31 diciembre 2025

Palabras desgastadas

Creo que siempre han existido palabras que estaban de moda y, consecuentemente, palabras que se gastaban y desaparecían del repertorio popular. Participan en esto de manera muy activa los jóvenes, a los que gusta poseer un vocabulario que los “viejos” (de 25 años o más) no usen ni conozcan. La Real Academia de la Lengua Española era la que se ocupaba de filtrar las novedades, aunque desde finales del siglo XX haya olvidado aquel lema suyo de “limpia, fija y da esplendor” que nos enseñaban en el colegio. Ahora andan enloquecidos adaptando el vocabulario y usos de los habitantes de la América hispana por aquello de llevar al extremo aquello de que todos hablamos el mismo idioma, algo falso porque allí no viven la lengua española como propia y hasta cierto punto es lógico que busquen y utilicen sus propias ocurrencias. Según he podido leer, hay un movimiento en Chile que pretende registrar eso que hablan como un idioma propio inventado por ellos.

Todavía no he conseguido entender por qué extraña razón los hispanos de América se empeñan en cambiar el acento de algunas palabras españolas como “vídeo”, “élite”, etc. y por qué sustituyen la partícula “lo” por “la”, como por ejemplo en la expresión “lo pasé bien” que dicen “la pasé bien”. En realidad, sospecho que simplemente no entienden muy bien lo que hablan y quizás sufren una influencia excesiva de los EE.UU., al que sienten mucho más cercano que la distancia real que los separa. En español, la partícula “lo” es similar a otras de otros idiomas y vale para referirse a algo abstracto o inconcreto. Nada que ver con el "la".
 
Tampoco comprendo por qué misteriosa razón, que no sea el desconocimiento, se empeñan en utilizar la partícula reflexiva “se” con muchos verbos que no son reflexivos: dicen “se robó” cuando alguien roba algo, lo que parece indicar que se robó a sí mismo. En una ocasión mi hija, refiriéndose a sus deseos para Reyes me dijo que “se pedía” no sé qué cosa; le respondí que si era así yo esperaba que ella “se lo regalara”.

Por aquí, seguimos empeñados en jubilar palabras como inválido, lisiado, disminuido o discapacitado que no son en absoluto insultantes, pero que parecen ofender a quienes padecen alguna de las limitaciones a que se refieren. El cuarteto de palabras inválido/lisiado/disminuido/discapacitado ha sido desprestigiado de manera absoluta y ha habido hasta que modificar nuestra Constitución para sustituir esos términos por la expresión “persona con discapacidad”. Supongo que los cojos andarán ahora mucho mejor gracias a esos cambios. Me acuerdo que hasta hace unos años en los transportes públicos había asientos en los que el letrero “reservado a inválidos” dejaba claro para quiénes eran.  

Quién iba a decir el pudor que domina nuestro lenguaje. Resulta que a casi todos les resulta vergonzoso decir retrete y buscamos palabras que sustituyan el sustantivo. Casi siempre usamos palabras de otro idioma –toilette, w.c.– o recurrimos a eufemismos, como eso de servicio cuando preguntamos por la ubicación del cuarto de baño.

Otra palabra que también ha sido sustituida −equivocadamente− por otra en inglés es marica. Parece que nuestra arrebatadora corrección nos impide pronunciarla y, la verdad, entiendo que se evite el uso de maricón que es de intención insultante, pero la otra tan solo es descriptiva y no tiene por qué ser maliciosa. Desde luego, lo de gay no me parece buena idea y en cualquier caso debería referirse a varón y hembra, no como aquí que vale solo para varón..

En la listas de palabras mandadas al exilio no pueden faltar lo de ciego o negro. La primera ha sido sustituida por invidente, que no es más que un sinónimo que de momento no ofende y respecto a la otra no hemos llegado a un consenso y por eso se usa lo de persona de raza negra, afroamericano o de color o vaya usted a saber qué, depende de la habilidad del hablante. Sin embargo, los negros siguen existiendo y al desaparecido Javier Marías le fastidiaba ese esfuerzo por evitar lo que es notorio. Y encima, los cursis se inventan lo de subsahariano, como si no hubiera negros al norte o este del Sahara.

