lunes, 27 de agosto de 2012

Español para españoles (20)

Si el bueno de don Fernando Lázaro Carreter tuviera a bien resucitar, veo más que probable que muriera de nuevo inmediatamente, por dos razones: La primera, al ver desesperanzado para qué poco ha servido el tremendo éxito de ventas de sus dos volúmenes de “El dardo en la palabra”. Da la sensación de que quienes los compraron no han llegado a leerlos o que, en todo caso, se lo han tomado tan en serio como si de una promesa de Rajoy se tratara. La otra razón para volver a la tumba sería darse cuenta de que, como en vez de mejorar hemos ido a peor, el trabajo que le esperaba lanzando sus dardos contra tanta memez e ignorancia gramatical era superior a sus fuerzas. Quien se atreve hoy en día a señalar un error gramatical, aun de la manera más educada posible, se expone a una agresión física.

Lamentablemente no ha resucitado y espero que seamos muchos –desde luego, no multitudes– los que lo recordamos y tratamos de sumarnos con nuestro mínimo aporte a aquella tarea de escaso rendimiento que acometió con tanto ímpetu.

Por ejemplo, en televisión se masacra cada día a nuestra lengua sin reparo alguno y eso que hablo de TVE, supuestamente la que posee profesionales más formados. En la inauguración de los juegos olímpicos tuvimos que aguantar a la erudita María Escario decir por dos veces “sufraguistas”, supongo que refiriéndose a aquellas mujeres que defendían el “sufraguio” femenino (me recordó a un profesor de psiquiatría de la universidad de Madrid, que se empeñaba en decir “cónyugues” en vez de “cónyuges”; claro que como era del Opus, a lo mejor tenía dispensa de sanjosemaría). La compañera de tareas en aquella inauguración olímpica no quiso quedarse atrás e hizo referencia a “LAS millones de personas que presenciaban el evento”. Como dijo Saramago: “todo el mundo me dice que el ejercicio físico mejoraría mi salud, pero ¿qué tal si quienes recomiendan ese ejercicio físico se ocuparan un poco de su mente?” (cito de memoria).

Anteayer, tuve que escuchar sin sufrir un desvanecimiento, cómo en el telediario de esa cadena se contaba que con motivo de un temporal de lluvia un muro había colapsado sobre una niña –provocándole la muerte– es decir, de acuerdo con la gramática española –que no la inglesa–, el muro cesó en su actividad sobre la niña. Asombroso, ¿no?

El ministro de Economía, señor Guindos (ese zorro que pusieron a cuidar de las gallinas, anteriormente fue director para España de Lehmann Brothers), no puede evitar que en cada diez palabras que pronuncia vaya incluido eso tan popular de lo que es, una moda tan extendida como estulta, pero que a muchos debe resultarles el colmo de la erudición. Hay hasta un chiste de Forges sobre este hábito del señor ministro. De todas formas, admito que resulta mucho más vistoso decir, por ejemplo, “aquí tienen lo que es un banco en quiebra” que “aquí tienen un banco en quiebra”.

Y para terminar, ese invento que nos llega de tierras americanas, pero que ya he podido oír más de una vez por estos pagos. Se trata de que en vez de decir el viernes (o el lunes, o el miércoles…), digamos el día viernes, siguiendo una especie de construcción a la inglesa, una incorporación tan inútil como tantas otras, pues en nuestra lengua ¿es que el viernes ”tal cual” puede ser otra cosa que un día?, ¿acaso hay peligro de que alguien piense que se están refiriendo a un bocadillo o una gorra?

Falta haría que tantos creyentes que ponen en su puerta eso de “dios bendiga cada rincón de esta casa”, pidieran más bien que se bendijera y respetara cada palabra de nuestro idioma, a ver si así…

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