18 octubre 2024

Coches con caducidad

Hoy fui a hacer unas compras y tras aparcar, al bajarme, el propietario del coche de al lado que también acababa de llegar, me pregunta qué etiqueta DGT tiene mi vehículo. Le contesto y miro la matrícula de su coche: las letras son CBG y al parecer tiene 22 años. Si me dicen que ese coche tiene tres meses de antigüedad me lo creo, porque está flamante. Se trata de una berlina Peugeot, no miré el modelo, pero es grande, de bonito y moderno diseño y está como nuevo. Con el motor en marcha no acierto a ver ningún humo en el escape –sé que las partículas no suelen ser visibles− y me cuenta que tiene pasadas todas las ITV sin ningún problema. Su propietario vive en Coslada, que es una población contigua a Madrid, pero no puede conducir por Madrid porque las disposiciones actuales le impiden incluso entrar en la ciudad lo que, naturalmente, le indigna.

Esto es lo que han conseguido las disposiciones del gobierno, siguiendo −supongo− las directrices de la Unión Europea, que a mi entender lo que persiguen no son tanto la inexistencia de emisiones perjudiciales para la atmósfera y por lo tanto para los seres vivos, como ayudar a los fabricantes de automóviles obligando a la ciudadanía a renovar el parque, bajo amenazas y extorsión. Se sabe que en todo el mundo las nuevas leyes no pueden tener efectos retroactivos, pero cómo entender que alguien se compre un coche por ejemplo en 2010 y ahora le prohíban circular por la ciudad o aparcar en la calle, algo de lo que no le avisaron cuando hizo la compra.

Sí, son amenazas porque su instrumento es prohibir el acceso al centro de las ciudades según la antigüedad y el cumplimiento de las normas Euro-4, Euro-5 y Euro-6. Yo entiendo que a un coche nuevo se le obligue a cumplir determinadas normas anticontaminación, tan estrictas como consideren, pero me parece una extorsión obligar a nadie a que su coche, que está en buenas condiciones, cumpla unas normas que no existían cuando se compró, tanto es así que pasa anualmente la ITV sin ningún problema. Yo y cualquiera estamos hartos de ver camiones, autobuses y hasta turismos nuevos arrojando una nube de humo y a veces llevan hasta la parte trasera ennegrecida por ello, ante la indiferencia de quienes deberían impedir su circulación por muy nuevo que sea el vehículo.

Claro que la razón principal de acorralar a los propietarios de coches que no son recién fabricados no es evitar la contaminación, sino obligarlos a comprar uno nuevo, a ser posible eléctrico, unos trastos que no merecen la consideración de no contaminantes, porque contaminan al ser fabricados, contaminan al circular puesto que la electricidad no siempre tiene origen renovable, y contaminan al ser desechados porque las baterías son difíciles si no imposibles de reciclar y contaminan muchísimo al acabar su vida útil, según afirman quienes entienden de ello. Eso por no hablar de la dificultad de recargarlos por falta de instalaciones adecuadas. La cuestión es que hay que ayudar a los fabricantes y aceptar que impongan un tipo de motorización sin futuro.

Porque esa es otra: quieren que compremos esos coches carísimos porque −dicen− las baterías son costosas de fabricar y resulta ser una ocasión aprovechada por los fabricantes para aumentar precios sin ningún control, pese a que los motores eléctricos son simples, aunque terminan siendo muy complejos debido a todos los sistemas auxiliares que les acompañan y a los cientos, hasta ochocientos kilogramos de baterías, que hay que ir moviendo por donde vayamos. Por no hablar de la autonomía. Un coche eléctrico es una estafa con ruedas.

No se ha intentado seriamente encontrar otro tipo de motorización que no suponga tanta contaminación, directa o remota, y que de verdad suponga una mejora al sustituir a los motores de combustión. Mi coche tiene en la actualidad quince años de antigüedad y no lo he sustituido sin que la razón económica sea la principal; simplemente está magnífico de aspecto porque lo guardo en un garaje privado, tiene poco más de 60.000 km y está verdaderamente como nuevo, no ha tenido nunca una avería, contando con todos los elementos de seguridad y confort que pueda exigirse: cambio automático, desde sensores delanteros y traseros a cámara trasera, numerosos airbags, equipo de sonido con nueve altavoces, tapicería de piel, asientos con ajustes eléctricos y memoria de ellos, ¿de verdad quieren que lo lleve a un desguace?; sin embargo, ¿por qué consienten que haya un 10% de vehículos que no pasa la ITV, cuando saben perfectamente cuáles son?

