jueves, 4 de marzo de 2010

Español para españoles (9)

Muchas veces, o al menos esa es mi intención, mis críticas en estas entradas van más dirigidas contra el abuso o la pereza mental al hablar, que al uso de tal o cual palabra o expresión, porque en general, hasta una incorrección gramatical no lo es tanto cuando se trata de un empleo ocasional o poco frecuente.

Pensemos, por ejemplo, en el adjetivo “importante”. Es perfectamente aceptable su utilización para calificar lo que se desee, el problema es que actualmente todo va adjetivado con esa palabra aunque existan otras más adecuadas para el caso concreto. Ahora todo es “importante”: un incendio, una investigación policial, una nueva ley, un temporal de lluvia, un nuevo modelo de coche, etc.

Puede que quienes lean esto no padezcan la misma alergia que yo a los vicios voluntarios en el lenguaje, pero a poco que presten atención al habla de los demás -y no digamos a los benditos telediarios- pueden darse cuenta de que el uso de “importante” es claramente constante y abusivo. ¿Por qué sucede eso? Pues para mí está claro que, dentro de esa pereza que ha invadido la vida actual, de ese hedonismo sin límite, resulta muy cómodo emplear siempre un adjetivo-comodín que evite tener que escoger el que resultaría más adecuado a la frase que pronunciamos. Han quedado relegados e incluso suenan algo cursi, adjetivos como tremendo, pavoroso, innovador, trascendente, enorme… y mil más, pues si algo es abundante y gratuito en nuestra lengua son los adjetivos. No es ajeno a este apartamiento la inseguridad en el uso de las palabras, consecuencia directa de la ausencia de hábito de lectura, que lógicamente empuja al empleo de un vocabulario reducido con el que poder desenvolverse sin tanta inseguridad, mejor aún si el hablante está convencido de que ese habla que utiliza esparce un cierto aire de intelectualidad (creencia muy extendida). De ahí el abuso de fórmulas como “lo que es…”, “como muy…”, etc.

Los periódicos actuales no me refiero a los columnistas, ahí sigue habiendo gente preparada- emplean un lenguaje que hubiera ruborizado a los periodistas de hace 30 años. Esa prensa es la que lee la gente y ésa es su única entrada en letra impresa, ¿qué podemos esperar?

Hace años leí que un pastor sin formación tenía un vocabulario de entre 800 y 1.000 palabras, un niño de 10 años (me refiero al vocabulario de reconocimiento) parece ser que entre 5.000 y 6.000. ¿Cuántas creen que forman ahora el vocabulario de cualquier joven de entre 16 y 25 años? (hablo ahora de vocabulario de uso y de reconocimiento). Pues mejor no averiguarlo, pero si los expertos afirman que el fracaso escolar es atribuible en buena parte a la falta de vocabulario y a la incapacidad para entender un texto, el dato podría ser estremecedor. Eso sí, las autoridades de educación están empeñadas en que todos sean zoquetes semi-analfabetos en más de un idioma, pues sin dominar el propio los lanzan al aprendizaje de un idioma extranjero, ¿no habría que dar prioridad al conocimiento de la lengua materna?, ¿este conocimiento no ayudaría al aprendizaje correcto de esa segunda lengua?

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