jueves, 18 de marzo de 2010

Español para españoles (11)

Percibo, a través de estas entradas que voy escribiendo y de las que la presente hace el número once que, aparte de palabras claramente incorrectas y expresiones que atropellan señaladamente la lengua española, lo que más me encocora es la estupidez y vulgaridad en el habla, y cuando digo vulgaridad, no me refiero a esas palabras que salpican el vocabulario del 99 por ciento de los españoles y que suelen ser de referencia sexual, sino a esas frases hechas, a esas etiquetas que alguien suelta un día de inspiración y que inmediatamente son adoptadas por esos cazadores de palabras que parecen incapaces de expresarse por su propia cuenta.

Una expresión me solivianta cada vez más, porque cuesta trabajo que pase un solo día sin escucharla de labios de algún mentecato que hable sobre cine en la televisión o prensa. Estoy pensando en eso tan citado de “actor fetiche”.

Hasta no hace mucho, para referirse al actor que gustaba elegir para sus películas a un director o productor, se empleaban los adjetivos que de manera natural venían a la mente, porque sencillamente expresaban lo que se quería expresar. Así, cualquiera podía decir que Scarlett Johansson ha sido la actriz escogida por Woody Allen para varias de sus películas o que Carmen Maura era una de las preferidas de Almodóvar y por eso protagonizó varios de sus filmes. Ahora no, ahora a ambas se las cita como las “actrices fetiche” de sus respectivos directores, olvidando quizás que ambos disfrutan -según eso- de varios fetiches, en el caso del primero Diane Keaton y Mia Farrow, en el del segundo, la omnipresente Penélope Cruz.

Pero vamos a ver, ¿se han molestado en buscar el significado de la palabra fetiche en el diccionario? En el de la Real Academia se define como “Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos”. En sentido figurado y de manera más amplia, podría interpretarse como la persona o cosa que pueda aportar cierta dosis de buena suerte a quien se sienta necesitada de ella, digamos que a modo de amuleto, caso de la típica patita de conejo. ¿Es éste el caso de esos directores, la búsqueda de la buena suerte o la adoración sacrílega de seres de carne y hueso? No creo que sea así, sino sencillamente que a la hora de escoger los actores que han de interpretar a los personajes ideados por ellos, consideran que responden a las características requeridas o, incluso, puede ocurrir que el papel haya sido escrito precisamente a la medida de tal actor.

Sin duda, el hablante no trata de achacar a un director de cine su debilidad por la superstición o veneración idólatra, sino que quien que utiliza esa memez de “actor fetiche” se siente poseedor de un vocabulario lujoso, de un derroche de ingenio cuando suelta esa patochada. No es por lo tanto un delito en sí el empleo de la expresión y sí desde luego una muestra evidente de falta de vocabulario, así como de la afición a hablar empleando lo que ya llamé en otra ocasión el “Lego lingüístico”.

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