Mientras, tenemos centrales nucleares cuyos residuos altamente contaminantes no saben ni dónde almacenarlos, el transporte aéreo contamina hasta asfixiarnos y se promueve su uso −incluso privado− porque se trata de favorecer la movilidad y el turismo, que tanto contamina. Se facilita la compra de vehículos tipo SUV, cualquiera de los cuales contamina más que esos vehículos que pretenden que nos deshagamos de ellos para comprar… ¿un SUV?

Lo que de verdad contamina no son los automóviles, sino los 8.200 millones de habitantes del planeta; en 1970 éramos 4.000 millones. No hay agua para todos, no hay comida para todos, no hay vivienda para todos. Arreglen eso; si pueden.

01 octubre 2024

A vueltas con los que vienen de fuera

Se trata de unos temas a los que, lo sé, no paro de referirme y lo peor es que voy a seguir, con la certeza de ser tachado de racista y xenófobo; algo que me da igual. Desde los tiempos de Fraga Iribarne, los españoles en general sentíamos cierta felicidad cada año al comprobar cómo aumentaba el número de turistas que nos visitaban. Sabíamos que eso significaba divisas y no molestaba a nadie.

Cambiaron las cosas como siempre que hay abuso de por medio: en muchas poblaciones españolas azotadas por ese turismo, ahora masivo, se están celebrando manifestaciones de protesta al comprobar el daño que a los nativos produce esa presencia en plan marabunta que hace imposible la convivencia y secuestra la ciudad para sus habituales habitantes.

Yo, que resido en una ciudad que no es en la que nací, tenía por costumbre visitar cada año una o dos veces mi localidad natal. Este año, por primera vez, no he aparecido por ella, puede más el rechazo que siento al ver todo invadido por turistas que el fastidio de no verla gustándome tanto.

Da igual que el turista provenga de China que del Reino Unido, antes que el beneficio económico que pueda resultar para algunos la llegada de foráneos, está el derecho de los autóctonos a disfrutar sin interferencias o limitaciones del lugar en el que residen.

Hay otra llegada de extraños que también provoca incomodidades y, de momento, algunas protestas. Hablo de la llegada de inmigrantes en cayucos o pateras, que no son de ninguna manera refugiados, pero que son acogidos conforme a unos acuerdos de 1951. El otro día en el telediario, mostraban a una Ana Blanco jovencita –era 1994– dando la noticia de que, “por primera vez”, había llegado a Canarias un cayuco con dos inmigrantes africanos, estos días se cumple el 30º aniversario. Hoy se cuentan por decenas de miles, pero seguimos con los acuerdos de 1951. Cierto, hay sectores a los que agrada el aumento de población indocumentada; imagine por qué.

Es una manera de burlar las leyes de inmigración, pero en vez de ser encarcelados o expulsados, son acogidos y en muchas ocasiones financiados por el Estado, es decir, por todos. Los partidos políticos no se atreven a abordar el problema como correspondería por miedo a perder votos de los biempensantes, lo que es aprovechado por la ultraderecha para hacer de ello uno de sus argumentos políticos.

África tiene en la actualidad unos 1.400 millones de habitantes, pero como procrean sin el menor sentido de responsabilidad, esa población se viene duplicando cada 27 años. Es decir, ellos procrean sin preocuparse de nada y nosotros tenemos que hacernos cargo del resultado de su entusiasmo sexual. Parece que el ejercicio de la compasión se activa de manera notable incluso entre los ateos, facilitando una situación de la que nos arrepentiremos cuando sea tarde, como pasa con el turismo.  

La gran mayoría provenía en su día del Magreb, Mauritania y Senegal. Hoy vienen además de Costa de Marfil, Burkina Faso, Guinea Conakri, Gambia, Pakistán, Afganistán, etc. Mañana, vaya usted a saber, seguramente desde todos los confines, porque no es tan fácil encontrar un país de tontos. En España el dilema de los jóvenes es si ir a la universidad o hacer FP. En esos países el dilema equivalente es quedarse o venir a España. Los que ya están aquí o su misma televisión les hacen creer que aquí se vive de lujo, así que la decisión es fácil. Y ya saben que aquí son bien recibidos los que vienen saltándose las leyes.

