miércoles, 22 de mayo de 2013

Frank Sinatra, La Voz única

Es frecuente oír dichos como sobre gustos no hay nada escrito o lo de para gustos se hicieron los colores tratando de justificar ciertas preferencias con el supuesto apoyo de estas sentencias que, como tantas otras del mismo estilo, son con frecuencia totalmente falsas. Menos mal que, como ocurre también con frecuencia, a esos dichos se contraponen otros como pudiera ser lo de hay gustos que merecen palos, violenta frase que desmiente las anteriores.

Sin embargo, creo que en esta ocasión sí es de aplicación aquello o al menos yo estoy dispuesto a sostener que lo es: hablo de mi admiración, casi devoción, por el cantante y actor Frank Sinatra, del que días pasados en la prensa se conmemoraba el 15º aniversario de su fallecimiento y se hacía referencia al largo reportaje –casi un pequeño libro– escrito por el famoso periodista Gay Talese hace ya casi cincuenta años para la revista Esquire y que, según cuentan, se utiliza hoy en día como texto en las escuelas de periodismo.

El caso es que fue mi madre –realmente se trataba de un cantante de su época y no de la mía– quien me contagió la sinatritis y no sólo supe mantenerla, sino que la incrementé hasta superar la afición que ella sentía por el cantante. Me ha proporcionado algunos de los mejores momentos de mi vida y mi admiración es tal que tengo más de sesenta discos suyos que escucho con bastante frecuencia. Durante muchos años fui comprando todos los que iba encontrando, los buscaba en todos los países a los que iba y sólo repudié por espantosos esos dos Duets I y II que son un alarde de comercialidad y mal gusto. Realizados con desgana, quizás porque el cantante ya era bastante mayor, veía que su tiempo había pasado y no parecía importarle corromper un historial musical casi sin tacha. Probablemente por eso fueron grabados con su voz en una primera instancia y más tarde el cantante que debía hacer el dúo pasaba por el estudio a hacer su parte, sin compartir espacio con Sinatra, que posiblemente ni conociera de oídas a algunos de ellos. Desde luego, no debía saber que a Julio Iglesias algunos periodistas lo llamaban el Sinatra latino, porque el disgusto podría haberle matado. Aparte, yo me pregunto si es que el genuino Sinatra no les parecía bastante latino, teniendo en cuenta que era hijo y descendiente de italianos al cien por cien.

Curiosamente, las canciones suyas más populares en España son de lo peorcito que grabó: My Way y Strangers In The Night, las dos muy alejadas del estilo en el que realmente destacó, que coincide fundamentalmente con el periodo en que grabó para el sello Capitol el mejor swing vocal de la historia y cuando ganó merecidamente el apodo de La Voz con el que se le conoció y conoce. Lo acompañaron las mejores orquestas de la época, empezando por Harry James o Tommy Dorsey, pasando por Alex Stordahl, Don Costa, su habitual Nelson Riddle, y hasta los jazzísticos Duke Ellington y Count Basie. Fue el primer cantante que contó con multitudes de fans teens, como setenta años después los tienen quienes muchas veces son simples productos de marketing, mesas de mezclas y auto-tune.

Por descontado, en esta época de usar y tirar se me descalificará por mi afición con el argumento de que Frank Sinatra es antiguo: ¿antiguo? No ha habido ni hay ningún otro que le supere, que haya hecho tanto por la canción incluso fue el primero que estudió cómo aprovechar la ventaja que le brindaba la moderna amplificación del sonido, creando una nueva manera de acompasar la respiración a lo que cantaba, una técnica que él fue perfeccionando tras observar cómo se las arreglaba el trombonista Tommy Dorsey con su instrumento. Bobby Darin fue un seguidor bastante bueno e incluso pensaba ser su sucesor porque era bastante más joven pero, ironías de la vida, murió en la mesa del quirófano 30 años antes que Sinatra. Hasta hoy en día son numerosos sus seguidores –no necesariamente imitadores– como Harry Connick Jr., Michael Bublé, Matt Dusk, Jamie Cullum, Peter Cincotti y muchos más, y su repertorio se sigue interpretando en todas partes intentando mantenerse en su estela.

Nadie canta ni cantó como él, es eso lo que le coloca a un nivel inalcanzable para los demás, pero es bueno recordar su trabajo como actor, que le trajo gloria y fama, no sólo por su trabajo en películas musicales, sino también por sus papeles dramáticos que le permitieron hacerse con un Oscar (ganó también otro, semihonorífico). Sin embargo, si en España se pregunta a alguien por él, si es que le conoce, se limitará a recordar su poco recomendable vida de negocios y su supuesta cercanía a la mafia. ¡Ah!, y My Way.

En fin, sé que muchos quedarán pensando que he debido perder la cabeza con tanta alabanza a quien no las merece, sobre todo existiendo actualmente artistas de la talla de Lady Gaga o Justin Bieber. 

Pero oiga, es que yo estoy hablando de música. Ya lo decía al principio: sobre gustos no hay nada escrito, pero es cierto que hay gustos que merecen palos.

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