lunes, 4 de enero de 2016

Siente un pobre a su mesa y después café, copa y puro

Como pueden recordar quienes visitan el blog con alguna frecuencia, tengo la costumbre de leer el artículo que cada domingo publica Javier Marías en un periódico muy conocido. De hecho, es lo primero que leo, antes de ninguna noticia, y al empezar enseguida me pregunto si será de los días en que me gusta lo que escribe o de los días en que me parece un churro, porque ese hombre es un magnífico escritor, pero no todos los días se levanta con el pie derecho.

Hoy trataba sobre el Daesh y de cómo la gente se manifiesta –es raro quien no tiene una opinión sobre el asunto– acerca de cómo solventar el cáncer que a la humanidad le ha sobrevenido con ese llamado estado islámico. En fin, no es cosa de repetir aquí lo que afirmaba, pero no voy a dejar de señalar eso que a él le llamaba la atención como un ejemplo supremo de cretinez. Se trata del aviso lanzado por el presunto estadista Pablo Iglesias a propósito del envío de tropas españolas a Mali como apoyo para combatir el terrorismo islámico: «Ojo, que nuestros soldados podrían volver en cajas de madera». Todo un descubrimiento y un profundo argumento.

Es un magnífico ejemplo de cómo ese político consigue atraer a la mayoría de sus partidarios y de cómo el buenismo ha impregnado el carácter de esta sociedad hasta el punto de hacerle perder de vista la realidad. Por pintoresco o extraño que parezca, el ejército está para luchar en defensa de los intereses nacionales cada vez que lo requieran, y digo intereses nacionales y no los de unos pocos, como aquella desgraciada aventura de Aznar en Irak. El ejército no es sólo la UME –invento de Zapatero, por cierto– y no está solamente para rescatar gente de las inundaciones, apagar incendios o recoger a los ocupantes de pateras que se hunden.

A causa del buenismo, existe en el país un rechazo generalizado al ejército y lo que significa, mayor que el que pudo haber cuando el dictador mantenía al ejército listo para lanzarlo sobre su propio pueblo. Recordemos el escrito enviado por ocho tenientes generales –Varela, Dávila, Orgaz, etc.– a Franco a mediados de 1943 donde se decía «el Ejército unánime sostendrá la decisión de VE presto a reprimir todo conato de disturbio interno u oposición solapada o clara…». Felizmente aquello acabó, pero no sus secuelas.

Ahora, el fin principal de todos los ciudadanos debe ser practicar la compasión y la caridad, no como una virtud voluntaria, sino como una obligación impuesta. Todas las personas y por supuesto los distintos niveles de la administración deben consagrarse a practicar la caridad, hemos pasado de ser un país que aspiraba a la laicidad, cumpliéndose lo establecido en la Constitución, a ser un país que practica una especie de religión laica cuyo primer y único mandamiento es acoger al que se presente en la puerta.

Yo pago todos mis impuestos y tasas municipales, que no son pocos, con la esperanza de que sean aplicados al bienestar de los que en esta ciudad –Madrid– vivimos, empleándolos en todos aquellos capítulos que hasta ahora eran habituales, pero sin meter la mano donde no se debe, como ocurría antes. Por el contrario y para mi sorpresa, hemos pasado de tener una alcaldesa semianalfabeta –tuve ocasión de hablar con ella hace años– designada a dedo, a otra que pretende ocuparse de asuntos que corresponderían al estado. De ahí que nada más hacerse cargo la nueva corporación se apresuraran a colocar una gran pancarta en la fachada del ayuntamiento donde se decía «Welcome refugees» –puro exhibicionismo, porque los sirios hablan árabe, no suelen pasear por Cibeles y la casi totalidad no habla inglés– y se presupuestaran 10 millones, «o lo que haga falta» aclararon, para ayuda a los refugiados, mientras nuestras calles continúan sucias, su asfaltado presenta un grado de abandono que propicia los accidentes (de tráfico y peatonales), los contenedores de cartón y vidrio están a reventar porque no se recogen, los transportes públicos están tan mal como hace un año –que ya es decir– y casi todo sigue igual que cuando estaba la señora Botella.

Hemos pasado de la mesa de cuestación en Cibeles con doña Carmen Polo de Franco al frente, a doña Manuela Carmena organizando en Nochebuena una comida para 220 «sin techo» en el palacio de Cibeles, ¿es así como se arregla la pobreza? Yo diría que no y que no es ése el camino; puro populismo y caridad de parroquia.

Personas capaces de ver agonizar al vecino sin pestañear encuentran natural y apoyan la caridad como actividad pública, y el acogimiento de todo el que quiera traspasar ilegalmente nuestras fronteras; podrían ser hasta 20 millones de personas en un futuro cercano, según una encuesta del Instituto Gallup. Es como una competición para ver quién es más absurda y ciegamente caritativo.

En el programa de fin de año de TVE, el humorista José Mota hacía una parodia de quienes en las redes sociales apoyan todas las iniciativas de acogida y así escenifica que llaman al timbre de la casa de uno de estos solidarios y se le van colando para instalarse allí una desahuciada, 4 refugiados saharauis y no sé cuántos más de distintos pelajes, ante el asombro y rechazo del propietario. Estoy seguro de que más de uno se habrá molestado por el sketch. Nadie se habrá reconocido en ese propietario de piso. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El artículo al que haces referencia es del día 27 de diciembre del 2015. El de "ayer" es el del 3 de enero del 2016 y trata de la simpatía y de la antipatía.
Esos días con tantas fiestas y cambios de semana, mes y año hacen difícil seguir el calendario.
Angel

Mulliner dijo...

Una de las facilidades que tiene el que escribe, como el columnista de un diario –que no el cronista– es no depender de manera absoluta del calendario y por eso tú puedes decir en tu blog, por ejemplo, “El tren de hoy aunque no es un “shinkansen”…” y yo puedo escribir de manera similar “Hoy trataba…”, sin que necesariamente tengamos que referirnos a un “hoy” de almanaque, sino del momento en que efectuamos aquella acción o tuvimos una vivencia o, simplemente, escribimos el texto.
Las entradas las escribo y las pongo en cola, que ya se publicarán cuando les toque. Apañado estaría si cada día tengo que arreglar las fechas en las entradas y rectificar “Ayer…”, “Hace dos días…”, “Hace tres días…”. Si tienes que poner en día tu calendario, te recomiendo que lo hagas según el recuadro grande que en mi blog sale arriba a la derecha. Esa fecha es de fiar.