Digo yo, ¿tan difícil es hacer como Alemania que selecciona a los que llegan ajustándolos a las profesiones que precisan? Australia tiene fama de país bueno y generoso, pero ¿saben lo que hacen con las embarcaciones que su vigilancia costera encuentra camino del país? Simplemente los remolcan hasta unas islas lejanas –Nauru y Papúa Nueva Guinea– y allí los dejan que se apañen. Ya no precisan hacerlo con frecuencia, porque no hay efecto llamada. Hoy mismo oigo en el telediario que desde Canarias han salido los de Salvamento Marítimo de siempre para encontrar un cayuco que está perdido a 320 millas del archipiélago (562 kilómetros), con más de 120 personas. ¡¡Los buscamos a domicilio!! ¿Cuánto ha costado ese rescate?

Recuerden: son ellos o nosotros. Ya casi no tenemos tiempo para reaccionar y poner fin a una invasión que se va a duplicar de año en año. De momento, ya han llegado a Canarias más del doble que el año pasado.


24 septiembre 2024

Perfectas desconocidas

Suelo leer cada día la versión digital de tres o cuatro diarios –a alguno estoy incluso suscrito− y cada día aumenta mi asombro por la ingente cantidad de jovencitas (o no tanto) que aparecen en sus portadas, como si fueran personajes de gran popularidad. No conozco a ninguna, pero sospecho en dónde se encuentran esas canteras aparentemente inagotables. 

Normalmente no veo concursos en televisión, ni frecuento redes sociales, ni me interesa eso que llamamos influencers, ni uso apenas el móvil; no es extraño que si vivo en medio diferente al de la mayoría de mis compatriotas, el resultado es que mi mundo sea diferente al de mis compatriotas. Y seguramente, mejor.

Por descontado, casi todas responden más o menos al mismo patrón: la mayoría de ellas se han colocado prótesis mamarias y se han inyectado bótox o ácido hialurónico o vaya usted a saber qué –la verdad es que no sé muy bien cuál producto– en los labios para que estos adopten el aspecto de los de una mujer perteneciente a alguna tribu primitiva africana, carnosos o salchicheros, si bien abundan entre quienes se operan de sus labios las presentadoras de televisión y otras bastante conocidas que se arriesgan a un cambio exagerado de aspecto, porque piensan que hoy en día si no estás a la última, no estás. Por descontado, todo esto adobado con numerosos tatuajes o piercings que da una idea de lo que sus portadoras entienden por modernidad.

También suele tratarse de participantes en algunos de esos concursos terribles de la televisión actual y que esperan que su participación devenga en algún contrato sustancioso en televisión, algún papel en una película de esas que luego no ve nadie o, por lo menos, un romance con algún famosillo. Todo eso suele dar dinero y likes en las redes, que es lo que se busca. Y si alcanzan cierto grado de popularidad, siempre les queda eso de Only Fans donde, si no lo saben, colocan sus atrevidos vídeos o fotos recibiendo a cambio una remuneración. Recuerdo que cuando niño solíamos buscar en el diccionario palabras atrevidas y en ramera (o sinónimos) encontrábamos la definición de mujer que comercia con su cuerpo.  ¿Valdría esa descripción para quienes viven sin dar un palo al agua, solamente exhibiendo sus atributos y en ocasiones alguna actuación procaz? 

El caso es que los periódicos hablan de ellas, o de su pareja, o de su cuñado, como si tuviéramos la obligación de conocer a todos esos desconocidos que posiblemente y como refiere el dicho, no son conocidos ni en su casa a la hora de comer. Probablemente, esto debería darme cierto complejo de aislamiento, pero en eso –y sólo en eso− soy similar a los británicos y por lo tanto concluyo que los demás están aislados: en su estulticia.

Últimamente, las famosas –y por lo tanto quienes no lo son aunque lo desean− han dado un paso adelante y andan vistiéndose –más bien desnudándose− empeñadas en que conozcamos cómo tiene sus mamas, su entrepierna y su trasero; la totalidad del negocio. Yo reconozco que me gustan tanto los desnudos femeninos −los atractivos, claro− como me desagrada la pornografía, así que bienvenidos sean esos conocimientos de lo que hasta hace poco se consideraba intimidad, aunque sea a costa de la pérdida de ese misterio que acompañaba a las mujeres –no todas–, que hacía que todos desconociéramos lo que solamente su pareja conocía a fondo.

Es cierto, lo reconozco, que algunas de estas mozas terminan siendo conocidas hasta para el más reticente. Ahí tenemos a la tal Georgina Rodríguez, de profesión pareja de Cristiano Ronaldo, empeñada en que conozcamos cada centímetro de su cuerpo, no siempre de origen natural. Tengo que reconocer que está de buen provecho, pero permítaseme que no me agrade en absoluto pese a sus atributos. 

