lunes, 19 de mayo de 2014

El fútbol como inmunidad

En varias ocasiones he comentado las ventajas de las que en este desgraciado país disfruta el fútbol y todo lo que le rodea, así que no me voy a reprimir de señalar una nueva manifestación de esa inmunidad.

Creo recordar que fue en la madrugada del sábado pasado, es decir, en la noche del 17 al 18 de este mes, cuando unos minutos antes de las 2 de la mañana mi mujer y yo fuimos despertados alarmados por el ruido que producían lo que me parecían fuegos artificiales aunque dada la hora llegué a pensar que eran un grupo de bandidos o terroristas cruzando disparos con la policía.

Efectivamente eran terroristas, pero de un tipo no perseguido ni castigado, simples (muy simples) aficionados al fútbol que celebraban supongo que en las cercanías del aeropuerto –vivo bastante próximo– la llegada de su equipo que al parecer había ganado uno de los muchos títulos que ahora se disputan con la evidente intención de que sean muchos los clubes que consigan alguno de ellos y tener siempre entretenidos a los aficionados. Se trata de mantener a la ciudadanía en un jardín de infancia permanente; todos contentos.


Cabe asegurar que si alguien se atreve a montar tal escándalo a esa hora –calculo que no fueron menos de 50 cohetes– hubiera pagado literalmente por llevar a cabo semejante atropello, pero... se trataba del fútbol, y ya se sabe que el estado recompensa el efecto anestésico que produce sobre la población, permitiendo cualquier tipo de desatino, ya sea como en este caso sin importar que el vecindario esté descansando o los daños que sobre monumentos de propiedad pública –es decir, de TODOS– llevan a cabo los componentes de estos equipos y sus aficionados cuando celebran sus triunfos.

Hace años hice la prueba con un forofo futbolero que me atormentaba gritando cada vez que al presenciar la retransmisión por televisión de un partido se producía en el campo una situación que le apasionaba. Un día, mientras yo escuchaba un concierto, cada vez que terminaba una pieza me ponía a gritar como el futbolero hacía. Su reacción fue inmediata, preguntándome si yo estaba bien de la cabeza. Mi respuesta, naturalmente, fue que mi cabeza estaba bastante mejor que la suya, porque yo habitualmente no montaba semejantes escándalos.

De regalo, una frase de Jorge Luis Borges: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular".


Posteriormente a esta entrada, el 15 de junio, se publicó un artículo en la prensa digital profundizando sobre este asunto. Si alguien quiere leerlo y mientras no lo borren, pinchar aquí.

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