Tenía una amiga natural de Kenia −por supuesto que negra− y le pregunté cómo llamaban en su país a los de piel clara como yo: me contestó que −inevitablemente− blancos

19 diciembre 2025

Cesta de la compra

Creo que en España todo el mundo conoce esta expresión, referida a los artículos que compramos para el diario suministro del hogar, tanto artículos de alimentación como los productos de limpieza diarios. De eso hablaban ayer en la televisión y se admitía que, más o menos, desde la pandemia todo ha subido una media del 50%, no así los salarios, y por lo tanto, aunque es cierto que la economía y situación del país van como un cohete, las economías domésticas no comparten ese bienestar, porque las macrocifras no se pueden comer. En general, cuesta llegar a fin de mes y se va prescindiendo poco a poco de artículos que siempre fueron habituales, como el aceite de oliva.

Decían con toda la razón que la exportación es conveniente, pero sube los precios de los artículos a los consumidores interiores cuya importancia es vital porque como muy bien decían, una vez perdidos son difíciles de recuperar. Las razones para esa subida de precios son diversas, pero fundamentalmente los incrementos que van añadiendo los intermediarios, demasiados y demasiado ambiciosos; no es aceptable que un agricultor reciba una remuneración escasa por las cebollas que cultiva y que esas mismas cebollas lleguen al consumidor con un incremento de precio de más del 500%. No puede ser y no debería ser.

Pienso que desde siempre, el sueño de cualquier habitante del planeta es vivir sin trabajar y sin producir nada. Esto es algo que han conseguido buena parte de los intermediarios a los que nos referíamos cuya actividad se limita a pasar de una mano a otra los productos antes de que lleguen a la tienda. Por descontado que todo esfuerzo merece una remuneración, pero no es justo el incremento de precio actual y que el agricultor sea el que menos beneficio obtiene del producto que cultivó. Los habitantes de las ciudades no sabemos lo duro que es trabajar el campo.

Se hablaba también del aumento de precios debido a la exportación. Está muy bien que el país consiga exportar lo que produce –puesto que también importamos cada día más–, pero parece una barbaridad que se exporte más del 60% del aceite de oliva que se produce, que el año pasado Alemania haya incrementado en un 76% la importación de bovino procedente de España y China se lleva buena parte de la carne de cerdo producida aquí, aunque el porcentaje es oscilante, viene a ser un 40% de la producción. Eso sin duda enriquece a unos cuantos, pero ¿qué queda para alimentar a los de aquí? No mucho y de ahí la subida de precios.

Se menciona poco el aumento de población del planeta: en 1900 había unos 1.600 millones de habitantes, en 1970 (ayer como quien dice) éramos 4.000 millones y hoy se calculan unos 8.300 millones. Si se paran a pensarlo, de manera más o menos rápida, África va a engullir a Europa, pues allí tener 8 o 10 hijos no es nada llamativo. La población se multiplica de una manera tremenda, pero el tamaño del planeta sigue siendo el mismo y ya se supera la cantidad de habitantes a los que se puede suministrar alimentos. No se pueden importar productos de otros planetas y de ahí que tímidamente se intente introducir el hábito de consumir insectos, algo que ya se hace en Asia, pero que a los occidentales se nos hace muy cuesta arriba, aunque sea en forma de harinas. El problema es que dentro de poco no habrá insectos para todos.

En resumen: hay un malestar general en contra del gobierno, no por su actuación sino fruto de una campaña mediática de la derecha. También es cierto que el gobierno no ha sabido afrontar la subida de precios ni el problema de la vivienda.  

02 diciembre 2025

Dos mundos

Creo que hasta hace poco, yo estaba convencido de que era normal que en España unos fuéramos tan inequívocamente de izquierdas y otros tan inequívocamente de derechas. Nada de medias tintas.

Asisto a diario, como tantos, a la lucha a muerte entre el PP-Vox (y quienes son sus votantes, lo peor del caso) y PSOE y esos partidillos convencidos de que ellos son la verdad y la vida; que son ellos los que llevan el rumbo del país y los que consiguen esas mejoras sociales que a muchos benefician y –al parecer– contentan a pocos. Nunca he entendido cómo los mismos que llegan a tener una subida en su pensión del 8,5% votan a quienes redujeron la subida a un misérrimo 0,25%. Que quienes consiguieron tantas libertades y ventajas votan a quienes se las reducen. Luego me acuerdo que este es el país de ¡vivan las caenas! Y sé de qué van las cosas.