03 septiembre 2024

El turismo mata o, como poco, asfixia

Hace más de diez años hablaba yo del turismo masivo en este blog y poco después ya avisaba del peligro que suponía. Todavía hay muchas personas que consideran que no es para tanto y ven una gran bendición la llegada de turistas desde el extranjero.

Según cuentan, fue Thomas Cook el que inventó el negocio del turismo, creando una agencia de viajes organizados en 1841. Creo que fue por los años 60 del siglo pasado cuando el gobierno español vio una posible salida a nuestra pobreza tradicional fomentando la venida de turistas de otros países. Éramos entonces poco más de 30 millones, ahora nos acercamos a los 50. El mundo tenía algo menos de 3.500 millones y actualmente nos acercamos a los 8.200 millones, buena parte de los cuales han decidido visitar España por aquello de sus playas, sus monumentos, su gastronomía y sus precios. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que ya no cabemos y no hay para todos. Gracias a eso, Alemania presume de que Baleares forma parte del territorio de su país y, casi en igual medida, Canarias.

A todo esto, ¿sabe quiénes financian los servicios de esos turistas extranjeros? Pues aunque parezca mentira, nosotros; los mismos que no podemos competir con el poder adquisitivo de tanto turista y que nos vamos viendo privados de la posibilidad de disfrutar de nuestro propio país. Somos nosotros los que pagamos la depuración y traída de aguas para el consumo, quienes pagamos la recogida de basuras, las infraestructuras de transporte, etc. etc. Somos nosotros también los que perdemos la posibilidad de adquirir una vivienda porque la demanda es mucha y hasta el señor Mariano Rajoy tuvo la feliz idea de lo que se llamó la “golden visa” que permite que mediante una modesta inversión de algo más de 500.000 €, cualquier extranjero pueda conseguir una visa para asentarse en España y por lo tanto desplazarse por todo el espacio Schengen sin dificultades. Eso complica aún más nuestro problema inmobiliario, pero ¿no es maravillosa esa hermandad universal?

¿Sabe quiénes se benefician del turismo? Indudablemente todos en una muy pequeña magnitud; mayoritariamente los hoteleros que son los que recogen la mayor parte de lo que estos turistas dejan, aunque hay que recordar que buena parte de los hoteles son de capital extranjero y es para sus países para donde va el mayor beneficio. Según nos cuentan, los ingresos por turismo suponen el 13% del PIB, nada del 30 o 40% como he oído decir a algunos. También genera un cierto número de puestos de trabajo, en su mayoría precarios y mal pagados, pero tapona el emprendimiento porque aquello es una solución fácil y asequible; así quedan poblaciones e incluso regiones en los que no se plantean ninguna iniciativa porque saben que el turismo es lo preferido por las autoridades y las industrias dan mucho trabajo.

Para muchos, la principal adversidad del turismo es que nos obliga a competir con gente venida de fuera que posee mayor poder adquisitivo y que por añadidura son los que en sus lugares de origen pueden permitirse viajar. Nos supone subidas de precios en alimentación –la comida para  más de 80 millones no sale del aire–, hoteles, vivienda y todo en general. Hoy mismo, veía en televisión quejarse a los habitantes de una población de La Coruña de que durante el verano no sale agua de sus grifos, debido a que la población se multiplica por tres y no hay agua para tantos.

También he visto a responsables de las poblaciones por las que pasa el camino de Santiago quejándose de los destrozos intencionados que los visitantes producen, difícil de relacionar con quienes supuestamente están haciendo una peregrinación con cierto carácter religioso. Por no hablar de los grafitis hechos en la propia catedral de Santiago.

Es el primer año que no viajo a la población en que nací porque es imposible visitar los lugares más emblemáticos y todo el centro de la ciudad está saturado de turistas y de tiendas de camisetas y baratijas. Desaparecieron los comercios de siempre para ser sustituidos por los de souvenirs baratos y alguna franquicia. Desde hace décadas pasaba mis vacaciones de verano en una población del sur en la que alquilaba un apartamento durante un mes. Se ha puesto tan difícil comer en un restaurante local por culpa de la afluencia que hace cinco años decidimos cambiar a un hotel con casi todo incluido; pero los precios han sufrido tal incremento que hemos tenido que reducir los días a la mitad y aun así gastamos más de lo aceptable. 

