viernes, 28 de mayo de 2010

Español para españoles (15)

Una persona no es un suceso ni un acontecimiento; una persona es una persona. ¿Piensan que se trata de una evidencia? Pues resulta que no lo es siempre tanto y que muchos hemos cometido la torpeza gramatical –estupidez, más bien- de confundir lo uno y lo otro.

Hace ya bastantes años, tuve la ocurrencia de experimentar una de esas frases que se suponen extremadamente ingeniosas. Ha pasado el tiempo, pero no el bochorno de haber hecho el ridículo de manera atroz con semejante memez. A cierta mujer con quien mantenía una relación sentimental, un día en que esa relación hacía agua, le dije que “ella era lo mejor que me había ocurrido en años”. Pensé que con ello me incorporaba a lo último en el lenguaje y que ella sabría apreciar mi esfuerzo, mi sensibilidad y mis conocimientos. No fue de esa manera, y su respuesta fue algo así como “…¿qué tontería estás diciendo?”. Con eso me quitó las ganas de hacer más experimentos oratorios, destrozó mi estrategia y dejó por los suelos las posibilidades de darme a valer por vía del lenguaje. A cambio, hizo subir varios puntos la valoración que yo tenía de la inteligencia de esta fémina y lamenté no haberme dado cuenta antes.

No es, ni mucho menos, la única mamarrachada que puede emplearse en conversaciones de este estilo. Hay una que me produce hasta escalofríos: es eso de “una cabeza bien amueblada”. Como en tantas otras similares, quien la empleó por primera vez puede que dejara extasiado a su oyente por su capacidad para definir gráficamente la capacidad cerebral de un tercero, su madurez, su comportamiento adecuado a toda situación o su equilibrio emocional. A partir de aquel momento, sólo los escasos de neuronas pueden hacer uso de una imagen que, definitivamente, no debería ser utilizada de manera habitual como se hace, pero es que hay que contar con la falta de capacidad de expresión de los hablantes y su entusiasmo a la hora de emplear frases –de otros- que les parecen el colmo del ingenio.  

La primera de las frases que he citado es de uso restringido a charlas más bien íntimas, pero la segunda es de tipo “universal unisex” y por lo tanto no hay político, presentador de televisión o torpe de nuestro entorno que no la emplee, y lo entiendo, porque es una verdadera tentación apropiársela para airear la desenvoltura de nuestro lenguaje.

Si quien lee esto considera que la frase es recomendable, pese a todo, mis excusas. Si por el contrario, estima que no es para tanto, le propondré que la busque en Google: me aparecen 56.400 ocurrencias. Creo que no está nada mal.

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