilibrados y justos que suelen ser los juicios de estos entes. Si Puigdemont está recibiendo numerosos apoyos para defenderle del sistema no democrático español, y el atroz atropello del que está haciéndole víctima el Estado, no quiero ni pensar el que recibirán unas pobres mujeres indefensas, como las que en la foto se enfrentan a la policía foral de Navarra.