Madrid, en donde vivo, se ha vuelto imposible si usted quiere visitar un museo, porque las colas son insoportables. Ni en mi ciudad natal ni en Madrid es posible sentarse en una terraza porque la demanda es terrible. En fin, detesto de tal manera el turismo que hasta he dejado de viajar a otras ciudades extranjeras y no me atrae el desierto de Gobi, que posiblemente –solo posiblemente– no esté saturado todavía.

Dicen los medios que se ha incrementado la construcción de hoteles de cinco estrellas en un 50%, parece ser que para atraer más turismo de calidad. Adivine quiénes se van a ver afectados por una subida de precios: acertó, nosotros, los españoles.

27 agosto 2024

Nuestra amada leyenda (y II)

Leo ahora sobre la llegada de los españoles a California y me quedo sorprendido al saber de la casi delicadeza en el trato de los españoles con los indios locales, que salvo con los apaches y parte de los comanches, las relaciones fueron bastante amistosas y de ahí la cantidad de indios acogidos o en buena relación con las misiones y presidios (los presidios eran lo que ahora llamaríamos fuertes) fundados a lo largo del territorio.
 
Y hablando de misiones, me llamó mucho la atención que en un viaje que hice en automóvil de Los Ángeles a San Francisco por la carretera de la costa, visité dos de ellas; visitas guiadas, por descontado. Ni una vez en ambas visitas se pronunció la palabra "español", parecía que aquellas misiones habían sido construidas por los marcianos y que aquellas herramientas que se exhibían en vitrinas habían caído misteriosamente del cielo sobre los pobres indios y que la palabra español había sido prohibida. ¿Es posible que el odio a España llegue a esos extremos?

No es de extrañar, sabiendo que en la actualidad todos aquellos países hispanos prefieren llamarse "latinos" −nombre que les puso Napoleón III por aquello de chupar cámara− para evitar cuidadosamente que a nadie se le ocurra mencionar Hispanoamérica. Estos habitantes rechazan en su mayoría referirse a España y en Méjico solo hay un monumento a Hernán Cortés, fundador de la nación, y ese monumento está medio escondido (de lo contrario, es posible que lo hubieran destruido ya). No quieren ninguna referencia a los tiempos coloniales. La razón es sencilla: mientras que en los países de la Commonwealth −¡54 nada menos! − no quedaron nativos para protestar, en los países hispanos son ellos y los criollos los que levantan la voz.

No puedo evitar la envidia cuando veo en las banderas de buena parte de esos países que en la esquina superior reproducen la bandera del Reino Unido y que tienen como jefe de estado al rey o reina de Inglaterra (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, etc.). Lo primero que hacían los países que se independizaban de España era borrar toda huella del paso de España y en los últimos tiempos los iconoclastas locales se han cargado las estatuas de cualquier español notable. Los únicos que se acuerdan y mencionan aquello de la "madre patria" son los que llegan a España sin papeles y quieren ser aceptados.

Si a un estadounidense le preguntaran quién fue Bernardo de Gálvez −entre otros cargos, gobernador de Luisiana−, muy probablemente no tendría ni idea de quién le están hablando. Lo peor es que si le preguntan a un español tampoco tendrá ni idea y es más, lanzará alguna burla sobre aquel que desconoce. Pues bien, este señor es uno de los padres fundadores de los Estados Unidos y así le consideran hasta el punto de que su retrato figura en la galería dedicada en el Congreso de EE.UU. a estos personajes. Participó en las luchas contra los apaches, en guerra continua, porque no cultivaban nada ni criaban ganado, lo que les mantenía privados de cualquier recurso que no fuera el botín arrebatado a otros. Posteriormente participó en la independencia de los EE.UU. luchando contra los británicos y entregando a los norteamericanos ayudas en forma de dinero, armas y hasta uniformes.

Es normal que quienes en Argentina tienen cierta capacidad económica pasen sus vacaciones en Brasil, lo más extranjero que ellos pueden alcanzar. Los brasileños no son tontos y en sus comercios del sur del país es normal encontrar letreros donde se anuncia "se habla español" con una bandera argentina al lado. Viene a ser como si en España donde se anuncia "on parle français" pusieran al lado una bandera de Bélgica o Martinica.

Creo que el rechazo a España se ha sedimentado en todos los países y por eso resulta tan difícil que en algún lugar se tenga una opinión de conjunto positiva sobre nosotros. Por ejemplo, todos saben que los británicos son más bien enemigos de la ducha o que han sido brutales en su colonización, pero son asuntos sobre los que se pasa como sobre brasas. Tengo la sensación de que quizás quienes más han contribuido a la extensión de la mala fama sobre España han sido precisamente los españoles, porque nos gusta hablar mal de nuestro propio país. No tenemos ni idea de la infinidad de cosas en las que somos superiores a los demás, pero aquí solo se ve el patriotismo cuando se trata de fútbol y hay que pintarse la cara con los colores de la bandera.

Acertadamente, decía un escritor español del siglo XIX (Joaquín Bartrina): “Oyendo hablar a un hombre, fácil es acertar dónde vio la luz del sol: si os alaba Inglaterra, será inglés; si os habla mal de Prusia, es un francés, y si habla mal de España, es español”.

14 agosto 2024

Nuestra amada leyenda (I)

Durante mi infancia, mi juventud e incluso bastante más allá, oí hablar de la leyenda negra, que yo casi consideraba en parte un invento del dictador. Por supuesto la propia dictadura era parte de esa leyenda aunque en este caso más que leyenda era historia negra. La propia leyenda sabía que eran falsedades inventadas por ingleses, holandeses y hasta italianos durante los siglos XVI y posteriores, posiblemente basadas en algunos hechos reales deformados y aumentados hasta el disparate.

Pasados los años me di cuenta de que no se trataba de algo del pasado, sino que en la actualidad seguía presente, pese al conocimiento que actualmente tenemos unos países de otros, más aún con los cientos de millones de turistas que nos han visitado en los últimos cincuenta años. Claro que estos se limitaban a bañarse en el mar, quizás tomar una tapa de jamón y volverse a su país de origen sin saber una palabra del país que habían visitado; ni falta que les hacía.

Cierto que los cuarenta años de dictadura no habían contribuido a atenuar ese rechazo por lo español, más bien lo contrario, pero no existía una leyenda negra alemana pese a Hitler ni una leyenda negra italiana aunque todos sepan del fascismo y Mussolini. No lo entiendo, porque después de todo no hay duda de que Hitler cometió más crueldades que Franco, aunque claro está, era más fotogénico que nuestro hombrecillo.

Hay algún elemento que no acabo de comprender y es que quizás ha sido tan imbuido en los ciudadanos de toda Europa que es algo inevitable, como el miedo que la mayoría de las aves sienten hacia el ser humano; pura memoria de especie. Me impresionó que en una película, creo que inglesa, sin que viniera a cuento, los niños hablaran de las maldades cometidas por los españoles con referencias a la Inquisición. Yo mismo estaba convencido −a eso contribuyó hasta Edgar Alan Poe− de que no había existido nada más sangriento y malvado que la Inquisición, hasta que leí que a Miguel Servet lo quemaron los calvinistas en Ginebra, a Giordano Bruno los italianos en Roma y a Juana de Arco los ingleses en Rouen y de remate, «La Inquisición sentenció a muerte a 1.300 personas −no siempre en la hoguera− en 140 años. En solo 20 años, Calvino quemó a 500 personas», (El País 27/2/17). ¿cómo era posible semejante contradicción?, ¿cómo es que Poe escribió sobre crueldades de la Inquisición y ni una palabra sobre los demás?, ¿cómo es que nadie menciona que Juan Calvino fue condenado en su ciudad de origen por sodomía y condenado a la hoguera, aunque después se le conmutó la pena por la de ser marcado con un hierro candente?

He leído que tras el temporal que deshizo la Gran Armada (Armada Invencible, incluso para la mayoría de nosotros) hubo naves que embarrancaron en Irlanda. Algunos españoles fueron bien acogidos, pero hubo otros que fueron devorados por los habitantes locales; hablamos de un país en el que la hambruna era frecuente. ¿Cuántos han oído algo sobre esta historia/leyenda?

Tuve durante un curso una profesora muy joven irlandesa que venía a mi casa para que yo practicara conversación en inglés. Hablando sobre la colonización española en América me dijo esta interlocutora que había sido la más cruel de todas. Su información procedía de lo oído en su país y de unas pocas páginas leídas del libro "Las venas abiertas de América latina", un libro famoso publicado en 1971. A eso se le llama documentarse. Por cierto que el autor del ensayo, Eduardo Galeano, reconoció años después que parte de su contenido era inventado o sin contrastar.

Con seguridad, ella no debía saber nada de que entre el 70 y el 85% de la población entre la Tierra del Fuego y el río Bravo en EE.UU. era mestiza o nativa, mientras que del río Bravo hasta Canadá inclusive, esa proporción disminuía hasta el 1,5%. ¿Quién exterminó más y mejor a la población original?, ¿hablamos de la colonización británica? En la isla de Tasmania, al sur de Australia, el gobierno pagaba por las pieles de los aborígenes y eso produjo que el último de ellos desapareciera a finales del siglo XIX. No quedó ni la muestra; estoy hablando de una isla de más de 68.000 km2. Los propios británicos llamaron "Guerra Negra" al proceso de exterminio de todos los nativos.