Hay excepciones en los dos casos, pero no deja de ser curioso que los de derecha suelen ser gente empecinada y poco cultivada y los de izquierda gente preocupada por la marcha del mundo y el bienestar general. Ya lo sé, cualquiera que observe el comportamiento y el aspecto de quienes dirigen esos partidillos que creen arreglar el mundo –lideresas–  pondrá razonablemente en duda lo que afirmo, pero le recomiendo que mire lo mismo en ese tal Tellado, en Alvise, en Ayuso, en Pepa Millán, en Cayetana Álvarez de Toledo, en Ester Muñoz y tantos otros. Incluso a los que se camuflan con la piel de cordero, como Borja Sémper. 

Todavía no me recupero del golpe que supone ver a esta gente oponerse a la condena del genocidio en Palestina, va a resultar que, como afirma Netanyahu, son de verdad antisemitas. En realidad, es casi divertido escuchar a la gente derechona, expresar de sus 'ideas' y cómo desechan todo lo que pueda venir de esos desnaturalizados que son las personas más o menos de izquierdas. El gran problema de esta partición de la población es que los de derecha están dispuestos a pasar por alto lo que quiera que hagan sus líderes, mientras que los de izquierda no perdonan comportamientos inadecuados o corruptos.

Claro que hay que ver que la derecha considera que Begoña Gómez merece la cárcel mientras la izquierda no cree que algo basado en unos recortes de periódicos y montado por un juez que parece una parodia de lo que debería ser, deba tenerse en cuenta.

Ahí tienen a la presidenta de Madrid, viviendo con su amante (¿por qué en TV lo llaman novio?) en un piso pagado con dinero negro, ella responsable de la muerte de 7.291 personas fallecidas sin atención médica durante la pandemia y a un presidente de la comunidad valenciana, responsable directo de la muerte de 228 personas durante la dana, que siguió en su puesto más de un año tras el desastre porque el mando central del PP temía moverlo de donde está, no sea que perdieran el gobierno de la comunidad a favor de otras opciones políticas. 

Al tiempo, paladean decir eso de que el gobierno y su presidente Pedro Sánchez están sumidos en la corrupción, cuando lo que hay son dos miembros de ese gobierno que presuntamente han sido activamente corruptos, cuando hasta la fecha no hay sentencia ninguna en este sentido y ambos fueron inmediatamente expulsados del PSOE como medida preventiva, cuando el propio PP es el único partido condenado por corrupción. En cuanto a la esposa o el hermano de Pedro Sánchez están sujetos a procesos que dan risa, simplemente porque los jueces son de la caverna jugando a eso que llaman lawfare.

Decía al comienzo que los votantes del PP son descendientes directos de aquellos que cuando Fernando VII el Felón gritaban ¡vivan las caenas! Y me reitero en ello, porque si hay algo que caracteriza a la gran mayoría de la derecha es su incapacidad para razonar y atender a ningún argumento articulado. Los mismos que piden desde el primer día de este gobierno su dimisión, se benefician de tantas ventajas conseguidas gracias a este gobierno: subidas salariales, subidas de pensiones, Ingreso Mínimo Vital, aumento de licencias por nacimiento (padre y madre), disminución del paro, etc. etc. En contra, no me importa reconocerlo, recrudecimiento del problema de la vivienda, subidas de precios, inmigración ilegal, etc., todos ellos problemas que ya existían con anterioridad, pero a los que no han sabido hacer frente. ¿Conocen las recomendaciones de Joseph Goebbels? Porque los miembros del PP son sus más aplicados alumnos.

Creo que quienes votan a la derecha –PP, Vox o Junts en Cataluña− son lo que podríamos llamar seres no-pensantes. Son personas que por sus postulados (?) han decidido no informarse y no cambiar su voto pase lo que pase. Viven en otro mundo llenos de odio, un mundo en el que se bloquean las ideas y se limitan a votar a su partido y no atender razones de ninguna clase, si no, por ejemplo, ¿cómo entenderíamos que esos jubilados votaran a quien le subía la pensión cada año un 0,25% despreciando a quien se la sube un 8,5% o lo que corresponda según el IPC?