miércoles, 18 de junio de 2014

Tierra de María Santísima

La verdad es que resulta peligroso escribir sobre este tema, teniendo en cuenta mi relación con esa tierra y que quizás el grupo más numeroso de lectores provenga de por allí, pero como ya me dijeron una vez, «está claro que no tengo este blog para ganar amigos».

Para quienes no tengan una relación frecuente o intensa con Andalucía, yo les propondría que accedieran desde este mismo medio, Internet, a periódicos digitales de esa región y si es la primera vez que lo hacen se quedarán sorprendido al observar que la primera página de muchos ellos –fundamentalmente el que se autoconsidera espejo y correo de toda la región, fundado en 1899 por un cardenal– en numerosas ocasiones está dedicada en buena parte a sucesos tan importantes y trascendentales como puedan ser la coronación de tal o cual vírgen, la imposición de algún fajín o medalla militar a una de esas imágenes, la celebración del aniversario de esas coronaciones, Corpus, el anuncio de un besamanos, alguna romería, la restauración de una talla, confección del manto o palio, etc. etc. Da lo mismo el motivo, lo fundamental es celebrar y adorar a alguna de esas muñecas que por lo general no tienen ni cuerpo. Buen ejemplo de idolatría.

¿De verdad que la mente de esos habitantes está ocupada en su casi totalidad por esos asuntos? Pues no, al menos en aquellos que yo conozco de la zona, pero también es verdad que aun no siendo excesivamente devotos, muchos respiran eso que podríamos llamar el hecho mariano con toda naturalidad, incluso los que no participan de ninguna actividad relacionada. Quizás por un exceso de localismo, aparentan creer que lo normal es lo suyo y que «los de fuera» son, simplemente, unos extraviados que envidian su suerte.

Por eso es que podemos ver gente llorando cuando su cofradía no puede procesionar sus imágenes en la Semana Santa a causa de la lluvia o nos quedemos aterrorizados al observar la devoción que muestran quienes son aficionados a la romería del Rocío, un espectáculo penoso para quienes anteponen la inteligencia a la devoción y sobre todo para quienes pretenden que la racionalidad predomine en las actividades de los humanos. Allí se va a cantar, bailar, beber y emborracharse; muy divertido para quien le guste, pero difícil de encajar como manifestación religiosa.

El daño que esa romería causa a la reserva de Doñana es pavoroso. Recientemente, el director de esa estación biológica ha dicho: «Si usted es ornitólogo o un simple amante de la naturaleza y pide visitar Doñana, lo tiene difícil. Pero si se cuelga un medallón y peregrina al Rocío, puede pasar por el parque y tirar botellines con impunidad». No son sólo botellines, sino toneladas de basura, caballos y mulos reventados y la vegetación parcialmente arrasada. Son cientos de miles de personas, miles de vehículos todoterrenos o tractores y cientos de caballos. He leído que allí usted puede beber alcohol mientras conduce en presencia de agentes de la Guardia Civil, y no ocurre nada.

Ante las manifestaciones folclórico-religiosas no hay barrera alguna y gente de otras partes acuden para realizar las mismas hazañas que los nativos y son más que numerosos los personajes famosos que se apuntaron o apuntan a la romería; desde la duquesa de Alba o la reina Sofía e infantas, hasta Mario Conde; desde la “musa” del PP Norma Duval a Tita Cervera y Carmen Martínez-Bordiú, y por supuesto buena parte de los que forman el famoserío de toreros, actores, tonadilleras, etc.

Todo esto tiene su punto culminante en el penoso espectáculo de una multitud de vociferantes energúmenos, plantados delante de la ermita de la «blanca paloma» (¿no habíamos reservado la imagen de la paloma para el espíritu santo?) que en un momento dado asaltan el recinto saltando sobre la verja con más fiereza si cabe que los sioux que atacaron al general Custer.

De verdad lamentable, y resulta consecuente que la imagen que de Andalucía se tiene en otras partes sea la de una región incapaz de producir nada que no sea juerga, fanatismo e ignorancia. No es la única no olviden los sanfermines, por ejemplo–, pero sí la que más.

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