miércoles, 28 de abril de 2010

Español para españoles (14)

¡La imaginación al poder! Eso parecen pensar quienes aparentan estar encerrados todo el día en un laboratorio ideando frases con chispa y esa legión de seguidores que aguarda ilusionados el nuevo invento, listo para ser empleado una y otra vez, venga o no a cuento.

No sé si pueden imaginarse esos chaparrones intensos que comienzan con apenas unas gotas y que, progresivamente, van incrementando su intensidad hasta terminar en un diluvio. Al comienzo ni nos parece que vaya a requerir el uso del paraguas y al final dan ganas de procurarse una zódiac. Algo parecido sucede con las frases y metáforas que algún creativo pone en circulación; la oigo un día y simplemente me pasa casi desapercibida e, inocentemente, me creo que será flor de un día, que nadie más volverá a repetirla y que seguiremos hablando como siempre, incorporando tan solo aquellas expresiones que de verdad aportan algo al lenguaje o aquellas que se nos ocurran sobre la marcha.

Ha pasado algún tiempo desde que oí por primera vez eso de “negro sobre blanco” para referirse a algo publicado en algún tipo de medio impreso. Volví a escucharla al cabo de algún tiempo y me temí lo peor. Ahora compruebo que ese peor ya ha tenido lugar: se ha vuelto imprescindible para muchos periodistas de prensa y televisión y el pueblo llano no le hace ascos, pues también lo he podido oír en boca de una amiga.

No hay rueda de prensa en la que algún corresponsal pretencioso y enterado no le pregunte al político de turno cuándo vamos a ver “negro sobre blanco” lo que está prometiendo o que le recuerde que eso de lo que habla ya se ha visto “negro sobre blanco”, etc.; el éxito de la expresión es ya una realidad.

Es quizás unos de los últimos descubrimientos lingüísticos, pues otros que también me llaman la atención son ya moneda más que corriente, y es difícil no tropezar con él cada día. Hablo de ese hoja de ruta que, con seguridad todos tenemos ya incorporado a nuestro repertorio.

Desde que en 2002 se elaboró un plan de paz –otro más- para el conflicto palestino-israelí y alguien tuvo la feliz ocurrencia de llamar hoja de ruta al calendario que establecía los pasos a seguir para la consecución de esa paz imposible, ya nadie pierde el tiempo en hacer una lista de tareas o de planes, fijar un calendario, establecer plazos, etc. Hasta la tarea más nimia a realizar en un espacio de tiempo, requiere una hoja de ruta. Ya no tiene excusa para perder el tiempo con tibiezas: cuando la señora de la limpieza llegue a su casa, nada de darle instrucciones de lo que hay que hacer y limpiar, simplemente le elabora una hoja de ruta y todos quedarán encantados por tanta modernidad, erudición y frescura de lenguaje.

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