jueves, 16 de abril de 2015

Un hombre, un voto (más o menos)


Bueno, y antes de que se subleven, aclaro que una mujer, también un voto, faltaría más, hay que aclararlo ahora que muchas andan revueltas porque no les gusta ni siquiera eso de homo sapiens, ya que les parece ofensivo lo de que aparentemente sólo se mencione al hombre. Aquellas magníficas exposiciones –ahora que me doy cuenta, hace muchísimo tiempo que no sé de ellas– que se llamaban Las edades del hombre iban a plantear actualmente más de un problema.

Pamplinas aparte, pasaré a lo que me ha producido las ganas de escribir una entrada sobre el derecho al voto. Resulta que hace muchos años, tantísimos que ni siquiera voy a decir cuántos, en una charla entre amigos sugerí que deberían inventar un aparato, algo así como ese casco con cables de las historietas, que a la hora de votar averiguase qué coeficiente intelectual tiene el que va a depositar su papeleta y, según eso, aplicase un coeficiente reductor o multiplicador del valor de cada voto, un coeficiente que el votante ignoraría, con lo que seguro que todos saldríamos de la cabina pensando que éramos first class.

Uno de los presentes en la charla –votante impertérrito del partido del OTAN no, pero vale– se indignó y me llamó facha –sabiendo que ese calificativo yo lo consideraría una ofensa de nivel 1– asegurando que era una propuesta propia de tales y que el voto debería tener el mismo valor para todos.

No he vuelto a acordarme de esa idea mía, que según he comprobado después no es ni siquiera original, pero no quiero ni pensar las discusiones que surgirían con los demócratas formales y las complicaciones técnicas que supondría fabricar un aparato como el que yo sugería, asegurándose al tiempo de que de ninguna manera pudiera ser manipulado, ni siquiera por Cospedal.

Hoy he leído un artículo en la prensa que en cierta manera plantea un dilema relacionado. No sé si saben –yo no lo sabía, pero lo he descubierto hoy– que quienes padecen síndrome de Down y son incapacitados por sus familiares responsables, no tienen derecho al voto. Sí aquellos que tienen un grado pequeño de valoración del síndrome, que pueden votar igual que pueden trabajar o casarse.

Pero no contaban con la ceguera de los allegados –seres queridos que dirían los modernos–, y una madre de una de estas personas incapacitadas se ha dedicado a recoger firmas para que el diccionario de la RAE modifique el significado que da a la palabra subnormal y, al tiempo, la asociación que reúne a familiares de estos –digamos– enfermos quiere que se permita el voto incluso de los incapacitados. Cuesta entender cómo si la familia lo incapacita, después pretenden que tengan derecho a votar, parecen considerar que el sufragio no precisa de capacitación alguna. Eso da una idea de la valoración que los españoles dan al sufragio y debería animar a la invención del aparatito del que hablaba al principio.

Resulta muy ilustrativo leer los comentarios que en la prensa digital acompaña a la mayoría de las noticias y en ese caso los había para todos los gustos: desde quienes piden que se les retire el derecho al voto a quienes padezcan Alzheimer o Parkinson a quienes dicen que si se lo dan a aquellos incapacitados deben dárselo también a los niños que hayan hecho ya la primera comunión. Un dilema.

Hace pocos días una encuesta aseguraba que en caso de elecciones locales inmediatas, en Madrid volvería a ser el PP el partido más votado, lo que evidencia la urgente necesidad del aparato, aunque seguro que ese partido se opondrá rotundamente. Se confirma que son multitud quienes confunden sus miedos y sus simpatías personales –vaya usted a saber basadas en qué– con el voto que deposita la confianza en alguien/algunos para que nos mandoneen y nos despojen. Pura nostalgia de por el imperio hacia dios.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Mulliner, dos observaciones.
1. Cuando el imperio del que hablas al acabar el artículo, dios se escribía con mayúscula.
2. Si sigues con esa idea rebajar la edad del voto te sugiero que cambies el marcador religioso, "la primera comunión", por uno biológico como podría ser en el caso de las mujeres la menarquia, palabra de la que desconozco el equivalente en los varones.
Por cierto, recordando una discusión anterior, esa palabra el DRAE la escribe como diptongo aunque siempre la he utilizado como hiato. ¿Será "monarquia" también un diptongo y no no hemos enterado? ¿Habrá que colocarles el casco de votar a los académicos?
Un abrazo
Angel

Mulliner dijo...

Gracias por tu comentario. Mis disculpas por la tardanza en darme por enterado de tu apostilla, pero he estado de viaje hasta hace una hora, exactamente.

1. Respecto a lo de las mayúsculas , hay que tener en cuenta que hoy no tenemos imperio e incluso hay quien afirma que tampoco dios, así que todo con minúscula.

2. Confieso que he tenido que mirar en el diccionario lo de la palabrita menarquia, porque no me sonaba de nada. Tampoco he conseguido averiguar el equivalente en los varones, aunque juro que nunca tuve la menstruación o, por lo menos, ni me enteré.

Anónimo dijo...

Sobre la menarquia: yo conocí esta palabra en mi adolescencia como antónimo de menopausia. He buscado la correspondiente palabra para los varones pero no la encuentro, ni como antónimo de andropausia.
Y si me dices que no has tenido el "periodo", como se decía en mi juventud, me lo creo aunque no me lo jures.
Angel