miércoles, 2 de marzo de 2016

Qué es cool

Una motocicleta cool
Cuando aún me estaba recuperando del uso generalizado de la palabra guay y cuando, aunque asombrado, hace mucho tiempo que había aceptado el uso de la palabra chulo como sinónimo de molón o guay y no de lo que ha sido toda la vida, llegó una palabra inglesa a sustituir a todos esos vocablos que siquiera tenían la virtud de ser de producción nacional. Creo que todo el mundo está harto de oírla y usarla, pero voy a poner unos ejemplos tratando de contribuir a su clarificación.

Es cool hablar mal de la Guardia Civil o de las fuerzas del orden en general, en especial por su actuación en fronteras, sin percibir que lo conveniente es poseer una policía democrática, pero no hacerles pensar que la población está contra ella. La policía es imprescindible y ningún país o régimen la disuelve. Durante la II República los llamados guardias de asalto no eran menos brutales que los policías de ahora; lo importante es quiénes mandan en ellos y quiénes y cuándo los lanzan contra la ciudadanía. He leído que en Barcelona la tal Ada Colau va a disolver a sus antidisturbios. Espero que cuando se encuentre frente a los violentos no llame a los GEO o la UME y se apañe con sus mossos con esa especie de bonita boina-barretina cayéndoles sobre una oreja. Es lo suyo.

Es cool quedarse embobado de entusiasmo cuando alguien sale del armario admirándole como si acabara de terminar ingeniería con sobresaliente cum laude o hubiera sacado notarías. Una cosa es no discriminar y otra considerarlo excelente y meritorio. Se dice del fallecido Pedro Zerolo que era admirable por su lucha reivindicando a los homosexuales; para mí sería más admirable si hubiera luchado con tanta entrega por los labradores del Bierzo o por los toreros catalanes, porque tengo la sensación de que lo que hizo coincidía con su propia devoción.

Es cool ponerse de parte de quienes tratan de saltarse las leyes de inmigración para llegar a Ceuta, Melilla, las playas del sur o evitar los controles de los aeropuertos, más aún si se trata de refugiados procedentes de Siria, Irak, Pakistán, etrc. etc. Quienes tienen como objetivo fundamental saltarse cualquier ley –de un país ajeno, por más señas– no son de admirar sino de encarcelar.

Es cool ponerse un pañuelo palestino o kufiyya, simplemente porque lo llevan los que tienen trienios de vida cool o es lo suyo. Era apropiado para Yasir Arafat, por poner un ejemplo; en un español suele señalar a quienes no son entusiastas de la ducha diaria y les gusta la bulla. Creo que Willy Toledo no se lo quita ni para dormir.

Es cool decir que los dos partidos mayoritarios PP y PSOE son iguales y que igual da votar a unos que a otros. Magnífico procedimiento para entregar el poder a la derecha, que seguirá votando a los suyos hagan lo que hagan y digan lo que digan. A la vista está.

Es cool evitar decir España al coste que sea y emplear en su lugar expresiones como estado español que, por cierto, fue creada y utilizada con profusión por el franquismo. Todavía recuerdo la página de los libros de historia en el cole con eso de «estado español» y la foto de Franco al lado. El que avisa no es traidor, Ada Colau.

Es cool ponerse por principio de parte de todos los que van a ser desahuciados de su vivienda sin preocuparse en conocer sus personales circunstancias, obviando que debe estudiarse caso por caso. Parece que hace años no había desahucios o que todos han sido de siempre injustos. Se está olvidando eso de que quien alquila o compra una vivienda tiene que pagar, a ello se ha comprometido,  y que el propietario –cuando no es un banco– puede ser una persona tan necesitada como el presunto desahuciado. En cualquier caso, ningún particular tiene la obligación legal de proporcionar vivienda gratuita a otro particular.

Es cool colocarse del lado de los nacionalistas de esas regiones españolas que pretenden y quizás consigan desgajarse del conjunto, produciéndose y produciendo al resto un daño irreparable. Esta sorprendente afinidad proviene del error de que todo lo que hace o dice la derecha es erróneo y cutre (olvidando que el nacionalismo es propio de la burguesía, de derechas), de donde parecen inferir –por ejemplo– que ser nacionalista es ser progresista, un error comprobable en cualquier periódico de izquierdas. En 1960 hice mi primer viaje a Cataluña –no Catalunya–, donde ya entonces el que quería se expresaba en público o en privado en catalán. Eso sí, si percibían que algún presente no hablaba catalán, por pura cortesía pedían disculpas o cambiaban a castellano si era posible. Tiempos...

Es cool vivir pendiente del smartphone y no dar valor a otras cosas que sí importan: cómo se escribe y cómo se trata al lenguaje. Es gratis como el aire, pero también se ensucia y contamina y con más facilidad si cabe. La naturaleza trata de renovar el aire, algo más difícil cada día que pasa; del idioma casi nadie se ocupa y a casi nadie importa, por eso, como dice la autora de Guía práctica del neoespañol, ahora se habla un español aproximado, lo que significa su final como lengua culta.

Es cool separar por géneros al hablar o escribir y así, decir disparates como «los españoles y españolas piensan que las niñas y niños deben ser educados por profesores y profesoras». Está incluso exigida esa distinción en los libros de estilo de periódicos, sindicatos, partidos políticos, etc. Eso no es feminismo, es simple analfabetismo y estupidez. Y mucha demagogia y populismo.

Es cool decir que el soporte CD es penoso y que lo verdaderamente bueno son los vinilos, porque reproducen timbres y armónicos de los que la grabación digital carece. Es técnicamente cierto, pero también tiene cierta gracia que lo digan quienes, con frecuencia, tienen un oído como una piedra y no son capaces de entonar correctamente ni una canción infantil. Y además parece que disfrutan con los numerosos clicks que son normales en un vinilo, eso sí que mejora la audición, ¿no?

Realmente la lista es interminable y bastaría reflexionar para encontrar mil casos como los anteriores, pero en algún momento tenía que parar. Seguro que usted tiene alguno en la cabeza…

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