miércoles, 6 de mayo de 2015

Hipocresía social

Llevo publicadas varias entradas en las que critico diferentes manifestaciones de actitudes sociales que son mantenidas porque están de moda, se llevan, y como cabía esperar el efecto que causo es nulo, tan sólo consigo réplicas que abundan en lo de siempre, perder lectores y provocar conflictos con amigos o familiares. No estoy muy seguro de que no se esté haciendo una colecta para comprarme un brazalete con la esvástica. Era de esperar: yo, malo; los otros, buenos.

La falta de coherencia de lo que algunos y yo mismo calificamos de buenismo es notable y la única explicación de su aparición y persistencia es una mezcla de despiste, irrealidad y caridad cristiana. Aderezado muchas veces con una cierta cara dura.

Está muy reciente el terremoto de Nepal en el que, cosas de la proximidad de las elecciones, el gobierno español ha hecho un esfuerzo desusado y ha conseguido enviar tropas y equipos al país, algo que al parecer sólo se le ha permitido a EE.UU., Reino Unido, Israel y España (aunque ya les están diciendo a todos que se larguen). Pero eso no ha satisfecho a los padres y familiares de los españoles desaparecidos o simplemente no controlados; según ellos debería haberse hecho más, supongo que deberíamos haber enviado al buque BPE Juan Carlos I (facturado por avión, para que llegue antes) y al comandante de la nave meterle un buen fajo de millones en el bolsillo, para gastos; nuestros excursionistas son lo primero. Cuesta aceptar que mientras los enfermos de Hepatitis C siguen sin recibir el medicamento que puede salvarles la vida o haya cientos de miles de dependientes no atendidos viviendo algo que no puede llamarse vida, se derrochen millones en rescatar a quienes están en Nepal mayoritariamente por:

1) han ido allí a practicar montañismo o senderismo y, según leo, muchos de ellos sin haberse hecho previamente el seguro aconsejado por la más elemental prudencia. Ocuparse de eso es de maricas;
2) se han ido allí a cuidar de los niños y necesitados en general. Parece que ayudar a los marroquíes o saharauis no les parecía suficiente, están demasiado cerca y el lugar no es suficientemente exótico ni posee el aura mística que tiene Nepal. No es lo mismo decir "estoy cuidando unos niños en Katmandú" que "cuido a unos moritos en Bine El Ouidane";
3) turistas en general, a los que es aplicable lo dicho en el punto 1. He leído que turistas franceses han sido rescatados mediante helicópteros contratados por sus compañías aseguradoras. Claro que ya se sabe, los españoles somos muy individualistas;
4) evidentemente, queda un heterogéneo grupo en el que pueden incluirse desde empresarios en viaje de negocios o radicados allí a personas de paso u otras razones minoritarias que desconozco.

Ha habido de todo, incluido quienes alentaban a ocuparse en exclusiva de los españoles y dejar de lado a los nativos. Y es que, oiga, hasta el buenismo tiene un límite, más o menos cuando hay que pasar de las bonitas palabras a las obras; ¿y los nativos?, no pasa nada, ellos se apañan muy bien. Tampoco parecen recordar que con el dinero empleado en salvar a ciento y pico españoles podría salvarse la vida de miles de esos que atraviesan el Mediterráneo contraviniendo leyes, desafiando temeraria e inconscientemente peligros y negociando con mafias. Y conste que yo doy preferencia a los españoles, pero es que yo soy un nazi y no tengo corazón…

Y es que no es lo mismo decir que dejen libre la llegada de pateras o el paso por Melilla que alegrarse por encontrar el portal de casa ocupado por africanos. No es lo mismo decir que vengan los que quieran, que cogerlos apenas llegan para trabajar en explotaciones agrícolas por salarios miserables y con jornadas extenuantes. O si son mujeres, colocarles un uniforme de sirvientas y ponerlas en casa a trabajar. Tampoco es lo mismo llenarse la boca de solidaridad humana que actuar coherentemente y mandar a los hijos propios a colegios donde el porcentaje de inmigrantes sea elevado (no me refiero al Liceo Francés).

Hoy viene en cierto periódico de izquierdas –que suelen ser los más insistentes con esto de la inmigración ilegal– una encuesta realizada por el Instituto Gallup en 154 países para conocer el deseo de emigrar de sus habitantes si se abrieran las fronteras y el destino de esos potenciales emigrantes según sus preferencias. Estamos de enhorabuena, ¡hemos ganado –por ejemplo– a Francia y Austria! Nos llegarían nada menos que 20 millones de personas; no se me ocurre dónde podríamos colocarlos, pero los españoles hemos sido de siempre buenos improvisadores y ya sabremos ubicarlos. Además, en España sobra el dinero, los pisos son muy grandes y podrían dar acogida a buena parte de este contingente. Con suerte y el buen índice de reproducción que cabe esperar, para finales de este siglo habría en España unos 100 millones de habitantes ¡¡se acabó el problema de las pensiones!! (y las propias pensiones).

Se me ocurre otra solución: mandamos a 20 millones de españoles a Finlandia (allí hay muy buena gente y son acogedores) y con eso se paliaría el problema de la llegada a España del mismo número de personas con alta cualificación profesional. Yo no me iría porque no me sumo a esa buena acogida. Desde hace mucho tiempo vengo sosteniendo que la buena voluntad no basta si no es acompañada de una mirada más allá de lo inmediato y que la generosidad debe ir acompañada de inteligencia y un sano egoísmo previsor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Entre los países que han "entrado" te has dejado a la India y China y además estos lo hicieron para ayudar a los nepalíes aunque en ambos casos lo hayan hecho por puros intereses geoestratégicos.
Y yo tampoco me quiero ir a Finlandia.
Si me dejas elegir me iría a Japón pero allí no creo que me quisieran.
Angel

Mulliner dijo...

Como siempre, gracias por tu comentario y tu velocidad por darle al teclado.
Puedo asegurarte que no se nombraba directamente a la India y China cuando lo leí, supongo que su presencia no se considera tan "invasiva" como la de los occidentales, pero, pensándolo bien, sí se hablaba de la ayuda de esos dos países para los propios nepalíes. Claro está, no es lo mismo.
Y hombre, yo creo que sí os querrían en Japón, pero no nos gustaría que os fuerais.