sábado, 18 de febrero de 2017

Tres cosas hay en la vida

Solución final
Si es usted joven, no conocerá una canción argentina que fue muy popular hace bastantes años y de la que se hicieron muchas versiones. La canción hacía referencia y tenía por título Salud, dinero y amor y recomendaba cuidar todo ello, porque eran los tres puntales de la vida.

Parece que más o menos podríamos coincidir todos en que, aunque con un reparto de importancia diferente, vienen a ser lo que en esencia nos preocupa a lo largo de nuestra vida. Eso a las personas, porque a los partidos que se autoconsideran de izquierdas ya no les quita el sueño que haya trabajo para todos, que la paga sea suficiente para vivir, que la seguridad social funcione, que las pensiones de jubilación sean decentes, que no haya lo que llamábamos lumpen o, si lo prefieren desposeídos totales, hasta de la dignidad y voluntad de vivir. Hoy las obsesiones de esos partidos son tres bien diferentes, con mayor acento cuanto más pintorescos y extraviados sean sus líderes, y lo malo es que inevitablemente arrastran a las demás fuerzas políticas que no pueden quedarse al margen de esas demandas para no perder votos.

Esas tres cosas a las que me refiero son: feminismo, inmigración y homosexualidad. Muy loable todo, pero en una época en que la juventud anda desorientada como nunca y un manto de buenismo se extiende sobre buena parte de la población, corren el peligro de transformarse en obsesión abandonando lo que deberían ser sus preocupaciones fundamentales.

En todos los sitios hay desquiciados y desde luego el feminismo no es una excepción, más bien yo diría que es un caso que puede iluminar lo que no se debe hacer en otros ámbitos. Tengo la suerte de no conocer a una feminista (o un feministo) radical, porque estoy convencido de que no son tantos y como suele suceder, es una minoría la que arrastra a una gran masa sin criterio a posturas ridículamente radicales. Por poner un par de ejemplos, ahí tienen a una pandilla de feministas en la Puerta del Sol de Madrid haciendo huelga de hambrecita para exigir no sé qué más, pues ya la ley es lo contrario de lo que debe ser y trata a los varones con discriminación.

Es hasta cómico que en ese congreso/asamblea de Podemos fuese habitual que algún ponente masculino se dirigiera a la TOTALIDAD de los asistentes diciendo nosotras o compañeras como genéricos o esa Universidad de Granada que ha editado un calendario −calendaria− con los nombres de los meses puestos en lo que imaginan que es femenino: enera, febrera, marza, etc. Parecen empeñados en acabar con el idioma español. Creíamos que aquello de miembras era insuperable, pero ya conocen esa frase de Einstein: «Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro sobre lo del universo».

Tenemos la cifra de algo menos de 50 mujeres muertas por sus parejas cada año, la menor de Europa en proporción. Es una tragedia, cierto, y hay que perseguir esa violencia con firmeza, pero cuidado con el método elegido, pues para mí que aunque implanten la guillotina «sólo para hombres» el resultado va a ser más o menos el mismo, y la prueba la tienen en que muchos hombres se suicidan tras cometer el crimen, así que no va a ser el miedo al castigo lo que lo remedie.

Hablando de suicidio, en España se suicidan más de 3.500 personas al año, siendo el suicidio como es una alteración grave de la condición humana que persigue por encima de todo la supervivencia, un instinto natural. Sólo en la Guardia Civil se suicidan al año una media de 15 agentes y desde 1982 han sido casi 800 los que se han quitado la vida, ¿eso no importa o es aceptable? ¿no hacemos nada?

Respecto de la inmigración, se ha publicado estos días en El País una encuesta, hecha en toda Europa por una institución británica, para saber los sentimientos de la población acerca de la acogida de inmigrantes, para contrastarlo con la política de Trump. España es la más predispuesta con un 32% de la población a favor, muy lejos de la menos dispuesta que es Polonia con un 9% (hay que contar con la hipocresía y la generosidad de boquilla de nuestros paisanos a los que encanta disparar con pólvora del rey). Siempre resultan ser una minoría, pero eso no importa −pese a sus aspavientos democráticos− a los que insisten en meternos inmigrantes/refugiados por encima de la voluntad de la gente y esto vale para los ayuntamientos deseosos de traerlos −abandonando las tareas para las que fueron elegidos− y para esas entidades que viven de nuestros impuestos, llamadas ONG; esas que celebran que hoy se hayan colado en Ceuta 500 africanos, ¿saben lo que nos van a costar tanto si se quedan como si los deportan?

Habitualmente lo que dice la jerarquía eclesiástica ni me suena, porque sé que son un hatajo de hipócritas que han perdido el contacto con la realidad, algo parecido a lo de muchos de nuestros políticos, pero ahora me pregunto si tras las risas por lo que decía cierto obispo sobre que hay una conspiración para volver homosexual a buena parte de la población no habrá algo menos disparatado de lo que aparenta ser. Raro es el día en que la prensa no trae en primera página una noticia o artículo laudatorio sobre la homosexualidad. Parece que ese porcentaje minoritario de la población importa más que el resto y muchas veces esas noticias parecen más proselitismo que información de un suceso.

La Asamblea de Madrid ha declarado a la ciudad y comunidad autónoma gay friendly (con esa misma ridícula expresión), pero la anécdota de estos días es que el ayuntamiento de San Fernando (Cádiz) ha puesto en los semáforos de peatones, en vez del típico muñeco, una pareja de hombres o de mujeres cogidos de la mano y con un corazón en medio de la pareja. ¿De verdad que eso ayuda a la integración de los homosexuales? ¿no tiene ese ayuntamiento −uno de los de mayor paro de España− problemas más acuciantes de los que ocuparse y en los que gastar el dinero de los ciudadanos? ¿están al día en la ayuda a los dependientes?

Lo siento mucho, pero mientras los partidos de izquierda sigan empeñados en esas tres prioridades que no cuenten conmigo. Cierto que yo soy tan solo uno, pero deberían meditar sobre por qué, contra toda lógica, los partidos de ultraderecha están desplazando a los de izquierda por toda Europa.

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