Tantas falsas creencias sobre la colonización española de América hizo que me dedicara a la lectura de libros fiables sobre ese tema y descubrí que, aunque por supuesto se cometieron atropellos, el empeño de la Corona española por tratar humanamente a los nativos supuso  más de un conflicto con algún colonizador. ¿Sabían que Hernán Cortés fue un hombre bastante culto y considerado en el trato con los indígenas?, ¿que el archifamoso padre Bartolomé de las Casas era un fanático opuesto a la colonización y un escarnio para los conquistadores?

04 agosto 2024

Las dos Españas

He leído en la prensa una frase cierta de Miguel Roca Junyent. Por si no lo saben, es uno de los llamados siete padres de la Constitución actual. La frase es «Sin consenso, sin diálogo, sin acuerdo, sin respeto a la diferencia, “las dos Españas” cabalgan de nuevo».

Para quien no lo sepa, este famoso abogado fue durante muchos años un político catalán  que ejercía como tal en el Congreso de Diputados como portavoz de la coalición CiU siendo miembro de CDC. En 1983 se fundó el Partido Reformista Democrático (PRD), un partido con intención de aglutinar a una supuesta mayoría de españoles que sintieran unos ideales de centro-derecha al estilo del propio CDC catalán, pero fue fracaso sonado porque en las elecciones apenas consiguió unos pocos votos pese a las expectativas despertadas y sorprendió a todos cuando declaró que él mismo, candidato de ese partido a la presidencia del país, no lo había votado.

Posteriormente abandonó la política y ha sido −entre otras cosas− el abogado defensor de la infanta Cristina en la serie de peripecias por las que ha tenido que pasar en relación al famoso caso Nóos.

Se da por sentado que como representante de la derecha más centrada, este hombre habría de emitir reflexiones e ideas absolutamente equilibradas, pero no es así y menos ahora, en que ejerce una profesión sin relación con la política y sí con intereses escasamente justificables. Es absolutamente cierto lo de que las dos Españas cabalgan de nuevo y hay una división entre españoles de tal intensidad que hay muchos que difícilmente se contienen de saltarle a la yugular a su contrario político.

El mal llamado “líder de la oposición” parece que no entiende que ese título no le obliga a oponerse a todo lo que digan o hagan otros, sino que más bien ha de estar vigilante para señalar en Las Cortes el posible error y aportar alternativas válidas, sin olvidar, claro está, que quienes gobiernan son los otros y que, por tanto, cuando actúan es de esperar que sean coherentes con sus propias ideas.

La debilidad mental del actual líder de la oposición es levantarse cada día preguntándose qué puede señalar del gobierno exigiendo al tiempo la comparecencia del presidente en la cámara, aunque sea por una fruslería. Ideas no aporta ninguna, pero fastidiar sí que lo intenta todo el rato.

Olvidando que él tiene mucho que callar y que su pasado no ha transcurrido en las mejores compañías, ha encontrado un tema que le entusiasma y a él se dedica todo su tiempo. Hablo de la esposa del presidente, que animada por esa idea tan en boga de que la mujer no debe ser nunca un ser pasivo, ha olvidado que, al igual que la mujer del César, la esposa del presidente de gobierno –que no presidenta− no sólo debe ser honrada sino parecerlo. Probablemente no haya cometido ningún delito en su actividad, pero ha sido tan torpe como para ayudar a poner en la picota a quien ya tiene demasiados enemigos como para proporcionarles motivos para montar un escándalo día sí y día no, y olvidando el gran opositor que en sus filas milita −manda− otra de su partido llamada Isabel Díaz Ayuso con mucho que esconder. Esa marioneta de Miguel Ángel Rodríguez que apenas se descuide lo va a apear del puesto que ocupa, porque sus votantes son en general gente sin ideales ni escrúpulos.
 
Mientras, los españoles vamos aumentando nuestra inquina hacia los políticos sin perder tiempo en verificar quiénes provocan la situación actual y quiénes la sufren, más o menos pasivamente. Y siguen votando a Ayuso.

