miércoles, 19 de septiembre de 2012

España son los otros



A punto de bailar la sardana
 y el que menos anda estos días comentando o discutiendo con amigos y conocidos acerca de  lo acontecido alrededor de la Diada y la manifestación multitudinaria de quienes aparentemente se pronuncian por la independencia de Cataluña. Digo aparentemente, porque si llegase la hora de la verdad y un referéndum sobre la cuestión, es seguro que muchos darían marcha atrás y se alejarían, silbando al descuido, de quienes insistieran en todo eso del independentismo.

Que me perdonen quienes a estas alturas se queman las neuronas y sus esfuerzos apostando por la secesión de cualquier rincón, sea de España o de otros países europeos, me parecen tan desfasados como quienes pierden su tiempo discutiendo sobre el dogma de la Inmaculada Concepción, es decir, asuntos más que superados y que no van a aportar más conocimiento ni bienestar a los discutidores. Precisamente he tenido la oportunidad de leer estos días en diarios catalanes a quien se declaraba originario del Valle de Arán y pedía su independencia –la del valle“de quien fuera”. Por los mismos medios he sabido de los tarraconenses que se quejan del “centralismo” barcelonés por haber pensando en Barcelona World como nombre para ese futuro megaparque de ocio –para mí una quimera– despreciando así el hecho de que su ubicación será la provincia de Tarragona, ¿agravios como éste darían lugar a que Tarragona pidiera su independencia de Cataluña? Está claro, todos nos podemos quejar con razón por algo, pero la conclusión no es siempre la oportuna.

Que ciertos catalanes anden todavía quejándose de lo que sucedió en 1714 da una imagen no muy satisfactoria del intelecto de esos catalanes, a los que en su totalidad admiro en lo que es justo admirar, y me recuerdan a esos nacionales de países americanos empeñados en que España o Portugal pidan perdón por los atropellos cometidos allí hace siglos, ¿pero cómo se puede estar tan pasado de rosca y tan lejos de la realidad de hoy?, ¿le montamos una reclamación a Italia por lo de Numancia?

Tampoco hay base real para esa paranoia de que el resto de España detesta a Cataluña. Otra cosa es que ocasionalmente y por tópico se haga burla de sus habitantes por aquello de “la pela”, al igual que de los gallegos –por llorones–, de los vascos –por zoquetes–, de los andaluces –por vagos y graciosillos–, de los murcianos….Lo que sí molesta de algunos catalanes es ese empeño en considerarse diferentes, porque está claro que si uno se empeña en resaltar las diferencias con otros es siempre porque se considera superior...

Es bueno recordar, porque no es ningún secreto, que el dinero de toda España se invirtió fundamentalmente en aquellos polos que se consideraban idóneos para impulsar el avance del país entero, es decir, Barcelona y Bilbao, por este orden, algo que se vio reforzado incluso durante el franquismo. En el caso catalán me ronda por la cabeza un periodo del siglo XIX en el que se le concedió a Barcelona el monopolio del comercio textil con Cuba y otras colonias de la zona, lo que supuso un espaldarazo a su industria y la ruina de otros puntos del país donde se pretendía cimentar una industria similar como, por ejemplo, Béjar (Salamanca). Da igual, pues la cuestión es que si aquella provincia progresó industrialmente no fue porque vendiera su producción a EE.UU., Alemania o China, sino porque el resto del país éramos sus clientes casi obligados. ¿Cómo facturamos ahora todo ese favorecimiento que tan bien les vino a la hora de crear una industria próspera?, ¿a que entonces no decían eso de "Catalonia is not Spain"?

No descubro la pólvora si afirmo que un país para progresar y ser respetado debe tener unas dimensiones mínimas –salvo paraisos fiscalestanto territoriales como poblacionales, que apenas superamos en la actualidad, menos aún si se descontase Cataluña a la que seguiría sin duda el País Vasco. ¿Han visto qué poco problema supuso el rescate de Grecia o Portugal y qué diferencia con la manera como se aborda el de España?, ¿creen que una desmembración a la yugoslava aportaría mejora a cualquiera de las partes resultantes?

Estoy convencido, porque así he creído verlo en mis visitas a Cataluña, que no es el independentismo el oscuro objeto de deseo de los catalanes, sino la rabia por la situación en que nos encontramos y la facilidad con que esa rabia encuentra desahogo culpando a “otros” de los males propios. Yo mismo, que vivo en Madrid, pero que soy de otra región, estoy tan afectado por la situación político-económica actual que desearía pedir la independencia de quien fuera, pero, ¿de quién?, ¿a quién designo como pararrayos de mi cabreo?, ¿acaso no somos todos responsables por haber llegado o dejar que llegáramos a esta situación?, ¿a quienes beneficiaría una posible independencia, sino a los políticos que empujan hacia ella por su propio provecho?

Pienso en los lazos humanos, comerciales y de todo tipo que unen mucho más de lo que parece unas partes con otras y que son los que dan cohesión a cualquier país actual como un todo. Checoslovaquia tenía cuando se dividió en dos una historia común de sólo 74 años y cuando no hace mucho estuve en la República Checa, sus habitantes aún seguían perplejos porque la separación se hizo de espaldas a ellos, fue una decisión exclusiva de los políticos. 

Dejemos pues que algunos pueblecitos de por aquí jueguen a declararse “repúblicas independientes de Ikea”, si eso les entretiene y alivia las penalidades por las que estamos pasando y vamos a concentrarnos en salir adelante, eligiendo también a los políticos más adecuados para ello, pero recordando al tiempo que la solidaridad consiste en descubrir que el bien ajeno también supone a medio y largo plazo el propio bien. 

Y no olvidemos la posibilidad de que España pase a ser de una vez por todas un estado federal, dando así satisfacción a las ansias de algunos y justificación a la existencia del Senado, hoy de brazos cruzados. Acabemos así de una vez con la monserga de quienes piensan que una mayor autonomía es el bálsamo de Fierabrás.

*En la foto unos pintorescos manifestantes que no se sabe muy bien si hicieron la mili con el timbaler del Bruc o con Gunga Din.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He caído por pura casualidad hace un rato en tu blog, al intentar encontrar unas referencias por medio de un buscador.
Tras leerlo con detenimiento, solo me cabe el darte mi enhirabuena por tus reflexiones, serenas y concretas, que sin duda compartimos la inmensa mayoría de los mortales de este País, quienes sin acritud alguna, intentamos ver la luz al final del túnel en el que nos han metido una casta ineficaz de políticos, incapaces de solventar los problemas para lo que fueron votados y elegidos.
Saludos cordiales.