martes, 24 de marzo de 2015

Limpia, fija, da esplendor y mete la pata - ( y II )

Son muchos los que repiten una y otra vez que la lengua la construyen los hablantes, y es cierto que eso era así antes, pero –y no me canso de repetirlo– las cosas han cambiado y los hablantes dicen lo que les hacen decir los que dirigen el circo, y aquí aparece la fuente del saber más extendida: la televisión. Auténtico flagelo del lenguaje y responsable casi totalmente –junto con la prensa escrita– del desastre en el habla y el desconocimiento de la propia lengua. Si Belén Esteban suelta algún disparate en el programa en el que intervenga, al día siguiente tenemos a buena parte de la población aceptando como bueno lo dicho y quizás practicándolo para mostrar su erudición. ¿Qué sino la televisión –y más concretamente su publicidad– ha implantado el uso de para nada, gratis total o ese chirriante sí o sí?

Actualmente la Real Academia de la Lengua parece que está dirigida por un saboteador de la CIA o del Estado Islámico –casi lo mismo–, al menos en lo que respecta a las manifestaciones que llegan al público. La nuevas palabras incluidas en el diccionario y las nuevas normas gramaticales son en buena parte un conjunto de desaciertos inoportunos que parecen la obra de un hatajo de incompetentes decididos a acabar como sea con nuestro idioma y han sido recibidas muy críticamente por algunos de los que se dedican más o menos profesionalmente al lenguaje. No incluyo a los periodistas, que en su mayoría desprecian con rotundidad lo que debería ser su principal herramienta de trabajo y a los que no importa insistir en los mismos errores un día tras otro.

¿A quién se le ocurrió la idea de eliminar el acento en el adverbio “sólo” que permitía distinguirlo del adjetivo “solo”?, ¿a quién, eliminar la separación entre la partícula “ex” y el sustantivo simple que le sigue?,  ¿quién tuvo la brillante ocurrencia de fijar nuevas normas de acentuación, que han dejado sin amparo a palabras como “guión” o “truhán” y totalmente desconcertados a quienes ya sabían colocar correctamente las tildes?, ¿qué objeto tiene aceptar en el diccionario palabras y expresiones como “airbag”, “glamour”, “folder” o “polución” (en el sentido de contaminación) y tantas más de inmediata y fácil traducción a nuestra lengua?, ¿quién fue el iluminado que patrocinó la inclusión en el diccionario de almóndiga?  Si en vez de decir airbag usáramos balón, bolsón, almohadón, bolsa inflable o algo parecido nos produciría extrañeza de momento, pero con la ayuda de los fabricantes de automóviles, en poco tiempo sería asimilado. Por el contrario, esos fabricantes nos venden cada novedad en inglés, porque así es más fácil que se acepte y se pague. Un ejemplo: hasta los años 30, en España no existía la palabra deporte y se utilizaba normalmente sport y era esa palabra la que encabezaba las secciones de los periódicos. Cuando se españolizó producía rubor y risa su uso, según leí; ahora no concebiríamos prescindir de la forma española. De paso una pregunta al respetable: ¿por qué se sigue diciendo en fútbol eso de corner si su significado es simple y directamente esquina?

He oído declaraciones de académicos afirmando que con las nuevas normas se persigue que las personas que no tienen muchos conocimiento puedan escribir sin faltas. Eso me recuerda el tremendo error de los sistemas de enseñanza españoles desde hace decenas de años. Con la intención de que todos los alumnos de segunda enseñanza pasaran de curso y terminaran sus estudios, se rebajó el nivel de exigencia y el resultado es que si antes quedaban repitiendo curso unos cuantos jóvenes poco dotados intelectualmente, ahora disponemos de una juventud cuya preparación básica es muy inferior a la de antaño. Se ha nivelado por abajo, y después nos asombramos y lamentamos de los resultados en los informes PISA.

Hace ya un par de años caí en un error que después me causaba risa, pero que de momento me produjo desconcierto. Leí en la prensa una noticia cuyo titular comenzaba “El expreso de ETA…” y yo instantáneamente interpreté que había alguna línea de ferrocarril en la que viajaban con frecuencia terroristas y a la que los periodistas, tan aficionados a inventar apelativos, habían dado en llamar así. Siguiendo con la lectura me reí al caer en la cuenta de que se referían a un ex convicto de ETA, nada que ver con los ferrocarriles. Una gracieta evidente, consecuencia de esa innecesaria norma de unir prefijo y sustantivo…

En fin, son bastantes los que se manifiestan en desacuerdo con las últimas disposiciones de la RAE, pero si quieren leer la crítica muy expresiva de un ciudadano, pulsen aquí.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La Academia decía y sigue diciendo que los monosílabos no llevan tilde (acento ortográfico), salvo en el caso de la diacrítica cuando proceda. Por eso guion y truhan se deben escribir así (sin tilde). Son dos monosílabos, ya que sus respectivas vocales forman diptongo. Antes de la última revisión, la Academia decía que "es admisible el acento gráfico si quien escribe percibe nítidamente el hiato y en consecuencia considera bisílabas palabras como ..., guión, ..." Como yo nunca percibí el hiato, sino el diptongo, nunca acentué gráficamente estas palabras. Suprimir la tilde definitivamente me ha parecido una aclaración necesaria. Dicho de otra manera, ya no se deja a la subjetividad del que escribe la percepción del hiato.
Luis G.

Mulliner dijo...

Leí en su momento las nuevas normas y su explicación e incluso puede que las tenga guardadas, pero lo que no me gusta es que muchos tenemos no tanto memorizadas las reglas, sino una memoria gráfica de la ortografía y por lo tanto nos produce desconcierto eso de "guion" sin tilde. Busca por ejemplo en un diccionario anterior de la RAE o en el María Moliner de 2001 que es el que yo tengo (o en cualquier libro) y están con tilde, ¿acaso ninguno de los dos habían percibido la existencia del diptongo? Yo siempre las pronuncié como hiatos y no voy a seguir las modas impuestas. Apostaría a que en escritos tuyos de hace 10 años ponías esas palabras con tilde.

Anónimo dijo...

Tengo que reconocer que sin recordar qué era un hiato (excepto el de la hernia) yo siempre pronuncié guión como hiato y por lo que acabo de hacer sin pensarlo, también lo acentuaba.
Lo de truhán creo que no lo he utilizado en la vida. Me parece demasiado fino para insultar a alguien. Y si ambos los digo en voz alta como diptongos me suenan como decía un compañero de trabajo para adularte: "¿Qué tal 'campion'?".
Vaya que no voy a cambiar ahora.
Angel

Mulliner dijo...

Es una opción que cada uno elige libremente y con menos trascendencia que elegir vino. Me alegro de que este tipo de asuntos sean objeto de debate causando espanto y asombro en quienes lo contemplaren. A mí me resulta imposible pronunciar "guión" como diptongo y lo mismo digo de "truhán". Hace años Javier Marías decía lo mismo y hasta se preguntaba, si era diptongo, qué pintaba ahí la "h" de "truhán".

Está claro, cuestión de gustos.