viernes, 10 de febrero de 2017

Curiosidades

¿A usted no le resulta curioso que Cristina Cifuentes fuera delegada del gobierno en Madrid y nadie supiera su nombre ni reconociera su cara, y que consiguiera la fama y auparse a la presidencia de la Comunidad por partirse los huesos y casi matarse al hacer un giro sin mirar, en una motocicleta que no tenía pasada la ITV? Ahora, esa trepa se dedica a sembrar la discordia entre españoles («Los madrileños pagan la salud y la educación de los andaluces»), como si no tuviéramos bastante con los independentistas nordestinos.

¿Puede usted entender que haya un tremendo número de españoles que apoyan el uso en cualquier entorno de esos modernos cubrimientos musulmanes −del hiyab al burka sin olvidar el burkini, claro−, siempre en nombre de lo que ellos entienden por libertad, y sin embargo vomitan insultos contra la española que en festividades religiosas tienen la ocurrencia de colocarse una peineta con un velo semitransparente que sólo le tapa el cabello?

Va usted al médico y éste le manda un medicamento cuyas características no le explica, porque cuenta con que usted, tras comprarlo, va a estudiar detalladamente la extensa literatura que lo acompaña en la que quizás le avise de que el producto puede producirle hemorragias, ceguera o alguna otra lindeza. Extrae usted el folleto distraídamente del envase y cuando va a devolverlo a su lugar tras leerlo descubre que parece no caber y es imposible reproducir el plegado original. La pregunta es: ¿a quién se le ha ocurrido esa manera de plegar los prospectos para que el usuario no pueda jamás repetir el proceso?, ¿es acaso una forma de obligarnos a hacer un máster en papiroflexia?, ¿o una venganza por haber leído las contraindicaciones y efectos secundarios?

Posiblemente se ha dado cuenta de que no quedan prácticamente especímenes a los que llamar niños, como hacíamos antes. Si usted se dirige a un preadolescente con la palabra maldita, niño, obtendrá una respuesta cortante y posiblemente agresiva. Antes, no hace tanto tiempo, existía la expresión niño de pecho o niño de cría para referirse a lo que ahora llamamos bebés en un alarde muy actual de cursilería. Por lo tanto, apenas si disponemos de una franja de cuatro o cinco años para usar ese nombre de niños sin meternos en un lío. Y repito, ni se le ocurra llamar niño a un espécimen de 14 o 15 años, porque puede acuchillarle.

Toda la vida ha habido gordos, obesos si prefiere llamarlos así, pero ahora gracias a esa epidemia de buenismo, que se puede resumir en el indiscriminado "porque tú lo vales", hay que superdignificar a esos gordos o, mejor dicho, a esas gordas, porque los hombres quedan fuera del esfuerzo. Me refiero a esa moda de llamar curvy a la mujer descomunalmente gorda, como esa que viene hoy en El Mundo que pesa 186 kilos. Por dios, eso no es una mujer con curvas, eso es una vaca.

Posiblemente usted sepa que en EE.UU. votar en las elecciones no es tan fácil como en Europa, porque hay que estar registrado previamente, pero quizás no sepa que en el impreso de registro generalmente hay que señalar si uno es demócrata, republicano o independiente, ¿no es una maravilla de transparencia? Si uno cambia de bando, ¿hay que avisar?

¿Cuántos de los que leen esto son conscientes de la desaparición o relegación de la palabra «honradez»? Poco a poco, la influencia del inglés (que sólo tiene honest y derivados) unida a la ignorancia de la mayoría, ha ido dejando de lado la palabra honradez sustituyéndola en todos los casos por honestidad, olvidando que de siempre en castellano la palabra honestidad se refería a asuntos de la entrepierna, mientras que honradez era el vocablo utilizado en todo lo relativo a fiabilidad en lo económico, integridad en general, ¿es que no conocen la historia de "José el honesto" que está en el Génesis? Por supuesto, el diccionario de la RAE recoge desde hace un tiempo las dos palabras como sinónimos, manteniendo su política actual de actuar sólo como un notario de usos. Los políticos han acogido con entusiasmo lo de honestidad, porque les suena como más moderno que aquello tan antiguo de honradez.

¿Se han dado cuenta del éxito entre idiotas de la expresión choque de trenes? Apenas hay un conflicto entre partes se echa mano de esa imagen que si bien pudo ser muy gráfica y original una primera vez, su repetición permanente sirve para detectar a los escasos mentales. Ayer vi en la televisión una entrevista a Carolina Bescansa, de Podemos, y en dos minutos la empleó nada menos que cuatro veces, cuatro, para referirse al conflicto entre Errejón e Iglesias, aquellos que llamaban casta a lo que ellos son ahora.

Y para terminar, algo que no me puedo callar. ¿Sabían que la piel del prepucio de Jesús, obtenida tras su circuncisión, está depositada en relicarios en varias iglesias que reivindican que el suyo es el de verdad? Seguramente, si unieran todos los trozos de piel, habría para hacer un tambor. Y luego dicen que la Iglesia no tiene sentido del humor y que es mojigata...

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