martes, 4 de mayo de 2010

El desprecio a los mayores

Acabo de leer en la prensa una noticia que me produce indignación por partida doble. Los protagonistas son una pareja de jóvenes del sexo masculino -más o menos- procedentes de Madrid, que en una caseta particular de la Feria de Sevilla, en la que se encontrarían como invitados de unos amigos de unos amigos etc. de los titulares, (sé de lo que hablo), comenzaron a mostrar una pasión desenfrenada el uno por el otro, sin importarle lo más mínimo encontrarse en público. Según cuentan algunos testigos en la prensa, los besos eran tan rotundos que «la lengua de cada uno casi salía por el cogote del otro» (sic), mientras que «las manos no permanecían quietas». Como consecuencia, se les pidió que abandonasen la caseta y ellos se fueron directamente a la comisaría a denunciar la expulsión, ignorando que en una caseta privada están quienes los propietarios-titulares quieren que estén. Y nadie más, que ya le lloverán los reproches a quien tuvo la desgraciada idea de llevarlos allí.

Ese incidente provoca el escándalo en todos los que desean ser políticamente correctos hasta el hartazgo en el tema de la homosexualidad, pero es llamativo que en la declaración de la pareja, se quejan de que «quien les llamó la atención fue una señora mayor de unos 50 años». El párrafo completo muestra un claro desprecio hacia quienes han superado la franja etaria a la que ellos pertenecen, de manera que se da la paradoja de que denuncian una supuesta homofobia, al tiempo que padecen y practican con total impunidad una descarada gerontofobia. Claro que esta última está tan extendida que a nadie le llama la atención y como no hay un Día del Orgullo Aged, nunca se conseguirá un posicionamiento positivo generalizado.

No sé si mis amigos coetáneos lo perciben igual que yo, pero poco a poco me he ido dando cuenta de que el prejuicio hacia los que ya somos talluditos –y no digamos si evidenciamos estar jubilados– está fuertemente implantado en la sociedad. Mi médico –médica- de cabecera, por ejemplo, puedo asegurar que me mira de otra manera desde que supo de mi paso a la vida de pensionista, y emitir cualquier opinión en un entorno de gente joven, tiene una acogida tan atenta como la que recibiría la emitida por un bosquimano mentalmente tarado, recién llegado de su tribu.

He mirado en una página de psicología y es esto lo que dice en relación con la gerontofobia: “Relacionada con la gerascofobia (miedo a envejecer), este término se utiliza no sólo para denominar miedo a los viejos, sino también desprecio o rechazo hacia las personas de la tercera edad. Se trata de un mal social muy común en nuestra época, donde los viejos son relegados a los asilos y muchas veces se los abandona a su suerte; donde se asocia a la juventud con la salud y la belleza y por oposición, a la vejez con la enfermedad y la decadencia.

La gerontofobia parte de ideas tales como que los viejos son improductivos, dependientes y una carga para la sociedad.”

¿Cómo éramos en mi generación con los mayores, cuando teníamos 18 ó 20 años? Pues yo diría que tampoco practicábamos una admiración apasionada por los mayores, pero había respeto y existía hasta una irónica y tierna canción de The Beatles (When I’m Sixty Four) y no era normal el desprecio profundo que actualmente abunda, ni se consideraba, como tan generalizado es ahora, que se es joven gracias a un esfuerzo personal e inteligencia sin igual y que esa condición se mantendrá por los siglos de los siglos.

Habíamos oído mil veces eso de que «cuando seas padre comerás huevos» y quizás eso nos hiciera pensar que la edad traía emparejados ciertos méritos y ventajas. Ahora habría que cambiar la frase y dejarla en algo así como «cuando eres joven, puedes arrebatarle los huevos a tu padre y a quien se te ponga por delante. El mundo te pertenece».

Mientras, ironía de esta sociedad, buena parte de esos jóvenes –y menos jóvenes– carece de ingresos económicos y vive de la pensión que perciben sus padres.

1 comentario:

Paco dijo...

Ves ,en esto te doy la razón , pero a la vez, me aparece en los labios una sonrisa malévola , pensando, que "arrieritos somos y en el camino nos veremos" y es que la juventud actual serán los ancianos del futuro y ,aunque no este para verlo, intentaré reírme de todos aquellos que consideran en la actualidad, que ellos son ellos y solo ellos y a los vejetes, que nos den por el ....