11 julio 2024

Menas (Menores Extranjeros No Acompañados)

Quizás haya que ser muy imprudente para abordar este tema, pero es que yo no pretendo ser precavido ni lo necesito. Sin embargo, estoy harto y empachado de este asunto, de un lado porque es tema favorito de la televisión y de la insistencia de tantos sobre ello, lo que quizás provoque su presencia, a mi parecer excesiva en todos los medios. No hay que olvidar que en España, en los últimos tiempos, la falta de entusiasmo sobre ciertos asuntos se califica rápidamente de delito de odio y eso puede acarrear prisión si uno se descuida, así que intentaré evitar la represión.  

Puede que yo sea mala persona y por eso mantengo una actitud que, es cierto, resulta ser contraria a la de muchos paisanos míos; pensamos diferentes en este tema que no es sino subsidiario del principal, que es la inmigración ilegal. Tengo dos importantes razones: una es la capacidad o aceptación territorial que considero no apropiada para acoger a tanto joven africano y otra es la económica. La primera es evidente, todo el mundo parece amar a los pobrecitos africanos, pero en la práctica las comunidades autónomas intentan, de una u otra manera, quitarse de encima el cupo que les tocaría acoger de ese regalo envenenado que está alcanzando cifras alarmantes. Ya está bien de tanta hipocresía, ¿por qué no se hace un referéndum? Nos jugamos el futuro.

De la segunda hay mucho que decir: soy de esos que siente cierta satisfacción al pagar los impuestos, pero con la condición de que se gaste en España y los españoles hasta donde sea posible. ¿Saben cuánto cuesta mantener a un mena? No confío en la cifra que da la ultraderecha, pero sí sé que es una cifra elevada. Yo no pago impuestos para eso. Hablo de cifras astronómicas porque son muchos miles de menas. No puede ser que los africanos procreen despreocupadamente y nosotros nos hagamos cargo del resultado; no olvidemos que África duplica su población cada 27 años.

Sé que es más educado mirar para otro lado, pero ¿han pensado que estos menas tienen necesidades de relación?, ¿con quien lo harán, teniendo en cuenta que a la mayoría de las españolas no les agrada la gente de sus etnias (antes llamadas razas)? No es racismo, pero a mí no se me ocurriría casarme con una pakistaní o una hawaiana, porque es otra concepción del mundo y anda rondando la incompatibilidad. Y conste que estoy casado con una extranjera. Tampoco me gustaría que vinieran tantos millones de finlandeses o islandeses (ya sé que no  hay tantos), no es cuestión de racismo, insisto.  

Según he leído, cuando estos menas cumplen 18 años, el Estado los pone en la calle para que se busquen la vida, ¿y qué van a hacer para sobrevivir? Está claro que se les induce al delito para poder comer porque la comida no se encuentra en la calle ni en los bancos de los parques. En el mejor de los casos tenemos que pagar su formación y no somos ricos.

No sé si continúa, pero hace años pude ver una web, creo que de Senegal y por lo tanto en francés, donde daba consejos para los que vinieran a Europa, ya que –decía– los europeos somos bastante tontos y es fácil engañarnos. Había que poner ojos de mansos, fingir dolencias leves, no gritar, etc. Nos toman el pelo.

Las pensiones no contributivas salen de nuestros impuestos, pero los beneficiarios suelen ser españoles, lo que no puede ser es que entre el gasto en medios para rescate y cuidado de inmigrantes irregulares (Salvamento Marítimo, Guardia Civil en costas, centros de acogida, etc.), mantenimiento de menas y ayudas al extranjero se va una buena tajada de nuestros impuestos. Según una encuesta realizada por el instituto Gallup, de reconocido prestigio, hay treinta y tantos millones de africanos que quieren venir a España para quedarse. ¿Dónde los vamos a meter?, nadie me ha respondido a esta pregunta y cada uno que acogemos es una llamada para que otros se monten en un cayuco y vengan. Piénsenlo bien: treinta y tantos millones están esperando y esta estadística es irrefutable, hay que evitar que nuestro barrio sea otro Molenbeek como el de Bruselas, donde ni la policía se atreve a entrar.

No hay que caer en la afirmación, como hace la ultraderecha, de que todos los africanos son diablos y tampoco asegurar que son almas de dios, pero recordemos que vienen porque sus países de origen son inhabitables y en eso transformarán España si son muchos, porque el caos y la violencia vienen con ellos, son ellos los que conforman sus países. Cada uno en el suyo o, en todo caso, cumplir los requisitos de inmigración. Y no me salgan con esa paparrucha de que los españoles también emigrábamos, no tiene nada que ver aquello y esto.

La izquierda, con su política de inmigración, le está poniendo la alfombra roja a la ultraderecha.