sábado, 21 de septiembre de 2013

Derecho a decidir (II)

¿Cómo piensan liquidar los lazos económicos –en realidad una maraña– que unen todas las partes de lo que es ahora un país?, ¿nos van a compensar por haber sido ellos durante decenios receptores de ese dinero fugitivo de toda España que esperaba encontrar allí más posibilidades que en su origen?, ¿cómo nos van a indemnizar por propiciar su industrialización en el siglo XIX concediéndoles entre otros privilegios el monopolio del comercio textil con las entonces colonias, cuando con certeza ni se les pasaba por la cabeza eso de goodbye, Spain?, ¿no merecemos una satisfacción por aquel cardenal Gomá, puntal eclesiástico del franquismo?  Hasta el dictador les favoreció económicamente durante aquellos 40 años, ¿cómo se van a desprender de esos contaminados beneficios?
  
No tengo muy claro que a fecha de hoy sea una ventaja pertenecer a esa Unión Europea, pero se trate de lo que se trate, ¿de verdad esperan permanecer en la UE como país independiente?, ¿se imaginan que Escocia les sacará las castañas del fuego?, ¿de verdad se creen que ellos son o van a ser como los holandeses, pequeños y poderosos?, ¿se les ha pasado por la cabeza la cantidad de empresas que se trasladarán a España para no perder un mercado mucho más amplio?, ¿creen que les seguiremos comprando sus productos si son tan foráneos como los productos alemanes o italianos?, ¿piensan encarcelar a quienes allí se empeñen en sentirse españoles por encima de todo, que no son pocos?, ¿no les avergüenza a quienes dicen sentirse de izquierdas apoyar una actitud tan de derechas, tan burguesa en el caso de Cataluña?

Cuesta aceptar que tanto resentimiento por el tan aireado Decreto de Nueva Planta de 1716 sea por la pérdida de los privilegios de los que hasta entonces habían gozado, lo que significaba entre otras cosas que eran las dos Castillas las que soportaban la mayor parte de los gastos de la corona. Lo que ese decreto hacía era igualar los derechos y obligaciones de los catalanes a los de los castellanos, algo terrible por lo que se ve, y es que en nuestro país se soporta cualquier penuria con tal de que el vecino tenga algo menos. Sin embargo, fue una medida correcta en aquellos inicios del siglo XVIII, cuando otros países europeos también trataban de dar cohesión a sus reinos igualando derechos y deberes de todos los ciudadanos. 

Lo que más me duele no es que España se reduzca en potencialidad y espacio por la huída de una u otra comunidad, sino el rechazo y hasta odio que han conseguido establecer hacia lo español y que se corresponde con igual intensidad en sentido contrario. Lo que más me estremece es ver a todos esos pardillos jugando a la independencia con la estelada atada al cuello o pintada en la cara con la misma ligereza que si se tratara de la liga de fútbol. Trato de mantenerme al margen de toda esa manipulación, pero pueden creerme que cuando un día me senté en una terraza de Las Ramblas y el camarero se negó a decirme la carta en castellano, comprendí que aquello no tenía remedio o que en el mejor de los casos se tardaría decenios en repararlo. Y también dejé de intentar aprender frases y palabras en un idioma que –seamos claros– tiene la cuarta parte de hablantes que el swahili. Ya se sabe, no se ganan amigos abofeteando a quienes se nos acercan con buen gesto.

Hace bastantes años, recuerdo que leí en un periódico una entrevista efectuada a un etarra tras un atentado sangriento de la banda y el periodista le preguntaba si no lamentaban el odio y rechazo que hacia todo lo vasco podía despertarse en el resto de España. La respuesta era clarificadora del propósito de tantos políticos periféricos, pues decía más o menos: “eso es precisamente lo que procuramos, lo que nos interesa. Una vez creado un sentimiento de odio hacia lo vasco, se producirá una reacción contraria de igual o mayor fuerza en Euzkadi y eso facilitará nuestros fines, puesto que les hará sentir que no son como los españoles”.

¿Derecho a decidir? Al menos llamen a las cosas por su nombre: alucinaciones, egoísmo, irresponsabilidad.

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