martes, 10 de noviembre de 2015

Racismo y denominaciones

Los belgas en el Congo
Existe un racismo, el evidente, el clásico, que a diario es fustigado –con razón– desde todos los medios, aunque se llegue al extremo de vetar cualquier comentario que se envíe a un medio digital –concretamente El País– simplemente porque contiene la terrible palabra “negro”, ya se sabe que ahora hay que decir subsaharianos.

Hay otro bastante camuflado, raramente denunciado, que practican a mi parecer justamente quienes presumen de ser los menos racistas del mundo mundial. Son esos que claman para que los países occidentales –por no decir “blancos”– envíen ayuda económica con cualquier motivo –ébola, paludismo, sequía...– a países que, pese a sus enormes riquezas, son incapaces de dar de comer a sus hijos, entre otras razones porque esos hijos encuentran mucho más atractivo emigrar a Europa que unir sus fuerzas para decir NO a la explotación a que los someten, ciertamente antiguas potencias coloniales, pero fundamentalmente sus propios paisanos, ¿alguien ha oído hablar de una revolución social en África? Falta les haría, más aún porque además allí el crecimiento demográfico es atroz. Tenía una amiga oriunda de Kenia y me contó que tenía nueve hermanos, algo normal por allí, aunque parece que actualmente la cosa se ha templado algo. Nigeria tenía poco más de 40 millones de habitantes en 1961, ahora son casi 200. Ruanda 2,8 millones en 1961 y actualmente alrededor de 13 millones. Y así más o menos todos. Resulta que allí no deben tener Facebook ni Twitter y en algo hay que entretenerse.

Ese otro, el segundo racismo, consiste en considerar de manera perpetua como menores de edad a las personas de raza negra y, por eso, ven natural que sean los de raza blanca quienes acudan en auxilio de aquellos, sea por una epidemia, por necesidades vitales no satisfechas por su países, por ataque de algún país vecino o por integristas religiosos, etc. Siempre el hombre blanco ha de estar dispuesto a acudir en socorro de esos eternos menores de edad. ¿Hay algo más gratificante que practicar la compasión y la caridad?

Supongo que en todo esto pesa el remordimiento de tantas atrocidades cometidas en ese continente por las potencias coloniales, algo de lo que España está prácticamente libre, pues la única colonia que poseyó en el África negra fue Guinea Ecuatorial y aunque su actuación no fuera ni de lejos intachable, conviene no olvidar que entonces ese pequeño territorio tenía la renta per cápita más alta de África y el reparto de riqueza más efectivo, ojalá el franquismo hubiera sido tan generoso con la metrópoli como lo fue con la colonia, que llegó a disfrutar de una Constitución en 1968, años antes que los propios españoles.

A la hora de descargar conciencias, no hay que olvidar que quienes vendían los esclavos a los comerciantes de seres humanos eran precisamente otras tribus locales que se deshacían así de los enemigos capturados, al tiempo que recibían un pago por sus servicios. Tampoco hay que olvidar que los enemigos más terribles de esos países son precisamente los tiranos de su misma raza. Volviendo otra vez al ejemplo de Guinea Ecuatorial, hay que fijarse en que el actual dictador y su familia son una de las principales fortunas de África, mientras que sus súbditos aceptan mansamente una vida que prácticamente no ha mejorado desde los tiempos coloniales. No hace muchos días he leído en la prensa brasileña que Teodoro Obiang (hijo) ha regalado nada menos que 3 millones de euros a la escuela de samba Beija Flor de Río de Janeiro, se supone que por aquello de hacerse un nombre y ser recibido como un nuevo rey Midas en el carnaval carioca.   

Vamos a dejarles ya que se apañen, que va siendo hora de que aprendan, y vamos a dejar de hacerles regalitos y de tratarles como raza inferior, porque con ese proceder nunca van a salir de su situación actual, de inferioridad inducida. Aunque... soy del parecer de que un negro, en el entorno adecuado, puede ser tan inteligente o tan tonto como cualquier blanco, el problema es que carecen absolutamente de capacidad para organizarse socialmente, ¿cómo se soluciona eso?, estoy seguro de que esa es una valoración muy extendida, ¿por qué nadie se atreve a decirlo en voz alta?

Para terminar y dedicado a todos esos que se exprimen las neuronas para encontrar formas de denominar a las personas de raza negra sin que haya referencia a color, un fragmento de un artículo de Javier Marías que ya he citado en otras ocasiones:

«Otro tanto sucedió con “negro”, en inglés un extranjerismo, un españolismo. Cuando se consideró que era peyorativo, se sustituyó por “coloured people”, “gente de color”, hasta que eso pareció también discriminatorio, pues ¿acaso no tenía algún color todo el mundo? Entonces se pasó a “blacks”, lo mismo que “negro”, solo que en inglés ahora. Pero eso tampoco duró más que unos años, y se inventó la ridiculez de “African Americans”, que los españoles racistas (esto es, los que evitan los términos meramente descriptivos y naturales) se apresuraron a traducir, y además, añadieron esa otra ridiculez de “subsaharianos” para referirse a los negros que nada tienen que ver con América.».  (Villanía léxica, El País)

Las negrillas son mías. 

No hay comentarios: