miércoles, 10 de noviembre de 2010

Lo más

De repente, me di cuenta de que esas clasificaciones de “lo más…” se van multiplicando y no hay asunto que no merezca ser baremado, ¿se han dado cuenta de la profusión de esas listas en la prensa actual? Ya se trate de las elaboradas por un redactor del periódico, por un comité de expertos, mediante votaciones democráticas, etc. no hay día en que al asomarme al periódico no me encuentre una relación ordenada que gentilmente me señala qué es lo que más me tiene que gustar, dónde tengo que viajar, quién es el más listo, la mejor playa, la mejor músdica, la actriz más sexy; lo que se dice todo. Hay quienes velan para darnos todo ya decidido y evitarnos el esfuerzo de pensar por nuestra cuenta. Algo así como el Reader’s Digest, pero para todas las materias.

Da la sensación de que no tenemos criterio propio, y por tanto es preciso que nos tutelen y nos vayan indicando qué es lo que nos conviene en cada caso. Entiendo que esto se lleva a cabo sin ánimo comercial, que es sólo una orientación para evitar descarriados, como si eso fuera posible.

He visto relaciones que obedecen a criterios objetivos: casi no puede discutirse cuando lo dice la revista Forbes que el más rico del mundo es ese mejicano llamado Slim, seguido de cerca por Bill Gates. No es cosa opinable y por tanto es una noticia; tonta, pero noticia.

Sin embargo, ¿qué valor tiene que unos cuántos hayan votado que la playa más bonita de España es una situada en tal lugar?, ¿o que la bandera más bonita del mundo es la de tal país, teniendo en cuenta que eso no aumentará la renta per cápita de sus habitantes?, ¿qué diablos le importa a nadie con dos dedos de frente que la mujer mejor vestida del mundo sea tal señora (por supuesto que de EE.UU.)?,o también ¿alguien piensa de verdad que miss Universo sea la más hermosa del ídem?

Hoy he oído en el telediario algo que más tarde he podido leer y ampliar en la prensa. Resulta que la sesuda revista británica The Lancet (la principal revista médica del Reino Unido) ha facilitado una relación ordenada de las drogas que suponen más peligro para el consumidor y su entorno, puntuando ¡cómo no! esta peligrosidad. Así resulta que la peor, con una puntuación de 72 es el alcohol. Le siguen la heroína (55), el crack (54), cristal (33), cocaína (27), tabaco (26), etc. Cita entre muchos otros un par de productos que, la verdad, me cuesta considerar como drogas: el butano (10) y las setas (5). Se ve que los británicos no tienen muy clara la cosa y lo triste es que en España nos hagamos eco de semejantes necedades.

Ya puestos a decir tonterías, creo que se les ha olvidado mencionar el agua, puesto que en Europa los muertos por su ingestión desmedida –ahogamiento compiten con los fallecidos en accidentes de tráfico o por suicidio. ¿Debemos deducir que tomar un vaso de agua es peligroso?, ¿de verdad están diciendo que es más dañino el efecto de una copa de tinto que un chute de heroína?, ¿no será la manera de beber alcohol por parte de los británicos, buscando sólo emborracharse, lo verdaderamente peligroso?, ¿cuando se refieren al alcohol, estamos hablando del vino o de la cerveza y destilados? Quizás lo sensato sea llegar a la conclusión de que los verdaderamente peligrosos son los británicos.

Pasa con el alcohol y sus supuestos daños, que no hablamos de lo mismo, puesto que lo que en prudentes dosis alarga la vida, mejora el comportamiento del corazón y sin duda induce a contemplar el mundo con ojos más benevolentes, tomado en cantidades inadecuadas es causa de mil males sanitarios y sociales. No es el «qué», sino el «cómo» y «cuánto». Me acuerdo de aquel chiste en el que un oficial reprocha a un soldado su miedo a las balas. El soldado pone un gesto de protesta, saca una bala de su cartuchera y se la pasa por el pecho, la cara, incluso mete en su boca la punta del proyectil y tras ello responde: "No, mi teniente, a mí no me dan miedo las balas. Lo que me da miedo es la velocidad que traen...". 

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